Rodrigo era presbítero, es decir, sacerdote. El Martirologio Romano vincula su encarcelamiento a su negativa a reconocer a Mahoma como profeta enviado por Dios. En prisión conoció a Salomón, quien antes había profesado la religión islámica y acabó compartiendo con Rodrigo el camino hacia el martirio. La Iglesia conmemora a ambos como mártires en Córdoba.2
Los relatos hagiográficos -narraciones sobre la vida y el testimonio de los santos- sitúan su pasión en una etapa de severa persecución contra los cristianos cordobeses. La memoria de Rodrigo y Salomón quedó ligada a la de otros mártires de la ciudad, cuya fidelidad religiosa les llevó a afrontar el encarcelamiento y la ejecución.1



