Antecedentes de las cruzadas en Oriente
Desde la Primera cruzada (1096‑1099) los cristianos occidentales habían intentado, con variado éxito, reconquistar y mantener los territorios sagrados frente a los reinos musulmanes. Las posteriores cruzadas —la Segunda (1147‑1149), la Tercera (1189‑1192) y la Cuarta (1202‑1204)— dejaron un legado de derrotas y fracasos que minaron la moral europea y la autoridad papal en la causa de la Tierra Santa2.
El voto de cruzada de Federico II
Federico II, rey de Sicilia y emperador, había prometido a varios papas (Inocencio III y Honorio III) emprender una cruzada. A pesar de múltiples aplazamientos, el papa Gregorio IX le impuso la excomunión en 1227 cuando no partió según lo acordado3. El emperador, sin embargo, siguió considerando la causa cristiana como una prioridad y, tras recibir brevemente la bendición papal, partió en 1228 a Oriente, aunque seguía bajo la censura eclesiástica4.

