La alianza como clave de la historia de la salvación
La categoría de alianza ocupa un lugar central en la teología bíblica de Scott Hahn. Para él, la Biblia presenta la historia de la salvación como una sucesión orgánica de alianzas mediante las cuales Dios forma una familia, establece una relación con su pueblo y conduce la creación hacia su cumplimiento en Jesucristo.
Hahn distingue diversas clases de alianzas presentes en el antiguo Oriente Próximo y en el Antiguo Testamento:
- Alianzas de parentesco, que establecen una relación familiar entre las partes.
- Tratados, en los que una autoridad superior impone obligaciones a una parte inferior.
- Concesiones solemnes, mediante las cuales una autoridad concede gratuitamente un don o una promesa, normalmente como respuesta a la fidelidad del beneficiario.
Esta tipología constituye uno de los fundamentos de su interpretación de la continuidad bíblica. Hahn sostiene que las distintas alianzas no pueden reducirse a una única estructura indiferenciada, porque cada una posee una lógica teológica propia.
Desde esta perspectiva, la alianza abrahámica atraviesa varias etapas. Hahn relaciona las promesas de descendencia, nombre y bendición universal con diferentes episodios de la vida de Abraham: la alianza vinculada a su descendencia, la circuncisión y el sacrificio de Isaac. Cada momento añade una dimensión nueva a la promesa divina y prepara el desarrollo posterior de la historia de la salvación.
Distinción entre las alianzas del Sinaí y deuteronómica
Una tesis relevante de Hahn consiste en diferenciar la alianza establecida en el Sinaí de la alianza deuteronómica. La primera aparece ratificada en el Éxodo y vinculada al Decálogo; la segunda queda asociada al libro del Deuteronomio y a la renovación de la alianza en las llanuras de Moab.
Hahn interpreta la alianza del Sinaí como una relación de carácter familiar, mientras que considera la alianza deuteronómica más cercana a un tratado. También observa diferencias narrativas y cultuales: la ley de la alianza del Sinaí ocupa un lugar dentro del arca, mientras que el libro de la ley deuteronómico aparece fuera de ella. Para Hahn, estos detalles contribuyen a mostrar que el relato bíblico distingue varias etapas dentro de la relación de Dios con Israel.
Esta lectura permite explicar por qué ciertos elementos de la economía antigua -como la circuncisión, las normas alimentarias o las prescripciones de pureza ritual- no obligan a los cristianos, mientras que el Decálogo conserva su valor moral. La cuestión enlaza con el Concilio de Jerusalén, que rechazó la necesidad de la circuncisión para la salvación de los gentiles.
Jesucristo como cumplimiento de las alianzas
La interpretación de Hahn presenta a Jesucristo como el cumplimiento pleno de las promesas realizadas en las alianzas anteriores. El Nuevo Testamento no aparece como una ruptura arbitraria con el Antiguo, sino como su plenitud y transformación en Cristo.
Esta perspectiva concede especial importancia a los relatos de la institución de la Eucaristía, a la Carta a los Gálatas y a la Carta a los Hebreos. Hahn estudia estos textos para explicar la relación entre la antigua alianza y la nueva, así como el modo en que la muerte y resurrección de Cristo inauguran una alianza definitiva.
La Eucaristía ocupa aquí un lugar fundamental. La expresión «sangre de la alianza» vincula la Última Cena con la tradición sacrificial del Antiguo Testamento y con la entrega de Cristo en la cruz. La misa no constituye para Hahn una simple conmemoración psicológica de un acontecimiento pasado, sino la celebración sacramental de la obra salvadora de Cristo.
La Iglesia como familia de Dios
Una consecuencia de la teología de la alianza consiste en comprender la Iglesia como familia de Dios. Hahn insiste en que la salvación bíblica no se reduce a una relación individual entre Dios y cada creyente. Dios reúne un pueblo, lo introduce en una comunión y lo alimenta mediante la Palabra y los sacramentos.
Esta concepción explica su interés por la relación entre la Eucaristía y la Iglesia. La comunión eucarística manifiesta y realiza la unidad del pueblo cristiano, del mismo modo que las comidas sagradas de las alianzas antiguas expresaban la pertenencia a una comunidad vinculada por una promesa divina.