La palabra simulación designa la representación externa de una realidad inexistente o distinta. La persona simuladora no se limita a ocultar un defecto: construye una identidad aparente para que los demás la juzguen conforme a esa imagen.
Santo Tomás de Aquino relaciona la hipocresía con la actuación teatral: el hipócrita representa a otra persona y adopta externamente la figura de alguien virtuoso sin poseer la virtud correspondiente. Por eso, la simulación pertenece al ámbito de la verdad moral: el signo exterior ya no manifiesta adecuadamente la realidad interior.2
La simulación puede manifestarse:
- Mediante palabras, cuando alguien proclama virtudes que no posee.
- Mediante gestos y comportamientos, cuando adopta una conducta piadosa para producir una impresión falsa.
- Mediante prácticas religiosas, cuando utiliza actos de culto como instrumento de engaño.
- Mediante una identidad espiritual ficticia, cuando pretende ser santo, humilde, penitente o especialmente cercano a Dios sin que esa apariencia corresponda a su vida real.
La gravedad no depende solo de que exista una discrepancia entre la apariencia y la realidad. También cuentan la intención, el daño causado y la importancia de aquello que la persona pretende aparentar.


