Probabilismo
En sentido estricto, el probabilismo sostiene que, si la cuestión versa solo sobre la licitud de una acción, puede seguirse una opinión sólidamente probable favorable a la libertad, aunque la opinión opuesta, que afirma la obligación, parezca más probable. Bartolomé de Medina formuló una expresión clásica de esta tesis en el siglo XVI.,
La expresión probable no significa aquí simplemente «posible» ni «plausible a primera vista». La opinión necesita razones de peso para merecer ese nombre. Cuando una opinión recibe la calificación de probable por argumentos ligeros o insuficientes, el sistema queda deformado: deja de ofrecer un juicio prudente sobre la duda y se convierte en una excusa para eludir una obligación. La reflexión sobre san Alfonso María de Ligorio resalta precisamente su preocupación por conservar el valor de la probabilidad y por corregir sus usos abusivos.
El probabilismo conoció una amplia difusión entre moralistas de distintas órdenes y del clero secular. Sin embargo, no todos los probabilistas entendieron del mismo modo el grado de fundamento requerido ni el alcance de la libertad ante la duda. Por ello, las etiquetas generales no siempre describen con exactitud la posición concreta de cada autor.,
Probabiliorismo
El probabiliorismo enseña que, cuando una opinión afirma que existe una obligación y otra la niega, no basta con que la segunda sea sólidamente probable: la persona debe seguir la opinión más probable, es decir, la que ofrece razones de mayor peso. La corriente tendía a exigir un fundamento más estricto antes de actuar conforme a la libertad.
El probabiliorismo tuvo especial presencia entre moralistas dominicos, aunque esa asociación no vale sin excepciones. Los conflictos entre probabilistas y probabilioristas no enfrentaron a dos bloques uniformes: dentro de cada tendencia hubo autores moderados y diferencias de interpretación.,
Equiprobabilismo
El equiprobabilismo, asociado sobre todo a san Alfonso María de Ligorio, adopta una solución intermedia. No permite seguir la opinión favorable a la libertad cuando la opinión favorable a la ley es ciertamente más probable; pero permite seguirla cuando ambas opiniones tienen probabilidad igual o casi igual, siempre que la cuestión sea si la ley existe o ha quedado suficientemente establecida.,
El sistema distingue entre dos dudas que no tienen idéntico efecto práctico:
- Duda sobre la existencia de la ley: cabe seguir la opinión favorable a la libertad si posee probabilidad igual o casi igual a la opinión que afirma la obligación.
- Duda sobre la cesación de una ley ya existente: no cabe seguir la opinión menos segura cuando la posición favorable a que la obligación continúa tiene igual probabilidad.
Esta distinción expresa una cautela especial ante la posibilidad de considerar extinguida una obligación cuyo establecimiento ya consta. El equiprobabilismo no identifica toda incertidumbre con libertad para actuar: atiende al tipo de duda y compara el peso de las opiniones enfrentadas.
Laxismo y rigorismo
El laxismo no constituye una aplicación legítima del probabilismo, sino una deformación que acepta como suficiente una probabilidad débil o poco fundada y favorece con demasiada facilidad la libertad. Su error característico consiste en rebajar las exigencias racionales necesarias para llamar probable a una opinión. La historia de la controversia muestra que los excesos de algunos autores facilitaron ataques generales contra el probabilismo, aunque no representaban a todos sus defensores.,
El rigorismo, en el extremo contrario, impone obligaciones con excesiva severidad o restringe la libertad de la conciencia incluso cuando no existe fundamento suficiente para afirmar que una ley obliga. La controversia histórica no redujo la oposición a una pugna entre laxitud y fidelidad: también suscitó críticas a las soluciones rigoristas por sus consecuencias en la confesión y en la dirección de las almas.,
El probabiliorismo no debe confundirse automáticamente con el rigorismo. El primero ofrece un criterio determinado sobre la comparación de opiniones; el segundo puede designar una tendencia más amplia a resolver las dudas de forma estricta. De modo paralelo, el probabilismo no equivale al laxismo: la exigencia de una opinión sólidamente probable marca una diferencia decisiva entre ambos.,