El término «signos de los tiempos» (signa temporum) se refiere a aquellos acontecimientos o fenómenos históricos que, debido a su magnitud o influencia, caracterizan una era y manifiestan las necesidades y anhelos específicos de la humanidad en ese período1. La expresión tiene sus raíces en las palabras de Jesús, quien reprendió a sus contemporáneos por saber interpretar el aspecto del cielo, pero no los signos de los tiempos (Mt 16,3-4)2. Esta amonestación resuena como una invitación para los cristianos a discernir la presencia y acción del Espíritu de Dios en la historia2.
La comprensión cristiana de los signos de los tiempos se relaciona con la novedad escatológica introducida por la venida del Logos entre nosotros (Jn 1,14)2. Aunque la venida gloriosa de Cristo es inminente y podría ocurrir en cualquier momento, los tiempos y las estaciones están fijados por la autoridad del Padre (Hch 1,7; Mc 13,32)3,4. Por lo tanto, los intentos de predecir el fin del mundo son engañosos5. Sin embargo, la historia avanza hacia su meta, y la Iglesia está llamada a estar vigilante y preparada4.
