Cosmovisión gnóstica y la figura del «Estante Uno»
Los Simonianos sostenían una teología gnóstica que describía al «Estante Uno» (estos) como la fuente suprema que contenía ambos sexos y del que emanaban seis «poderes» y posteriores ángeles, demiurgos y aeones. La Ennoia (pensamiento o concepción) era vista como la madre de los aeones y, según la tradición simoniana, fue liberada por Simón y su compañera Helena. Esta visión dualista y emanacionista colocaba a Simón como una figura central, equiparándolo a Zeus, mientras que Helena era venerada como Atenea.
Antinomianismo y prácticas rituales
El movimiento se caracterizó por un antinomianismo radical: consideraban que la moral tradicional era irrelevante y que la verdadera salvación se alcanzaba mediante la gracia conferida por Simón y Helena, sin importar los actos externos. Practicaban la magia, la teurgia, los incantaciones, y elaboraban pociones de amor y amuletos; la promiscuidad era presentada como «amor perfecto» y la idolatría como una cuestión de indiferencia moral,. Los seguidores también utilizaban imágenes de Simón como Júpiter y de Helena como Minerva, adorándolas como divinidades.
Visión de Cristo y de la salvación
En cuanto a la figura de Jesucristo, los Simonianos adoptaron una forma de docetismo: afirmaban que Cristo no había encarnado realmente, sino que aparecía como hombre sólo de manera aparente, y que su presencia se manifestaba de distintas maneras (Padre, Hijo y Espíritu Santo) según la percepción de los creyentes,. Creían que la salvación se obtenía no por la fe en la verdadera encarnación, sino mediante la gracia que Simón y Helena dispensaban a sus iniciados.