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Sardis

Sardis, también llamada Sardes, fue una antigua ciudad de Lidia, en Asia Menor, identificada con la actual localidad turca de Sart. Capital del reino lidio y posteriormente centro administrativo romano, albergó una antigua comunidad cristiana a la que san Juan dirigió una de las siete cartas del Apocalipsis. No debe confundirse con Sardica-la actual Sofía, en Bulgaria-, ciudad vinculada al sínodo celebrado en el siglo IV.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSardis
CategoríaLugar sagrado
DescripciónCapital del reino lidio, luego bajo dominio persa, conquistada por Alejandro Magno, capital romana de la provincia de Lidia y sede episcopal importante; destruida en 1369.
Contexto HistóricoDesde el siglo VIII a.C. como capital lidia, pasando por persas, helenísticos, romanos y bizantinos, hasta su desaparición en el siglo XIV.
DirecciónSart, Turquía
Fecha de Destrucción1369
ImportanciaPresente en la carta a las siete iglesias del Apocalipsis, sede episcopal vinculada a San Melitón y ejemplo histórico de la transformación grecorromana y bizantina.
PaísTurquía
TipoLugar sagrado, Ciudad, Lidia (Asia Menor)

Tabla de contenido

Identificación y localización

Sardis estaba situada al pie del monte Tmolo, en la región histórica de Lidia, al oeste de la actual Turquía. La ciudad ocupaba una posición estratégica junto a importantes rutas comerciales y próximas al río Pactolo, famoso en la Antigüedad por sus depósitos auríferos. El río atravesaba el ágora o plaza pública de la ciudad.1

La tradición geográfica antigua relacionó Sardis con la ciudad de Hida, aunque la identificación no resulta completamente segura. El nombre «Sardis» sustituyó progresivamente a la denominación anterior y quizá guardaba relación con los Shardani, pueblo citado en inscripciones cuneiformes de la región.1

Historia antigua

Capital de Lidia

Sardis fue la capital del reino de Lidia, una de las principales potencias de Anatolia durante la primera mitad del primer milenio antes de Cristo. La dinastía lidia de los Heráclidas gobernó aproximadamente entre los siglos VIII y VII antes de Cristo. Más tarde, el rey Giges fundó la dinastía de los Mermnadas, que dominó Lidia desde el año 687 hasta el 546 antes de Cristo.1

El soberano más célebre de esta última dinastía fue Creso, cuya riqueza llegó a convertirse en proverbial. El rey persa Ciro conquistó Sardis y depuso a Creso en el año 546 antes de Cristo. Desde entonces, la ciudad pasó a ser residencia de los sátrapas persas encargados de gobernar el antiguo territorio lidio.1

La conquista de Sardis por jonios y atenienses en el año 498 antes de Cristo contribuyó al estallido de las guerras entre persas y griegos. En el año 334 antes de Cristo, la ciudad se rindió sin resistencia a Alejandro Magno. Después de la muerte del conquistador, perteneció a Antígono y, desde el año 301, a los reyes seléucidas. Tras la derrota de Antíoco III frente a Roma en Magnesia, en el año 190 antes de Cristo, Sardis quedó integrada en el reino de Pérgamo y más tarde pasó al dominio romano.1

Sardis romana

Durante la época imperial, Sardis llegó a ser la capital de la provincia romana de Lidia. Su posición económica y administrativa favoreció la presencia de una población numerosa y una intensa actividad comercial. La ciudad conservó también su importancia durante la Antigüedad tardía y el periodo bizantino.1

Sardis en el Nuevo Testamento

La carta del Apocalipsis

Sardis figura entre las siete iglesias de Asia a las que san Juan dirige mensajes en el libro del Apocalipsis. La carta aparece en Apocalipsis 3,1-6 y está dirigida al «ángel» o responsable de la Iglesia local.

El mensaje presenta una acusación severa: la comunidad posee fama de estar viva, pero espiritualmente permanece muerta. Cristo llama a sus miembros a despertar, fortalecer lo que todavía conserva vida, recordar la enseñanza recibida, guardarla y convertirse. La carta también anuncia la presencia de algunos fieles que no han manchado sus vestiduras y que caminarán con Cristo vestidos de blanco.

La exhortación a Sardis posee un carácter particularmente espiritual y pastoral. La comunidad no aparece acusada principalmente de una doctrina concreta, sino de una pérdida de vitalidad interior. Su prestigio externo no corresponde a su verdadera condición ante Dios. Por ello, la carta se ha interpretado tradicionalmente como una advertencia contra la rutina religiosa, la autosuficiencia y la separación entre la reputación pública y la fidelidad efectiva al Evangelio.

La promesa final está dirigida al vencedor: recibirá vestiduras blancas, su nombre no será borrado del libro de la vida y Cristo lo reconocerá ante el Padre y ante sus ángeles. El mensaje conserva así una doble dimensión: denuncia la tibieza de la comunidad y ofrece esperanza a quienes permanecen fieles.

La comunidad cristiana

La tradición cristiana antigua presenta Sardis como una sede episcopal de la provincia eclesiástica de Lidia. Entre sus obispos destacó san Melitón de Sardis, escritor cristiano del siglo II, apologista y una de las figuras más importantes de la Iglesia asiática de su tiempo. Su obra Sobre la Pascua constituye uno de los testimonios antiguos más relevantes sobre la celebración pascual y la interpretación cristiana de la muerte y resurrección de Cristo.1

La sede de Sardis ocupaba el sexto lugar entre las metrópolis religiosas de Lidia. Durante el siglo VII contaba con veintisiete diócesis sufragáneas, número que permaneció relativamente estable hasta finales del siglo X. Entre sus diócesis dependientes figuraban Gordos y Filadelfia.1,2

La historia de la sede incluye también testigos del culto a las imágenes durante la crisis iconoclasta. La tradición venera como mártir a san Eutimio de Sardis, muerto en el año 824 por defender la veneración cristiana de las imágenes sagradas. También su sucesor, Juan, padeció por la fe. Otro obispo, Andrónico, trabajó en distintos momentos por la reconciliación entre las Iglesias.1

Entre los mártires relacionados con la ciudad figuran el presbítero Terapón, cuya memoria litúrgica corresponde al 27 de mayo, y Apolonio, venerado el 10 de julio.1

Decadencia y desaparición de la ciudad

A comienzos del siglo XIV, Sardis, todavía populosa, fue conquistada y destruida por los turcos. En 1369 dejó de existir como núcleo urbano. La sede metropolitana pasó entonces a Filadelfia, que asumió la primacía eclesiástica de la región. Desde aquel momento, Sardis conservó principalmente la condición de sede metropolitana titular en la tradición griega.1

Las ruinas de Sardis se encuentran actualmente junto a Sart, en el territorio turco correspondiente a la antigua región de Lidia. El asentamiento moderno es reducido en comparación con la ciudad antigua, cuyos restos arqueológicos ocupan una extensión considerable.1

Sardis y Sardica: dos ciudades diferentes

La distinción entre Sardis y Sardica resulta indispensable para comprender correctamente la historia de la Iglesia antigua.

Sardis estaba en Lidia, en Asia Menor, dentro del territorio de la actual Turquía. Allí existió una Iglesia mencionada en el Apocalipsis y una importante sede metropolitana cristiana.1

Sardica, en cambio, era una ciudad de los Balcanes, situada en la antigua provincia romana de Dacia Mediterránea. Su nombre antiguo era Serdica y corresponde a la actual Sofía, capital de Bulgaria. La ciudad recibió el nombre por los serdos, pueblo tracio sometido por Roma.3

El sínodo de Sardica, celebrado probablemente entre los años 342 y 343, ocurrió en esta segunda ciudad, no en Sardis. La reunión trató las controversias arrianas y los casos de san Atanasio de Alejandría, Marcelo de Ancira y Asclepas de Gaza. Los obispos occidentales defendieron la fe de Nicea y reconocieron la inocencia de Atanasio y de los demás obispos examinados.4

La confusión entre ambos nombres puede atribuir erróneamente a Sardis acontecimientos que pertenecen a la historia eclesiástica de Sardica. La diferencia geográfica -Asia Menor frente a los Balcanes- determina también la diferencia histórica, política y eclesial.

Concilios ecuménicos y sínodos regionales

La terminología conciliar de la Antigüedad tardía exige cierta precisión. Aunque sínodo y concilio podían funcionar como términos equivalentes, la terminología católica reservó progresivamente concilio ecuménico para las asambleas episcopales reconocidas por la Iglesia universal. Las reuniones limitadas a una región recibieron normalmente el nombre de sínodos locales o particulares.5

Los sínodos particulares podían ser:

  • Provinciales, con los obispos de una provincia eclesiástica bajo la presidencia del metropolitano.
  • Plenarios, con representantes de varias provincias.
  • Generales orientales, en los que participaban obispos de distintas Iglesias orientales sin intervención de la Iglesia de Roma.5

El sínodo de Sardica no pertenece a la serie de los concilios ecuménicos universalmente reconocidos. La asamblea quedó dividida: los obispos orientales abandonaron Sardica y se reunieron en Filipópolis, mientras que los obispos occidentales continuaron sus deliberaciones. Ambas partes defendieron posiciones contrapuestas y los orientales redactaron incluso documentos atribuidos a Sardica.6

La autoridad histórica de un sínodo no depende solo del número de participantes o de la intención imperial que lo convocó. También influyen su recepción posterior, la conformidad de sus decisiones con la fe de la Iglesia y su reconocimiento por las autoridades eclesiales. Algunos sínodos antiguos adquirieron una influencia considerable al expresar de forma autorizada la fe o la disciplina, aunque no fueran concilios ecuménicos.7

Los cánones de Sardica tuvieron especial importancia por reconocer, en determinadas circunstancias, el derecho de los obispos depuestos a recurrir al obispo de Roma y solicitar un nuevo examen del proceso. Posteriormente, esos cánones recibieron confirmación en el canon segundo del concilio celebrado en Trulo y en el canon primero del segundo concilio de Nicea.8

Significado eclesial de Sardis

Sardis ocupa un lugar singular en la memoria católica por tres razones principales:

  1. Su presencia en el Apocalipsis, como símbolo de una comunidad con buena reputación exterior pero debilitada interiormente.
  2. La importancia de su sede episcopal, vinculada a san Melitón y a la organización eclesiástica de Lidia.
  3. Su valor histórico, como ejemplo de una ciudad antigua cuya trayectoria política, comercial y religiosa refleja la transformación del mundo grecorromano y bizantino.

En la tradición cristiana, Sardis recuerda que la vida de la Iglesia no puede reducirse a la visibilidad institucional o al prestigio público. La carta del Apocalipsis dirige a toda comunidad cristiana una llamada permanente a la vigilancia, la conversión y la perseverancia: «despierta y fortalece lo que queda».

Citas y referencias

  1. Sardes. Enciclopedia Católica, Sardes (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  2. Gordos. Enciclopedia Católica, Gordos (1913).
  3. Sardica. Enciclopedia Católica, Sardica (1913).
  4. Concilio de Sardica. Enciclopedia Católica, Concilio de Sardica (1913).
  5. Sínodo y concilio, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Sínodo y Concilio (2015). 2
  6. Libro II - Capítulo 20. Del concilio de Sardica, Sócrates Escolástico. Historia de la Iglesia - Sócrates Escolástico, Libro II - Capítulo 20.
  7. Concilios generales. Enciclopedia Católica, Concilios generales (1913).
  8. Sardica, sínodo de, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Sardica, sínodo de (2015).
Modificado el 2 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.04Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/fc5xf8xbm

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