El amor conyugal, tal como lo enseña la Iglesia, posee cuatro características fundamentales: es humano, total, fiel y fecundo.
Amor Humano
La sexualidad no es solo una realidad biológica, sino que concierne al ser más íntimo de la persona humana. El amor conyugal es una unión física y espiritual que abarca todos los elementos de la persona: el atractivo del cuerpo y el instinto, el poder del sentimiento y la afectividad, la aspiración del espíritu y de la voluntad. Este amor se realiza de manera verdaderamente humana solo cuando se integra en la relación de una persona con otra, en la entrega mutua completa y para toda la vida de un hombre y una mujer.
Amor Total
Los esposos se entregan total y completamente el uno al otro, alma y cuerpo. Esta totalidad en la entrega mutua es la base de la alianza establecida por Cristo. Un amor total implica que nada se retiene del otro, lo que excluye cualquier práctica que impida la plena expresión de esta entrega, como la anticoncepción.
Amor Fiel
La fidelidad es una cualidad inherente al amor conyugal, que exige indisolubilidad y fidelidad en la entrega mutua definitiva. Es una relación exclusiva en la que nadie más puede inmiscuirse. La fidelidad del matrimonio refleja la unión fiel entre Cristo y la Iglesia.
Amor Fecundo
El amor conyugal está abierto a la fecundidad,. Es un amor que, por su naturaleza, está ordenado a la procreación y educación de los hijos,. La sexualidad conyugal es la fuente de una alegría y un placer que ayuda a los esposos a entregarse el uno al otro completamente y para toda la vida, y es también la forma en que cooperan con Dios en la creación de nuevas vidas humanas,. La procreación es un elemento esencial del consentimiento matrimonial.