La muerte en la cruz
Los cuatro evangelios describen la pasión de Cristo y la entrega de su cuerpo a los discípulos para su sepultura. En el Evangelio de Mateo se narra que José de Arimatea, rico y discípulo, solicitó el cuerpo a Pilato y lo depositó en una tumba nueva excavada en la roca1. Marcos relata la hora de la preparación y la entrega del cuerpo a José de Arimatea, quien lo envolvió en lienzo y lo colocó en el sepulcro, sellándolo con una gran piedra2. Juan detalla la participación de Nicodemo, quien aportó especias aromáticas, y confirma que la tumba se hallaba en un jardín cercano al lugar de la crucifixión3.
El traslado al sepulcro
El cuerpo de Jesús fue trasladado con sumo respeto a una tumba preexistente en el jardín de Getsemaní, una práctica habitual entre los judíos de la época, pues la construcción de sepulcros nuevos era costosa. La piedra que cubría la entrada se cerró con un bloque pesado, cumpliendo la costumbre de sellar la tumba para evitar cualquier profanación.

