La interpretación cristiana de la Biblia atiende, en primer lugar, a lo que quisieron expresar sus autores humanos y a lo que Dios quiso comunicar mediante sus palabras. El sentido literal es el significado expresado directamente por el texto, entendido de acuerdo con su género literario y su contexto; no equivale a una lectura rígida o palabra por palabra.3
El sentido espiritual nace de la lectura de la Escritura en el horizonte de la historia de la salvación. La fe cristiana reconoce que los acontecimientos y las realidades narrados en la Biblia pueden manifestar un designio de Dios que alcanza su plenitud en Cristo. Por eso, el sentido espiritual no concierne solo a las palabras: considera también lo que los hechos narrados significan dentro del plan divino.4,5
La Pontificia Comisión Bíblica define este sentido como el significado que expresan los textos bíblicos cuando la Iglesia los lee bajo la influencia del Espíritu Santo, dentro del misterio pascual de Cristo y de la vida nueva que brota de él. El Nuevo Testamento reconoce en Cristo el cumplimiento de las Escrituras; por ello, los cristianos releen a la luz de su Pascua los textos anteriores a su venida.1,5
