La convocatoria del sínodo formó parte de un proceso de renovación de la vida eucarística iniciado especialmente con el Concilio Vaticano II. La doctrina sobre la Eucaristía, sus fundamentos bíblicos, patrísticos y teológicos, así como sus dimensiones catequéticas y mistagógicas, ocupa un lugar central en los documentos conciliares y en el magisterio posterior.2
La asamblea también prolongó varias iniciativas promovidas por san Juan Pablo II. Entre ellas destacó el Año de la Eucaristía, que comenzó con el Congreso Eucarístico Internacional de Guadalajara, celebrado en octubre de 2004, y concluyó el 23 de octubre de 2005, al término de la asamblea sinodal.3
Durante aquel año, numerosas diócesis y comunidades impulsaron iniciativas para fortalecer la fe eucarística, mejorar la celebración de la misa, fomentar la adoración eucarística y promover una solidaridad concreta con las personas necesitadas.3
El sínodo tuvo como antecedentes inmediatos la encíclica Ecclesia de Eucharistia, publicada por san Juan Pablo II en 2003, y la instrucción Redemptionis Sacramentum, publicada en 2004 por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Ambos documentos ofrecieron referencias doctrinales y litúrgicas para la preparación de la asamblea.4




