El Sirácida carece de una trama narrativa continua. Su forma corresponde a una colección sapiencial compuesta por máximas, instrucciones, discursos, himnos, poemas y elogios históricos. La unidad del conjunto procede de un tema dominante: la sabiduría que nace de Dios y orienta toda la vida humana.,
Prólogo
El prólogo del nieto introduce la obra y ofrece una reflexión sobre la traducción. Presenta la Ley, los Profetas y los demás libros como una tradición que proporciona instrucción y sabiduría. El lector aparece como alguien que debe comprender, estudiar y vivir de acuerdo con esa herencia.
Enseñanzas sapienciales y vida moral
La primera gran sección, aproximadamente desde el capítulo 1 hasta el 42,14, reúne consejos sobre:
- El temor del Señor.
- El dominio de la ira.
- La humildad.
- La amistad.
- La educación.
- La riqueza y la pobreza.
- La enfermedad.
- El trabajo.
- El uso de la palabra.
- La relación con los padres.
- La vida matrimonial y familiar.
- La prudencia en los negocios.
- La conducta ante gobernantes, vecinos y extranjeros.
- La oración y la limosna.
Ben Sira presenta la sabiduría como una disciplina concreta. El sabio no vive apartado de las responsabilidades ordinarias, sino que aprende a actuar rectamente en las relaciones familiares, económicas, políticas y religiosas.
La sabiduría y la creación
La sección comprendida aproximadamente entre 42,15 y 43,33 contempla la grandeza del universo. El sol, la luna, las estrellas, los fenómenos atmosféricos y la inmensidad del firmamento manifiestan el orden y la belleza de la creación.
La mirada del autor no equivale a una explicación científica moderna. Su interés literario y teológico consiste en mostrar que el mundo posee una inteligibilidad que remite al Creador. La contemplación de la naturaleza conduce al reconocimiento de la grandeza divina y limita la pretensión humana de dominar intelectualmente todos los misterios.
El elogio de los antepasados
Los capítulos 44-50 forman una amplia galería de figuras ilustres de Israel. Ben Sira recuerda a Henoc, Noé, Abrahán, Isaac, Jacob, Moisés, Aarón, Josué, Caleb, Samuel, David, Salomón, Elías, Eliseo, Ezequías, Isaías, Josías, Zorobabel, Nehemías y otros personajes.
El autor no compone una historia política completa. Selecciona los rasgos que permiten contemplar la fidelidad, la sabiduría, el servicio litúrgico, la autoridad y la acción de Dios en la historia. La memoria de los antepasados cumple una función pedagógica: Israel aprende a vivir el presente recordando cómo Dios actuó en generaciones anteriores.,
El conjunto culmina con el elogio del sumo sacerdote Simón. La liturgia del templo, la dignidad sacerdotal y la continuidad de la alianza ocupan aquí un lugar central.
Himnos y conclusión
La obra contiene oraciones de alabanza y súplicas comunitarias. El capítulo 36, por ejemplo, presenta una petición al Dios del universo en favor de Israel. Juan Pablo II observó que estas plegarias muestran la Biblia como diálogo entre Dios y la humanidad: la palabra divina suscita respuesta, súplica, himno e invocación.
Los capítulos finales ofrecen una conclusión sapiencial en la que el autor invita a meditar sus enseñanzas y a ponerlas en práctica. La sabiduría no alcanza su finalidad cuando queda reducida al conocimiento intelectual; conduce a una existencia ordenada bajo la luz de Dios.