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Simón el Mago

Simón el Mago (en latín, Simon Magus) es una figura destacada del cristianismo primitivo mencionada en el Libro de los Hechos de los Apóstoles. Aparece como un hombre que realizaba «artes mágicas» en Samaria, atrayendo a multitudes; después, tras escuchar la predicación de Felipe y recibir el bautismo, protagoniza un episodio decisivo cuando intenta comprar el poder espiritual vinculado a la imposición de manos de los apóstoles. En la tradición católica, su nombre está estrechamente ligado a la definición de la simonía, es decir, la compra o venta de realidades espirituales.1,2

Simón el Mago
Dominio Público.

Tabla de contenido

Identidad y fuentes históricas

El testimonio neotestamentario como fuente principal

El conocimiento más sólido sobre Simón procede de los Hechos de los Apóstoles. En ese relato, Simón es presentado como un personaje real dentro de la historia de la Iglesia naciente: está en Samaria, ejerce una influencia considerable entre la población y entra en contacto con la predicación cristiana. Sin embargo, los detalles posteriores (frecuentemente vinculados a narraciones tardías) deben tratarse con prudencia, porque no todo lo transmitido acerca de él tiene el mismo grado de fiabilidad.1,3

Fuentes patrísticas y tradición: valor, pero también cautela

La Enciclopedia Católica subraya que, fuera del testimonio de Hechos, muchas noticias sobre Simón provienen de escritores del siglo II y siguientes, y que gran parte es de carácter legendario. Aun así, esas fuentes reflejan cómo la Iglesia antigua interpretó el papel de Simón como adversario doctrinal y como ejemplo moral.3

En particular, textos atribuidos a autores cristianos antiguos describen a Simón como inventor o promotor de doctrinas y prácticas contestadas; también aparece en narraciones sobre su oposición a los apóstoles y su fracaso.4,5,6

Simón en los Hechos de los Apóstoles

La fama de «magia» en Samaria

Según el relato bíblico, «un cierto hombre» llamado Simón practicaba anteriormente «artes mágicas» en Samaria y sorprendía a la gente. Se le atribuía incluso un rango extraordinario: las multitudes llegaban a considerar que él era «la potencia de Dios» llamada «Grande».1

El texto presenta el fenómeno con claridad: su prestigio venía de un largo período en que su actividad había impresionado a la población.1

Encuentro con Felipe y adhesión que comienza con la fe

Cuando la predicación de Felipe llega a Samaria, el relato introduce un giro: la gente cree el anuncio del Reino de Dios y del nombre de Jesucristo. En ese contexto, Simón también cree y, ya bautizado, permanece con Felipe y se maravilla al contemplar señales y milagros.7

En lectura tradicional, esta etapa no equivale todavía a una conversión plenamente purificada por una intención recta. San Juan Crisóstomo interpreta que Simón «se mantuvo con Felipe» no por una fe interior estable, sino con el propósito de llegar a ser como quien veía actuar.8

Pedro y Juan: la recepción del Espíritu Santo por imposición de manos

La escena se intensifica cuando los apóstoles en Jerusalén envían a Pedro y Juan a Samaria. Allí realizan una acción litúrgico-sacramental: oran por la recepción del Espíritu Santo y, después, imponen las manos. El texto afirma que, mediante esa imposición, reciben el Espíritu Santo.9,1

La misma doctrina aparece en el Catecismo de la Iglesia Católica al recordar que, en esa narración, los bautizados «en el nombre del Señor Jesús» reciben después el Espíritu Santo mediante la imposición de manos de los apóstoles.9

La oferta de dinero y la condena de Pedro

El punto culminante llega cuando Simón observa que el Espíritu se da por la imposición de manos y ofrece dinero para obtener ese poder. En el texto bíblico se lee:

«Give me also this power…» / «Dadme también esta potestad…» (idea expresada en el pasaje).1

Pedro responde con una sentencia directa y severa. La formulación bíblica describe el sentido moral y teológico de la condena:

«May your silver perish with you, because you thought you could obtain God’s gift with money!» / «Que tu dinero perezca contigo, porque pensaste que el don de Dios podía comprarse con dinero».1

Pedro añade que Simón no tiene «parte» ni «suerte» en esto, porque su corazón no está recto delante de Dios, y lo llama al arrepentimiento, pidiéndole que ruegue para que la intención del corazón sea perdonada.1

Finalmente, Simón pide que se ore por él para que nada de lo anunciado le ocurra.1

San Juan Crisóstomo subraya el contraste: Simón, en vez de pedir el Espíritu (como corresponde), busca el poder para concederlo a otros; esa inversión revela un problema profundo de intención.8

El origen de la «simonía»

Definición en la moral católica

En la enseñanza católica, el episodio de Simón se convierte en un criterio moral. El Catecismo de la Iglesia Católica define así el concepto:

«La simonía se define como la compra o la venta de cosas espirituales.»2

Esta definición se apoya explícitamente en la reacción de Pedro a la oferta de Simón y en la lógica de la gratuidad del don de Dios. El mismo pasaje enseña que Pedro insistió en que el don divino no puede tratarse como mercancía: el creyente recibe gratuitamente y, en consecuencia, ha de dar gratuitamente.2,2

La gratuidad como principio teológico

El argumento central es teológico: las realidades espirituales tienen su fuente en Dios. Por eso, es imposible apropiárselas como si fueran propiedad propia o un «poder» utilizable a voluntad. Solo pueden recibirse de Dios, sin pago.2

En clave bíblica, el mismo mensaje se formula como advertencia al corazón: el problema no es únicamente la acción externa de ofrecer dinero, sino la intención interior de tratar el don divino como objeto negociable.1,2

Doctrina y movimiento atribuidos a Simón

«Sistema» doctrinal: atribuciones antiguas y su carácter

Diversos escritos de la antigüedad atribuyen a Simón —o a sus seguidores— un conjunto organizado de creencias y prácticas. La Enciclopedia Católica explica que se habla de un sistema desarrollado atribuido en especial por autores antiheréticos como Ireneo, así como por otras fuentes antiguas. Sin embargo, también indica que no puede determinarse con certeza «cuánto» de ese sistema perteneció realmente a Simón.3

Rasgos generales: influencias de tipo gnóstico

La misma fuente resume la impresión general sobre la doctrina atribuida a Simón: parecería estar vinculada a lo que se describe como un gnosticismo de origen pagano, en el que Simón se presenta con títulos y prerrogativas elevadas, llegando a identificarse con manifestaciones sucesivas del ser divino.3,4

Ireneo, por ejemplo, interpreta que Simón se describía como «el Ser» supremo, y se presentaba de manera distinta según el ámbito: entre los judíos como el Hijo, en Samaria como el Padre y entre los gentiles como el Espíritu Santo.4

Prácticas y prácticas rituales atribuidas

Otros autores describen, en tono de refutación, que los discípulos de Simón realizarían ritos mágicos, incantaciones y prácticas destinadas a «desviar» a personas, además de emplear imágenes y supuestos misterios. Tales descripciones aparecen insertas en el contexto polémico de los escritos antiheréticos.6,6

En el mismo marco, textos antiguos relatan también que Simón aparecía en oposición a Pedro, intentando mantener su influencia mediante presuntas prácticas. Aunque el valor exacto de estas narraciones históricas varía, muestran cómo se configuró el perfil de Simón como «opositor» y «falso mesías» en la memoria eclesial de la antigüedad.6,3

La caída de Simón: el episodio del vuelo y su carácter legendario

Entre las narraciones transmitidas por la tradición, una de las más conocidas es el relato de su supuesto intento de volar y la posterior caída al ser derrotado por el apóstol. Un texto de Constituciones Apostólicas relata que Simón, en Roma, se habría hecho llevar al aire por demonios, prometiendo regresar al cielo, hasta que Pedro lo habría expulsado y «cayó de cabeza», rompiéndose partes del cuerpo.5

La Enciclopedia Católica sitúa estas historias en el dominio de la leyenda y explica que, según esa tradición, el intento de subir al cielo habría ocurrido «ante el emperador Nerón» y el pueblo romano; el desenlace sería su caída y muerte a consecuencia de la oración de los apóstoles.3

Como ocurre con otras noticias extrabíblicas, el hecho de que el relato sea reiterado no implica automáticamente veracidad histórica completa; la Iglesia antigua lo presenta como argumento narrativo contra la credibilidad de las pretensiones de Simón.3

Valor histórico y discernimiento cristiano

Hechos como «relato autorizado» y resto como tradición no verificable

La Enciclopedia Católica afirma explícitamente que Simón no vuelve a mencionarse en el Nuevo Testamento y que, por tanto, Hechos constituye el único informe «autoritativo» del que se dispone con base firme.3

En consecuencia, los relatos del siglo II y posteriores deben leerse a la luz de su finalidad: conservar el carácter ejemplar del episodio, denunciar errores doctrinales y mostrar un contraste entre el poder de Dios y el abuso de prácticas mágicas o de intención mercantil en lo espiritual.3,4

La clave interpretativa: intención del corazón

La escena de Hechos pone el acento no solo en un «error» técnico, sino en el corazón. Pedro diagnostica una intención torcida: el don de Dios no puede comprarse, y la actitud de Simón revela falta de rectitud interior.1,2

Esa misma lógica moral se refuerza en la lectura de Crisóstomo: Simón no pide el Espíritu, sino «poder» para dispensarlo; por eso su conducta es vista como una forma de hipocresía o, al menos, como una búsqueda instrumental.8

Simón el Mago y la enseñanza católica sobre la magia

La condena moral de prácticas mágicas

En la tradición católica, el episodio de Simón sirve como ejemplo disuasorio ante la práctica de la magia. La Enciclopedia Católica señala que Simón y otros personajes bíblicos se convirtieron en «ejemplos» para los cristianos, y que durante siglos persistió la inclinación humana a la magia, motivo por el cual se aplicaron medidas y se emitieron decretos.10

Además, la misma fuente presenta una definición teológica: la magia se describe como el arte de realizar acciones más allá de la capacidad del ser humano, mediante potencias que no son la divina; se condena como pecado grave contra la virtud de la religión porque, cuando se emprende en serio, se funda en la expectativa de interferencia de demonios o espíritus.10

Intervención de espíritus y prudencia de la Iglesia

La enseñanza citada también reconoce la posibilidad de interferencia de espíritus en el curso de la naturaleza con el permiso de Dios, pero subraya la necesidad de máxima reserva respecto a la frecuencia de esas interferencias solicitadas por el hombre.10

Aunque esta sección trata de la valoración general de la magia, el vínculo con Simón es directo: su perfil bíblico lo presenta como alguien que practicaba «artes mágicas», y el episodio con Pedro y Juan muestra el rechazo radical a la lógica de disponer del poder espiritual como si fuera un recurso negociable.1,1

Dimensión espiritual y moral del episodio

«Tu corazón no está recto»: diagnóstico de una raíz interior

La respuesta de Pedro revela el núcleo espiritual: no basta con que Simón «se maraville» o «crea» en cierto modo; el problema declarado es que su corazón no es recto ante Dios.1

En este punto, el relato bíblico conecta la moral cristiana con la sinceridad interior: la conversión auténtica incluye que la intención se alinee con la gratuidad del don divino y con el modo correcto de buscar los bienes espirituales.1,2

Arrepentimiento y súplica

Pedro llama a Simón a arrepentirse y a pedir que, si es posible, sea perdonada la intención del corazón. El hecho de que Simón responda pidiendo oración por él muestra que el episodio no se reduce solo a un castigo: incluye el horizonte de corrección y misericordia.1

Legado de Simón el Mago en la memoria cristiana

Simón como advertencia contra el mercantilismo espiritual

El legado más duradero y útil, desde la perspectiva católica, es el que se ha condensado en la noción de simonía. Lo que el cristianismo rechaza es tratar lo espiritual como mercancía: el don de Dios no se compra ni se controla como un bien instrumental.2,1

Uso catequético como ejemplo de discernimiento

La antigüedad cristiana utilizó el caso de Simón como advertencia contra dos peligros: la confianza en prácticas ocultas y la tentación de convertir lo sagrado en un recurso para influir o dominar. En este sentido, las narraciones legendarias sobre sus derrotas no eliminan el mensaje principal de Hechos, sino que lo refuerzan en el imaginario eclesial como contraste entre la verdad del Evangelio y las pretensiones falsas.3,10

Conclusión

Simón el Mago es, ante todo, un personaje de los Hechos de los Apóstoles cuyo episodio revela un problema esencial: cuando alguien intenta apropiarse del poder espiritual mediante dinero, se desordena la relación correcta con Dios y se revela una intención interior no recta. Por eso, su nombre permanece unido a la simonía, definida como la compra o venta de bienes espirituales, y el relato conserva una fuerza moral y teológica permanente: lo que es don de Dios no puede tratarse como mercancía.1,2

Citas y referencias

  1. New Revised Standard Version, Edición Católica (NRSV‑CE). La Santa Biblia, §Hechos 8 (1993). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
  2. Capítulo uno: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Catecismo de la Iglesia Católica 🔗, § 2121 (1992). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  3. Simón Mago. Enciclopedia Católica, §Simón Mago (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  4. Doctrinas y prácticas de Simón Mago y Menandro, Ireneo de Lyon. Contra las herejías – Libro I, §Capítulo 23, 1. 2 3 4
  5. Historia y doctrinas de las herejías – Cómo Simón, deseando volar mediante artes mágicas, cayó de bruces desde lo alto a causa de las oraciones de Pedro, y se quebró los pies, las manos y los huesos del tobillo, autor desconocido. Constituciones Apostólicas, §Libro VI, Sección 2, IX. 2
  6. Capítulo 15. Los discípulos de Simón adoptan los misterios; Simón se encuentra con san Pedro en Roma; relato de los últimos años de Simón, Hipólito de Roma. Refutación de todas las herejías – Libro VI, § 15. 2 3 4
  7. La Santa Biblia, la New Revised Standard Version, Edición Católica (NRSV-CE). La Santa Biblia, §Hechos 8:9‑8:24 (1993).
  8. Hechos VII, 54, Juan Crisóstomo. Homilía 18 sobre los Hechos de los Apóstoles. 2 3
  9. Capítulo uno: los sacramentos de iniciación cristiana. Catecismo de la Iglesia Católica 🔗, § 1315 (1992). 2
  10. Arte oculto, ocultismo. Enciclopedia Católica, §Arte oculto, ocultismo (1913). 2 3 4

Artículo modificado el 20 de junio de 2026

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