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Ser varón y ser mujer

En la doctrina católica, ser varón y ser mujer constituye una realidad fundamental querida por Dios desde la creación, que refleja la sabiduría divina en la igualdad de dignidad personal y en la complementariedad sexual. Ambos sexos, creados a imagen y semejanza de Dios, poseen una dignidad inalienable y un significado esponsal del cuerpo orientado al don recíproco, al matrimonio y a la familia. Esta antropología teológica subraya la diferencia sexual no como desigualdad, sino como riqueza para la comunión humana, con roles específicos en la Iglesia y la sociedad, siempre en fidelidad al designio creador, como enseñan el Catecismo de la Iglesia Católica, las encíclicas de Juan Pablo II y documentos magisteriales recientes.1,2,3,4

Tabla de contenido

Fundamentos bíblicos

La Sagrada Escritura presenta la distinción entre varón y mujer como parte integrante del plan divino de creación. En el libro del Génesis, Dios crea al ser humano como varón y mujer, dotándolos de igual dignidad y de una vocación complementaria.1

La creación según el Génesis

El relato de la creación afirma: «varón y hembra los creó» (Gn 1,27), destacando que esta dualidad primordial marca la vida de la humanidad desde sus orígenes. El varón y la mujer son creados en perfecta igualdad como personas humanas, pero en sus respectivas realidades sexuales, que son buenas y queridas por Dios.1,5 Esta diferencia no es un accidente, sino una expresión de la sabiduría creadora, que permite superar la soledad original del hombre mediante la comunión interpersonal.6

En Génesis 2, la mujer surge como «ayuda idónea» para el varón, no como inferior, sino como complemento perfecto que revela el significado relacional del cuerpo humano. La exclamación del varón —«esta vez sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2,23)— subraya la homogeneidad somática entre ambos, pese a la diferencia sexual, que habilita la unión conyugal: «el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne» (Gn 2,24).7

La redención y la dignidad en Cristo

La historia de la salvación confirma esta dignidad. Jesús muestra especial estima por las mujeres, llamándolas a su seguimiento, apareciéndose primero a una de ellas tras la Resurrección y confiándoles la misión de anunciar la Buena Nueva.8 San Pablo proclama: «no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer, pues todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Ga 3,28), afirmando la unidad en la gracia sin negar la diferencia sexual.8

Igualdad de dignidad y complementariedad

La Iglesia enseña con claridad la igualdad personal entre varón y mujer, ambos imágenes de Dios. «Ser varón o ser mujer es una realidad buena y querida por Dios: el varón y la mujer poseen una dignidad inalienable que les viene inmediatamente de Dios su Creador».1,9

Dignidad inalienable

Todos deben reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia física, moral y espiritual está ordenada a los bienes del matrimonio y la familia, contribuyendo a la armonía conyugal y social mediante la complementariedad, las necesidades mutuas y el apoyo recíproco.2,3 Esta igualdad se realiza de modo único en el don recíproco propio del matrimonio.8

Complementariedad esencial

La complementariedad no implica subordinación, sino reciprocidad. El cuerpo expresa la feminidad «para» la masculinidad y viceversa, manifestando la comunión de personas a través del don, signo del Amor creador.6 La sexualidad afecta no solo lo físico, sino lo psicológico y espiritual, imprimiendo su sello en toda expresión humana.5

El significado esponsal del cuerpo

Juan Pablo II desarrolló la teología del cuerpo, revelando que la masculinidad y la feminidad tienen un significado esponsal: el cuerpo es para el don de sí, orientado a la comunión.6,7

El cuerpo como signo de don

La diferencia sexual es relacional, ordenando a las personas mutuamente en un amor spousal que refleja la comunión trinitaria. Es constitutiva de la persona, análoga a las relaciones divinas de paternidad y filiación.10 En el matrimonio, esta unión es sacramento primordial de la creación.7

Límites morales al dominio sobre el cuerpo

El ser humano no tiene dominio ilimitado sobre su cuerpo sexual, reservado para la generación de vida según el designio de Dios. Manipularlo tecnológicamente atenta contra esta finalidad unitiva y procreativa.11,12,5

Vocación del varón

Ser varón implica una llamada específica a la paternidad espiritual y corporal, reflejando a Cristo Cabeza. En la Iglesia, esta se realiza plenamente en el sacerdocio ministerial, reservado exclusivamente a los varones por institución divina.13,14

El sacerdocio reservado a varones

La Iglesia «no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres», enseñanza definitiva perteneciente al depósito de la fe.13,14,15 El sacerdote actúa in persona Christi, identificándose esencialmente con la masculinidad del Señor, ligada a la Encarnación.16 Esto no denigra a la mujer, sino que afirma la concreción histórica de Cristo varón.

Vocación de la mujer

La mujer posee una dignidad íntimamente ligada al amor recibido y dado por su feminidad. Dios la confía de modo especial el ser humano, dotándola de un «genio» sensible para lo humano.4,17

María como modelo

La Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, ejemplifica la vocación femenina: su «fiat» permite la Encarnación, destacando la centralidad de la mujer en la salvación.14,18 La Iglesia es «mujer», no varón, enfatizando el rol nutridor y acogedor de la feminidad.18

Rol en familia y sociedad

En el matrimonio, la mujer colabora en la transmisión de la vida con igual responsabilidad y dignidad.8 Su fuerza moral y espiritual promueve la comunión familiar.4

En el matrimonio y la familia

El matrimonio realiza la vocación sexual mediante el don total, respetando la ley divina de la concepción.11,19 La familia es comunidad de personas donde se fomenta la dignidad de cada uno mediante el amor.8

Desafíos contemporáneos

Frente a ideologías que niegan la diferencia sexual, la Iglesia reafirma su inscrita realidad en el cuerpo y el alma, contra toda discriminación o borrado de la complementariedad.14,5 La dignidad no depende de leyes humanas, sino de la ley original escrita en el corazón.18

Conclusión

Ser varón y ser mujer es un don divino que enriquece la humanidad con igualdad, diferencia y comunión. Fiel al Magisterio, esta verdad invita a vivir la sexualidad como camino de santidad, reflejando el amor trinitario en el mundo.1,4,5

Citas

  1. Sección dos i. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 369 (1992). 2 3 4 5

  2. Sección dos los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2333 (1992). 2

  3. Sección dos los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2334 (1992). 2

  4. Mulieris dignitatem, Papa Juan Pablo II. Mulieris Dignitatem (1988). 2 3 4

  5. El orden natural, Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Nota doctrinal sobre los límites morales a la manipulación tecnológica del cuerpo humano, § 5 (2023). 2 3 4 5

  6. John Grabowski. Diferencia sexual y la tradición católica: Desafíos y recursos, § 17 (2021). 2 3

  7. Mark S. Latkovic. La «Teología del Cuerpo» de Juan Pablo II y la importancia de la vergüenza sexual a la luz del «significado nupcial» del cuerpo: Algunas implicaciones para la bioética y la ética sexual, § 16 (2004). 2 3

  8. Parte tres el papel de la familia cristiana - I - Formar una comunidad de personas - Los derechos y el papel de las mujeres, Papa Juan Pablo II. Familiaris Consortio, § 22 (1981). 2 3 4 5

  9. Sección dos los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2393 (1992).

  10. John Grabowski. Diferencia sexual y la tradición católica: Desafíos y recursos, § 21 (2021).

  11. Fidelidad al diseño de Dios, Papa Pablo VI. Humanae Vitae, § 13 (1968). 2

  12. Límites al poder del hombre, Papa Pablo VI. Humanae Vitae, § 17 (1968).

  13. Diez preguntas frecuentes sobre la reserva de la ordenación sacerdotal a hombres - 1. ¿Cuál es la enseñanza de la Iglesia católica sobre la ordenación sacerdotal respecto a las mujeres? , Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Diez Preguntas Frecuentes sobre la Reserva de la Ordenación Sacerdotal a Hombres, § 1 (1998). 2

  14. Congregación para la Doctrina de la Fe. Sobre la respuesta de la Congregación para la Doctrina de la Fe acerca de la enseñanza contenida en la carta apostólica Ordinatio Sacerdotalis (1995). 2 3 4

  15. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 27 de julio de 1994, § 3 (1994).

  16. Paul Gondreau. La sexualidad masculina de Cristo y el actuar en Persona Christi: Un nuevo argumento a favor del sacerdocio exclusivamente masculino, § 4 (2023).

  17. Papa Juan Pablo II. A los participantes del Congreso Nacional promovido por el Centro Italiano de la Mujer (16 de enero de 2004) - Discurso, § 3 (2004).

  18. Papa Francisco. Viaje apostólico a Luxemburgo y Bélgica: Encuentro con estudiantes universitarios en el Aula Magna de la Université Catholique de Louvain (28 de septiembre de 2024) (2024). 2 3

  19. III. Directivas pastorales, Papa Pablo VI. Humanae Vitae, § 19 (1968).