La sedación paliativa forma parte de los cuidados paliativos, cuyo objetivo consiste en aliviar el sufrimiento físico, psicológico, afectivo y espiritual, acompañando al enfermo durante las etapas más dolorosas o avanzadas de una enfermedad. Estos cuidados no pretenden curar siempre la enfermedad, sino mejorar tanto como sea posible la calidad de vida y el bienestar del paciente.2
La sedación utiliza medicamentos analgésicos o sedantes capaces de reducir la conciencia. La profundidad de la sedación puede variar:
- Sedación ligera, que disminuye la ansiedad o la percepción del dolor sin eliminar por completo la comunicación.
- Sedación intermitente, aplicada durante periodos concretos, con posibilidad de recuperar cierto grado de lucidez.
- Sedación profunda, que puede producir una pérdida prolongada o completa de la conciencia.
- Sedación paliativa profunda en fase terminal, reservada para situaciones de sufrimiento grave, próximo al momento de la muerte y resistente a otras intervenciones terapéuticas.3
La finalidad propia de la sedación paliativa no consiste en provocar la muerte, sino en controlar síntomas que el paciente no puede soportar por otros medios. La intención, la elección de los fármacos, la dosis y las circunstancias clínicas distinguen esta práctica de la eutanasia.



