La constitución apostólica Sempiternus Rex Christus se publicó en un momento de gran relevancia eclesial, cuando la Iglesia conmemoraba los 1500 años del IV Concilio Ecuménico de Calcedonia, celebrado en 451. Este sínodo fue crucial para aclarar la fe católica frente a herejías cristológicas que amenazaban la ortodoxia.1
Pío XII, en su pontificado marcado por la defensa de la doctrina perenne, utilizó este documento para reafirmar verdades fundamentales de la fe. El texto surge en el contexto de tensiones doctrinales persistentes en Oriente, donde grupos como los monofisitas —herederos de Eutiques— mantenían interpretaciones erróneas sobre la naturaleza de Cristo, a menudo por cuestiones lingüísticas o culturales.1
Antecedentes de la controversia
La génesis del documento se remonta a la figura de Eutiques, un monje constantinopolitano que negaba la permanencia de dos naturalezas en Cristo tras la Encarnación, proponiendo una sola naturaleza divina absorbente la humana. Esta tesis fue condenada en el Sínodo de Constantinopla de 448 por San Flaviano, patriarca de Constantinopla, pero Eutiques manipuló el Sínodo de Éfeso (el llamado «latrocinio de Éfeso», 449) para lograr la condena injusta de Flaviano, quien murió mártir por ello.1
La situación se invirtió con el ascenso de la emperatriz Pulqueria y el emperador Marcio, quienes restauraron la ortodoxia, devolviendo los restos de Flaviano y convocando el Concilio de Calcedonia. Allí, unos 600 obispos confirmaron la fe católica, apoyándose en los credos anteriores y en la Carta dogmática de San León Magno (Tomus ad Flavianum).1
