El Segundo Libro de las Crónicas consta de 36 capítulos y se divide en dos grandes secciones: el reinado de Salomón y la monarquía de Judá hasta el exilio. A diferencia de los Libros de los Reyes, que cubren tanto Israel como Judá, este libro se centra exclusivamente en el sur, omitiendo casi por completo al reino del norte para resaltar la línea davídica y levítica.
Reinado de Salomón (capítulos 1-9)
La primera parte describe el ascenso y gobierno de Salomón, hijo de David, enfatizando su sabiduría y devoción al Templo. El libro inicia con la oración de Salomón en Gabaón (2 Cr 1,1-13), donde pide sabiduría en lugar de riquezas, recibiendo ambas como bendición divina. El clímax es la construcción y dedicación del Templo (caps. 2-7), un proyecto que ocupa la mayor parte de esta sección. El Cronista detalla con precisión las ofrendas, los utensilios sagrados y la oración de dedicación de Salomón (2 Cr 6), que invoca la misericordia de Dios y la centralidad del Templo como lugar de oración para todo el pueblo.
A continuación, se narran las hazañas de Salomón: su prosperidad económica, el comercio con Hiram de Tiro y la visita de la reina de Saba (caps. 8-9). Estas historias no solo ilustran la gloria del rey, sino que simbolizan la bendición de Dios sobre un Israel fiel. El Cronista omite los pecados de Salomón presentes en 1 Reyes, enfocándose en su legado positivo para motivar a la comunidad postexílica.
Reyes de Judá desde Roboam hasta Sedecías (capítulos 10-36)
La segunda parte cubre el período de la monarquía dividida (desde ca. 930 a. C. hasta 586 a. C.), limitándose a los reyes de Judá. Se estructura como una serie de biografías reales, intercaladas con eventos clave como reformas religiosas y guerras. Los reyes piadosos, como Asa (caps. 14-16), Josafat (caps. 17-20), Joás (caps. 22-24), Ezequías (caps. 29-32) y Josías (caps. 34-35), reciben un tratamiento favorable: sus esfuerzos por purificar el culto y restaurar el Templo traen prosperidad y victorias, como la destrucción del ejército asirio bajo Ezequías (2 Cr 32).
En contraste, los reyes infieles, como Roboam (caps. 10-12), Ocozías (cap. 22) y Joaquín (caps. 36,9-10), provocan calamidades, como invasiones y exilios. El libro culmina con la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor (2 Cr 36,11-21) y el edicto de Ciro (2 Cr 36,22-23), que anuncia el retorno y la reconstrucción del Templo, enlazando directamente con el Libro de Esdras.
Esta estructura cronológica no es exhaustiva; el Cronista selecciona eventos para ilustrar que la fidelidad a la Ley de Moisés y al Templo determina el destino del pueblo, una lección teológica más que un registro histórico literal.