Orígenes en Florencia
En el tumultuoso contexto de la Florencia del siglo XIII, marcada por rivalidades entre güelfos y gibelinos, siete nobles mercaderes formaron un grupo de laicos devotos conocido como la Compañía de Nuestra Señora (Laudesi). Reunidos en la iglesia de Santa María de Cafaggio, practicaban la oración y la penitencia, buscando una mayor entrega a Dios en medio de las divisiones sociales de la ciudad.3,2
El 15 de agosto de 1233, fiesta de la Asunción de María, mientras oraban intensamente, los siete experimentaron una visión colectiva de la Bienaventurada Virgen María, quien les exhortó a dejar el mundo y dedicarse por completo a Dios. Esta gracia les impulsó a retirarse inicialmente a una casa llamada La Camarzia, fuera de las murallas de Florencia, donde comenzaron una vida de austeridad extrema.3,1,2
Retiro al Monte Senario
Ante la afluencia de visitantes que interrumpían su soledad, se trasladaron al Monte Senario, a unos 18 kilómetros de Florencia. Allí construyeron celdas rudimentarias y una pequeña iglesia dedicada a la Virgen. Su vida se caracterizaba por una penitencia rigurosa: ayunos prolongados, disciplinas y oración continua, lo que atrajo la admiración y también críticas por su aparente exceso de rigor.1,2
En 1240, tras una nueva visión mariana —en la que la Virgen les entregó un hábito negro, símbolo de sus dolores, la regla de san Agustín y el título de «Siervos de María"—, adoptaron formalmente la vida religiosa. El obispo de Florencia, Ardingo, y el cardenal Goffredo Castiglioni (futuro Celestino IV) les confirmaron esta elección, vistiendo sus hábitos el 13 de abril.3,2
Aprobación papal y expansión
La Orden enfrentó desafíos, como el intento de supresión en el Concilio de Lyon (1247) contra los mendicantes, pero Felipe Benizi, quinto general y «octavo fundador», obtuvo la aprobación definitiva de Benedicto XI en 1304. Alejo Falconieri, el último superviviente, falleció centenario el 17 de febrero de 1310, fecha que se convirtió en su fiesta común.3,1
