La fama de «magia» en Samaria
Según el relato bíblico, «un cierto hombre» llamado Simón practicaba anteriormente «artes mágicas» en Samaria y sorprendía a la gente. Se le atribuía incluso un rango extraordinario: las multitudes llegaban a considerar que él era «la potencia de Dios» llamada «Grande».
El texto presenta el fenómeno con claridad: su prestigio venía de un largo período en que su actividad había impresionado a la población.
Encuentro con Felipe y adhesión que comienza con la fe
Cuando la predicación de Felipe llega a Samaria, el relato introduce un giro: la gente cree el anuncio del Reino de Dios y del nombre de Jesucristo. En ese contexto, Simón también cree y, ya bautizado, permanece con Felipe y se maravilla al contemplar señales y milagros.
En lectura tradicional, esta etapa no equivale todavía a una conversión plenamente purificada por una intención recta. San Juan Crisóstomo interpreta que Simón «se mantuvo con Felipe» no por una fe interior estable, sino con el propósito de llegar a ser como quien veía actuar.
Pedro y Juan: la recepción del Espíritu Santo por imposición de manos
La escena se intensifica cuando los apóstoles en Jerusalén envían a Pedro y Juan a Samaria. Allí realizan una acción litúrgico-sacramental: oran por la recepción del Espíritu Santo y, después, imponen las manos. El texto afirma que, mediante esa imposición, reciben el Espíritu Santo.,
La misma doctrina aparece en el Catecismo de la Iglesia Católica al recordar que, en esa narración, los bautizados «en el nombre del Señor Jesús» reciben después el Espíritu Santo mediante la imposición de manos de los apóstoles.
La oferta de dinero y la condena de Pedro
El punto culminante llega cuando Simón observa que el Espíritu se da por la imposición de manos y ofrece dinero para obtener ese poder. En el texto bíblico se lee:
«Give me also this power…» / «Dadme también esta potestad…» (idea expresada en el pasaje).
Pedro responde con una sentencia directa y severa. La formulación bíblica describe el sentido moral y teológico de la condena:
«May your silver perish with you, because you thought you could obtain God’s gift with money!» / «Que tu dinero perezca contigo, porque pensaste que el don de Dios podía comprarse con dinero».
Pedro añade que Simón no tiene «parte» ni «suerte» en esto, porque su corazón no está recto delante de Dios, y lo llama al arrepentimiento, pidiéndole que ruegue para que la intención del corazón sea perdonada.
Finalmente, Simón pide que se ore por él para que nada de lo anunciado le ocurra.
San Juan Crisóstomo subraya el contraste: Simón, en vez de pedir el Espíritu (como corresponde), busca el poder para concederlo a otros; esa inversión revela un problema profundo de intención.