Los santuarios de peregrinación cumplen diversas funciones pastorales y espirituales esenciales para la vida de la Iglesia:
Lugar de Oración y Celebración Sacramental
Los santuarios son, ante todo, lugares de oración,. La mayoría de ellos están dedicados a la piedad mariana, donde la Virgen María escucha las oraciones de cada persona y las cumple. En estos lugares, se fomenta la oración de la Iglesia a través de la celebración de los sacramentos, haciendo presente y eficaz la salvación.
Se pone un énfasis particular en el sacramento de la Reconciliación, que se celebra con frecuencia en los santuarios. Es crucial que los sacerdotes confesores estén bien formados, sean santos y misericordiosos, para que quienes acuden al confesionario encuentren un verdadero y pleno encuentro con el Señor que perdona. La misericordia de Dios debe expresarse de manera sobreabundante en los santuarios. La Eucaristía es el centro y culmen de toda la actividad pastoral de los santuarios, siendo el alimento del peregrino.
Acogida y Evangelización
Los santuarios son llamados a ser faros de caridad, con una dedicación incesante a los más necesitados a través de obras concretas de solidaridad y misericordia. Deben ofrecer una atmósfera acogedora y personas dispuestas a brindar asistencia espiritual adecuada y catequesis litúrgica sistemática. Un clima de amistad es una semilla fértil que los santuarios pueden sembrar en el corazón de los peregrinos, permitiéndoles redescubrir la confianza en la Iglesia.
Para muchos, la visita a un santuario puede ser motivada por la tradición local, el arte o la belleza natural del entorno. Estas personas, al ser bien recibidas, se abren más a la gracia. Los santuarios son una oportunidad irremplazable para la evangelización en nuestro tiempo, ya que permiten experimentar la cercanía de Dios, la ternura de la Virgen María y la compañía de los santos.
Conversión y Crecimiento en la Fe
Los santuarios son un llamado a la conversión, una invitación a redoblar la vida de caridad y las obras de misericordia, y una exhortación a seguir a Cristo. Son lugares dedicados a consolidar la fe, al crecimiento en la gracia, y a ser refugio y consuelo en la aflicción, gracias a la vida sacramental que se practica en ellos. La peregrinación es un ejercicio de ascetismo práctico, de arrepentimiento por las debilidades humanas, de constante vigilancia sobre la propia fragilidad y de preparación interior para un cambio de corazón.
A través de vigilias, ayunos y oración, el peregrino avanza en el camino de la perfección cristiana. Los santuarios ayudan a los fieles a redescubrir su consagración bautismal y a celebrar con fervor la misteriosa presencia de Dios en medio de su pueblo.
Expresión de la Piedad Popular
La piedad popular encuentra en los santuarios un lugar privilegiado para expresar la rica tradición de oración, devoción y confianza en la misericordia de Dios. La oración individual del peregrino, en el silencio del corazón, con palabras sencillas o fórmulas aprendidas de niño, y con gestos de piedad, debe ser nutrida y ayudada a expresarse. La oración hace de los santuarios lugares fructíferos, porque la piedad del pueblo siempre se alimenta y crece en el conocimiento del amor de Dios.
Muchos acuden a los santuarios para pedir una gracia y regresan para agradecer haberla recibido, a menudo experimentando fuerza y paz en la dificultad. En los santuarios, nadie debe sentirse extraño, especialmente cuando llegan con el peso de su propio pecado.