Los tres Evangelios sinópticos narran la intervención de Simón de Cirene en el camino hacia el lugar de la crucifixión.
En el Evangelio según san Mateo
Mateo relata que, después de la condena y de los ultrajes infligidos a Jesús, los soldados encontraron a un hombre procedente de Cirene y lo obligaron a llevar la cruz de Cristo. El evangelista lo identifica por su nombre: Simón.1,2
El relato de Mateo sitúa el episodio cuando Jesús abandonaba Jerusalén para dirigirse al lugar de la ejecución. La escena muestra la violencia de la marcha y el carácter forzoso de la intervención de Simón.
En el Evangelio según san Marcos
Marcos ofrece la información más precisa sobre la familia del cireneo. Lo presenta como «Simón, padre de Alejandro y de Rufo», y añade que venía del campo cuando los soldados lo obligaron a cargar con la cruz.3
La mención de los dos hijos distingue a Simón de otros personajes llamados también Simón y proporciona una referencia familiar dentro de la narración evangélica. La tradición cristiana posterior relacionó a Rufo con la comunidad cristiana de Roma, aunque la identificación no aparece desarrollada en el relato de la pasión.4
En el Evangelio según san Lucas
Lucas describe a Simón como un hombre que regresaba del campo. Los soldados lo detuvieron y colocaron sobre él la cruz, para que la llevara detrás de Jesús.5,6
La expresión lucana adquiere un valor especial porque recuerda la enseñanza de Jesús sobre el seguimiento: quien quiera ser discípulo debe renunciar a sí mismo, cargar con su cruz cada día y seguirle. La presencia de Simón convierte una orden militar en una imagen concreta del discipulado.
El Evangelio según san Juan
El Evangelio según san Juan afirma que Jesús salió llevando su propia cruz hasta el lugar llamado Gólgota. A primera vista, esta afirmación parece diferir de los relatos de Mateo, Marcos y Lucas, que atribuyen a Simón la carga de la cruz.5
San Agustín armonizó ambos datos proponiendo que Jesús llevó inicialmente la cruz y que, durante el trayecto, los soldados obligaron a Simón a hacerse cargo de ella durante el resto del camino. Esta explicación fue recogida también por comentaristas medievales, entre ellos santo Tomás de Aquino.1,5,2



