La epístola consta de tres capítulos. Su recorrido avanza desde la llamada a la vida virtuosa hasta la defensa de la esperanza en el retorno de Cristo, y termina con una exhortación a perseverar en la gracia y en el conocimiento del Señor.,,
Capítulo primero: fe, virtud y testimonio
Tras el saludo inicial, la carta enseña que el poder divino ha concedido cuanto hace falta para la vida piadosa. A partir de ese don, exhorta a los cristianos a añadir a la fe la virtud; a la virtud, el conocimiento; y a este, el dominio de sí, la constancia, la piedad, el afecto fraterno y el amor. Estas cualidades deben crecer en quienes conocen a Jesucristo.
El autor recuerda que la vida cristiana no nace solo del esfuerzo humano: parte de los dones y las promesas recibidos de Dios. La llamada consiste en responder a esa gracia con una conducta que dé fruto y afiance la vocación cristiana.
La defensa de la esperanza futura recurre a dos testimonios. El primero es la experiencia de la transfiguración, presentada como una anticipación de la majestad de Cristo. El segundo es la palabra profética, cuya origen último atribuye el autor a la acción del Espíritu Santo. Así, la esperanza cristiana descansa tanto en el testimonio apostólico como en las Escrituras proféticas.
Capítulo segundo: advertencia contra los falsos maestros
El segundo capítulo dirige una severa advertencia contra quienes enseñan el error y llevan una vida contraria a la fe. La carta los describe como personas dominadas por la inmoralidad, la codicia y el engaño, y anuncia que tendrán que responder por sus actos. Para ilustrar el juicio de Dios, recuerda los castigos asociados a los ángeles rebeldes, al mundo antiguo en tiempos de Noé y a las ciudades de Sodoma y Gomorra.
La censura no se dirige solo a una doctrina abstracta. El texto vincula las falsas enseñanzas con comportamientos que dañan a la comunidad y contradicen el camino de la justicia. La conducta de los maestros forma parte de la evaluación de su enseñanza.
Capítulo tercero: la venida del Señor y la nueva creación
El capítulo final responde a quienes se burlan de la promesa de la venida de Cristo porque parece tardar. El autor contrapone la medida humana del tiempo a la perspectiva divina: la demora aparente no significa que Dios haya olvidado su promesa. La paciencia del Señor ofrece tiempo para el arrepentimiento y la salvación.,
La carta describe el día del Señor con imágenes de juicio y transformación cósmica. El mundo antiguo pereció por las aguas del diluvio; el mundo presente aguarda el juicio de Dios. La esperanza no termina, sin embargo, en la destrucción: el autor anuncia unos cielos nuevos y una tierra nueva, donde habitará la justicia.
La espera exige una vida santa y piadosa. Los cristianos han de vivir en paz y sin mancha, y entender la paciencia de Dios como una oportunidad de salvación. La carta concluye exhortando a no dejarse arrastrar por el error, sino a crecer en la gracia y en el conocimiento de Jesucristo.