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Septuaginta

La Septuaginta (también conocida como la Biblia de los Setenta) designa la traducción griega del Antiguo Testamento realizada en el mundo judío helenístico antes del comienzo de la era cristiana. La Iglesia la recibió pronto como texto bíblico, la utilizó en la predicación y la liturgia, y la consideró una vía privilegiada para comprender la Escritura en el ámbito grecorromano. Su historia abarca el paso del hebreo a la lengua griega en la diáspora, debates sobre el valor de su texto frente al hebreo y el papel de las antiguas recensiones y marcas editoriales.

Septuaginta
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NombreSeptuaginta
CategoríaLibro
Nombre CompletoSeptuaginta (Biblia de los Setenta)
DescripciónColección de libros del Antiguo Testamento traducidos del hebreo al griego para la diáspora judía helenizada. Traducción griega del Antiguo Testamento realizada en el mundo judío helenístico antes de la era cristiana. aprox. 250 a.C
Contexto HistóricoCreada para la comunidad judía helenizada de Alejandría; adoptada por la Iglesia primitiva como texto bíblico de referencia y usada en predicación y liturgia.
ImportanciaVía privilegiada para comprender la Escritura en el mundo grecorromano; fundamento para la exégesis cristiana temprana y herramienta esencial para la crítica textual del hebreo.
InfluenciaInfluyó en la difusión de la esperanza mesiánica entre los gentiles y en la creación de terminología teológica griega; sirvió de base para la formación del canon cristiano amplio.
Lugar de OrigenEgipto (Alejandría)
OrigenAlejandría, Egipto
TipoLibro, Traducción bíblica, Versión griega del Antiguo Testamento, III a.C.
Uso LitúrgicoEmpleada en la liturgia y catequesis de la Iglesia antigua y en la tradición litúrgica griega.

Tabla de contenido

Definición y denominaciones

La Septuaginta consiste en una colección de libros del Antiguo Testamento vertidos al griego desde tradiciones judías vinculadas al hebreo (y, en parte, a la vida textual judía de la época). La tradición cristiana la asocia con el número de traductores «setenta» o «setenta y dos», nombre que conecta con relatos antiguos sobre el origen del trabajo.1

En el uso eclesial antiguo, el término «Septuaginta» acabó funcionando como denominación estable del conjunto bíblico en griego que alcanzó una circulación amplia entre judíos de lengua griega y, después, entre cristianos.1

Origen histórico: tradición y reconstrucción

El relato tradicional: Ptolomeo, Eleazar y los traductores «setenta y dos»

Una narración antigua sitúa el origen de la Septuaginta en el contexto de la biblioteca de Alejandría y del interés de los reyes ptolemaicos por reunir libros sagrados. El relato describe la petición al sumo sacerdote Eleazar para obtener el texto de la Ley y el envío de setenta y dos traductores, con formación en lenguas y con garantías para comprobar la concordancia de sus resultados.2

San Justino presenta el mismo núcleo narrativo: el rey ptolemaico ordena el trabajo de setenta varones sabios procedentes de Jerusalén, los mantiene separados para impedir comunicación y observa su extraordinaria concordancia verbal y de sentido, a la que vincula una intervención divina.3

La explicación comúnmente aceptada: una traducción para una diáspora helenizada

La reconstrucción más extendida en la historiografía católica conecta la Septuaginta con la situación de los judíos en Egipto, especialmente en Alejandría, donde una parte sustancial de la población perdió progresivamente el dominio pleno del hebreo. La comunidad necesitó una forma accesible de leer la Ley en griego, y después extendió el trabajo a los demás libros.1

Esta perspectiva ubica el comienzo del proceso en torno a la mitad del siglo tercero antes de Cristo para el Pentateuco, y sitúa la existencia de la Ley, los Profetas y al menos parte de los Hagiografos en griego antes del año 130 antes de Cristo.1

Lengua, estilo y método

Una traducción para una cultura lingüística nueva

El valor de la Septuaginta no se reduce a un puente lingüístico. La versión creó un instrumento teológico en griego: introdujo vocabulario y modos expresivos que ayudaron a difundir la esperanza mesiánica en el mundo gentil y a formular la fe con categorías comprensibles para lectores que no dominaban el hebreo bíblico.1

La Iglesia antigua describió esta traducción como una Biblia apta para la instrucción y el anuncio: Padres y escritores eclesiásticos la usaron de manera directa o indirecta en la predicación y la exégesis.1

Concordancia de sentido: libertad traductora y «unidad del Espíritu»

San Agustín articula una comprensión teológica del trabajo traductor: el mismo Espíritu que inspiró a los profetas actuó también en los traductores, de modo que la versión griega no funciona como mera traducción humana subordinada a una letra sin más. Agustín defiende que, aun cuando el hebreo y el griego divergen en palabras, la concordancia global puede mostrar la unidad del sentido bajo una acción divina.4

Esta visión explica por qué la Iglesia consideró la Septuaginta un texto relevante: la providencia divina guiaba el resultado para el bien de los pueblos que recibirían la Escritura.2

Transmisión textual, recensiones y marcas antiguas

La comparación entre hebreo y griego

La tradición patrística no ocultó discrepancias. San Jerónimo enumera adiciones y omisiones en la Septuaginta y menciona pasajes señalados en los manuscritos con marcas editoriales como daga y asterisco.5

San Agustín conecta el problema con una práctica de revisión comparativa: algunos eruditos pensaron en corregir ejemplares griegos a partir del hebreo, pero evitaron «quitar» lo que faltaba en el hebreo y estaba en la Septuaginta; añadieron lo que faltaba en la Septuaginta y lo encontraron en el hebreo, y marcaron esas diferencias mediante símbolos (describe estrellas y otras marcas horizontales).4

Asteriscos, signos y la tarea de la crítica antigua

Jerónimo insiste en que la Septuaginta conservó su lugar en las Iglesias por motivos de antigüedad y uso apostólico, aunque los pasajes discrepantes mereciesen estudio comparativo. Para Jerónimo, las marcas editoriales funcionan como un recordatorio visible de la diferencia entre tradiciones textuales y como apoyo al lector cuidadoso.5

Recepción en la Iglesia antigua

Biblia de los cristianos de lengua griega

La Septuaginta llegó a constituir, en la práctica, el Antiguo Testamento de los cristianos griegos durante los primeros siglos. La enseñanza bíblica eclesial la utilizó como base: escritores cristianos antiguos la emplearon como texto de referencia en la lectura, la catequesis y la interpretación.6

La enciclopedia católica clásica atribuye a la Septuaginta el papel de primer texto del Antiguo Testamento para la Iglesia griega durante siglos, y subraya su circulación amplia en el ámbito eclesial.1

Los apóstoles y evangelistas: uso cuando coincide, traducción del hebreo cuando no

Jerónimo formula una regla teológica y exegética precisa: Cristo y los autores del Nuevo Testamento citan según el hebreo cuando el pasaje aparece en esa forma. Jerónimo añade que los apóstoles emplearon la traducción griega allí donde coincidía con el hebreo, y expresaron en griego lo que hallaban en el texto hebreo cuando existía divergencia.7

De este modo, la Iglesia antigua no planteó la Septuaginta como competidora automática del hebreo, sino como texto valioso con el que convivieron criterios de fidelidad al sentido y al fundamento escritural.

Septuaginta y el canon cristiano

Un canon más amplio en el cristianismo primitivo

La recepción cristiana temprana conservó un ámbito textual más amplio que el canon hebreo cerrado. La Comisión Pontificia para los Textos Bíblicos indica que los autores del Nuevo Testamento muestran conocimiento de libros que exceden el canon hebreo y también el «canon alejandrino» en su conjunto, y explica que la expansión se relaciona con el uso de Escrituras recibidas en forma septuaginta.8

La misma idea se formula desde la historia de la Iglesia: cristianos de la diáspora helenística recibieron las Escrituras en la forma de la Septuaginta, y la influencia del cierre posterior del canon hebreo no afectó de inmediato a la independencia canónica cristiana, sino en un periodo posterior.8

La valoración del texto hebreo junto al valor de la Septuaginta

La tradición católica mantiene una tensión fecunda: la Iglesia reconoce la importancia del hebreo como lengua original del pueblo bíblico y, al mismo tiempo, honra la Septuaginta como Biblia eclesial de largo uso. Agustín llega a proponer que la autoridad eclesial de la Septuaginta supera otros intentos griegos cuando la versión muestra señales de inspiración y concordancia de sentido.4

Jerónimo, por su parte, no propone una destrucción de la Septuaginta, sino una lectura comparativa: acepta su lugar en las Iglesias y sitúa su prestigio en la antigüedad y en el uso apostólico, al tiempo que defiende la prioridad del hebreo cuando el acuerdo falta.5,7

Problemas exegéticos: discrepancias y unidad del sentido

Cuando el hebreo y el griego difieren

San Jerónimo identifica la existencia de diferencias y las compara con ejemplos donde el evangelista sigue el hebreo, mientras que otros elementos de la tradición griega no coinciden literalmente. Jerónimo insiste en que la divergencia verbal no destruye necesariamente la unidad, porque autores inspirados responden a un criterio de verdad que no depende de la misma cadena de palabras.9

La providencia como explicación global

Agustín ofrece una lectura teológica del conjunto: si el Espíritu actuó en los profetas y si el Espíritu actuó también en los setenta traductores, entonces la divergencia no implica fracaso de la inspiración, sino un modo de proponer el mensaje en libertad. La Escritura puede hablar «de distintos modos» y, aun cuando la letra no repita exactamente las palabras, el mismo sentido alcanza su claridad para quien comprende.4

Importancia teológica y pastoral

Instrucción, catequesis y vida litúrgica

La Septuaginta acompañó la formación cristiana. Juan Crisóstomo, al referirse a los textos salmódicos, utiliza la forma de la tradición griega en su predicación y presenta los salmos como material pedagógico para la educación moral: la Iglesia aprende a orientar el corazón por medio de la Escritura en la forma recibida.10

Esta práctica revela algo más que preferencias textuales: la predicación cristiana se construyó con la Escritura tal como sonaba y se proclamaba en el mundo griego.

Esperanza mesiánica y terminología religiosa

La enciclopedia católica vincula la Septuaginta con la propagación de la expectativa mesiánica entre los gentiles y con la creación de una terminología teológica griega que resultó idónea para la difusión del Evangelio.1

Vigencia actual y valor para la investigación bíblica

Herramienta para la crítica textual del hebreo

La Septuaginta conserva un interés metodológico para comprender y corregir el texto hebreo tal como llegó hasta épocas posteriores. La enciclopedia católica sostiene que la antigüedad de la versión la convierte en un testimonio precioso para la crítica textual, ya que el hebreo masorético tardío pudo sufrir alteraciones entre el periodo anterior y la fijación posterior.1

Puente con tradiciones judías de interpretación

La Pontificia Comisión Bíblica describe la Septuaginta como uno de los testigos más antiguos de la interpretación bíblica en el judaísmo griego, y la sitúa como punto de encuentro entre tradiciones judías y recepción cristiana. La Comisión subraya además que la investigación cristiana antigua aprendió de esa riqueza interpretativa y se benefició de procedimientos judíos para comprender la Escritura, de Orígenes a Jerónimo, y en continuidad.6

Conclusión

La Septuaginta representa la traducción griega que hizo accesible la Escritura al mundo helenístico y se convirtió en Biblia de la Iglesia antigua, primero en Oriente y después en la transmisión occidental mediante traducciones derivadas. La tradición cristiana honró su autoridad por su antigüedad, su uso eclesial temprano y su papel en la predicación, sin renunciar a la comparación con el texto hebreo. La Iglesia antigua entendió las discrepancias como un terreno de lectura fiel y profunda: el mismo Espíritu actúa en la historia de la salvación y guía la recepción de la Escritura en diversas lenguas y contextos.4,7,1

Citas y referencias

  1. Versión de la Septuaginta. Enciclopedia Católica, Versión Septuaginta (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  2. Capítulo 42, Agustín de Hipona. La Ciudad de Dios, 18.42 (426). 2
  3. Historia de la Septuaginta, Justino Mártir (Justino el Filósofo). Discurso hortatorio a los griegos, Capítulo 13.
  4. Capítulo 43, Agustín de Hipona. La Ciudad de Dios, 18.43 (426). 2 3 4 5
  5. Eusebio Sofrónio Jerónimo (Jerónimo de Estridón o San Jerónimo). Carta 57 - A Pammachius sobre el mejor método de traducir, 11 (395). 2 3
  6. Prólogo, Comisión Pontifical Bíblica. La interpretación de la Biblia en la Iglesia, 1 (1993). 2
  7. Una vindicación de la importancia del texto hebreo de las Escrituras, Eusebio Sofrónio Jerónimo (Jerónimo de Estridón o San Jerónimo). Apología contra Rufino, Libro II - 34 (400). 2 3
  8. I. - Las Sagradas Escrituras del pueblo judío son una parte fundamental de la Biblia cristiana - II. - La ampliación del canon de las Escrituras - III. En la Iglesia primitiva, Comisión Pontifical Bíblica. El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana (24 de mayo de 2001), 17 (2002). 2
  9. Eusebio Sofrónio Jerónimo (Jerónimo de Estridón o San Jerónimo). Carta 57 - A Pammachius sobre el mejor método de traducir, 7 (395).
  10. Juan Crisóstomo. Homilía 9 sobre Colosenses, Colosenses 3.
Modificado el 15 de julio de 2026 • FideScore™ 8.26 • 50 visitas • Citar este artículo

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