El Catecismo y la Sagrada Escritura
El Catecismo enseña que la sexualidad humana está ordenada al amor y a la procreación, y que el acto conyugal «debe permanecer abierto a la transmisión de la vida»1. La Biblia muestra este doble sentido en la creación del hombre y la mujer y en la consagración del matrimonio como signo del amor trinitario (cf. Génesis 2,24; Efesios 5,31‑32).
Humanae Vitae (1968)
El Papa Pablo VI declaró que el acto conyugal posee dos significados inseparables: el unitivo, que expresa la entrega total del esposo y la esposa, y el procreativo, que lo hace «capaz de generar nueva vida»2. En los §§ 9‑12 se afirma que «cada acto matrimonial debe permanecer abierto al don de la vida»2.
Familiaris Consortio (1981)
Juan Pablo II subrayó que la virtud de la castidad conyugal implica «el mantenimiento del significado total del amor mutuo y de la procreación en el contexto del verdadero amor»1. El documento recalca que la inviolabilidad del vínculo matrimonial excluye cualquier forma de obstaculizar la transmisión de la vida3.
Amoris Laetitia (2016)
El Papa Francisco, en los §§ 72‑81, reafirma la necesidad de que la vida matrimonial sea siempre abierta a la vida, señalando que la pastoral debe acompañar a las parejas en la «responsabilidad de la paternidad» sin negar la dignidad del llamado al amor total4.
