La homilía es un género distintivo de predicación que se sitúa dentro del marco de la celebración litúrgica1,2. No es un sermón sobre un tema abstracto, ni un ejercicio exhaustivo de exégesis bíblica, ni una instrucción catequética completa, ni un mero testimonio personal del predicador1. Más bien, es una proclamación de las maravillas de Dios en la historia de la salvación, el misterio de Cristo, que se hace presente y activo en la celebración3,4.
Su propósito principal es fomentar una comprensión más profunda de la Palabra de Dios para que pueda dar fruto en la vida de los fieles5,6. La homilía busca actualizar e inculturar el mensaje central de los textos bíblicos, haciéndolos significativos para las necesidades actuales de la comunidad cristiana7. Es, en esencia, un medio para dar vida al mensaje escriturístico, ayudando a los fieles a reconocer que la Palabra de Dios está presente y operante en su vida cotidiana5.
El término «homilía» proviene de una palabra griega que significa «conversación familiar» o «corazón hablando a corazón»8. Esto subraya su carácter de diálogo, retomando la conversación que el Señor ya ha establecido con su pueblo a través de las lecturas9. La homilía debe guiar a la asamblea y al predicador hacia una comunión transformadora con Cristo en la Eucaristía2,9.
