Oriente Medio ocupa un lugar central en la historia de la salvación. La región acogió a los patriarcas y profetas, fue escenario de la encarnación de Jesucristo, de su pasión, muerte y resurrección, y recibió la predicación de los apóstoles. También allí surgieron algunas de las primeras formulaciones dogmáticas y florecieron numerosas comunidades cristianas antiguas.3
La Iglesia católica presente en Oriente Medio reúne una gran diversidad de tradiciones, comunidades y estructuras eclesiales. En la región viven fieles pertenecientes tanto a las Iglesias orientales católicas como a la Iglesia latina. Esta pluralidad constituye una riqueza espiritual, litúrgica y cultural, aunque también exige una cooperación estrecha entre patriarcas, obispos, sacerdotes, personas consagradas y laicos.
La convocatoria del Sínodo ocurrió en un contexto marcado por conflictos armados, tensiones políticas, discriminación religiosa, inseguridad y emigración. La situación social y política de varios países no podía ignorarse, pero el objetivo principal de la Asamblea no consistió en elaborar un programa político, sino en fortalecer la misión pastoral de la Iglesia.4,5


