La Iglesia católica en África participó activamente en las Asambleas generales del Sínodo de los Obispos desde su creación. En 1971, los obispos africanos presentes en el Sínodo reclamaron una mayor justicia en el mundo. Tres años después, la Asamblea dedicada a la evangelización en el mundo contemporáneo permitió estudiar de modo específico las dificultades y oportunidades de la evangelización africana. Los obispos del continente publicaron entonces el mensaje Promover la evangelización en la corresponsabilidad.1
Durante el Año Santo de 1975, el Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar-conocido por sus siglas SECAM- convocó una reunión plenaria en Roma para profundizar en la evangelización. A partir de 1977, obispos, sacerdotes, personas consagradas, teólogos y laicos expresaron con mayor claridad el deseo de celebrar un concilio o sínodo africano que valorase la situación de la evangelización y las decisiones necesarias para el futuro del continente.2,1
El papa Juan Pablo II acogió favorablemente la propuesta y animó a los episcopados africanos a colaborar en el estudio de los problemas religiosos comunes a todo el continente. Después de consultar a las conferencias episcopales y a los obispos de África y Madagascar, el pontífice convocó una Asamblea especial para África del Sínodo de los Obispos. El anuncio tuvo lugar el 6 de enero de 1989, solemnidad de la Epifanía.2
La fecha poseía un valor simbólico: la Epifanía recuerda la manifestación universal de Cristo y la misión de la Iglesia de llevar la luz del Evangelio a todos los pueblos. Juan Pablo II presentó la convocatoria como una iniciativa destinada a promover una solidaridad pastoral orgánica en África y en las islas próximas.2,3


