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Soberana Orden Militar de Malta

La Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, conocida habitualmente como Soberana Orden de Malta, es una institución católica de origen hospitalario y caballeresco, con personalidad propia en el derecho internacional y dependiente de la Santa Sede en cuanto orden religiosa. Su misión contemporánea consiste principalmente en atender a enfermos, pobres, refugiados y personas vulnerables, bajo el lema Tuitio fidei et obsequium pauperum-«defensa de la fe y servicio de los pobres»-.1,2

Bandiera del Sovrano Militare Ordine di Malta
Ver información de la imagenBandera del Soberano Militar Orden de Malta. Original, Marce79, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSoberana Orden Militar de Malta
CategoríaDesconocido
Nombre CompletoSoberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta
DescripciónInstitución católica de origen hospitalario y caballeresco, con misión de atender a enfermos, pobres, refugiados y personas vulnerables. Defensa de la fe y servicio a los pobres
Autoridad EclesiásticaSanta Sede
EstadoSoberanía funcional, no territorial, sujeto de derecho internacional, dependiente de la Santa Sede
Fecha de Publicación3 de septiembre de 2022
LemaTuitio fidei et obsequium pauperum
OrigenJerusalén
PatronazgoSan Juan Bautista
Personas relacionadas
RepresentaciónCruz de ocho puntas
SimbolismoCruz de ocho puntas vinculada a las bienaventuranzas evangélicas
TipoOrden militar y hospitalaria católica, sujeto de derecho internacional

Tabla de contenido

Denominación y naturaleza

La denominación oficial latina de la institución es Sovrano Militare Ordine Ospedaliero di San Giovanni di Gerusalemme, di Rodi e di Malta. El nombre resume sus principales etapas históricas: Jerusalén, Rodas y Malta. La expresión «Soberana Orden Militar de Malta» constituye la forma usual en español.

La Orden posee una naturaleza jurídica compleja. No es un Estado territorial ordinario, porque carece de un territorio soberano comparable al de los Estados contemporáneos. Tampoco es únicamente una asociación privada de carácter benéfico. La Santa Sede y la propia tradición jurídica internacional reconocen en ella dos dimensiones estrechamente vinculadas:

  • Orden religiosa católica, aprobada por la Santa Sede.
  • Sujeto de derecho internacional, titular de determinadas prerrogativas soberanas.

La sentencia del Tribunal Cardenalicio de 24 de enero de 1953 precisó que la soberanía de la Orden no comprende el conjunto de poderes propio de una entidad estatal plenamente soberana. Sus prerrogativas pertenecen al ámbito internacional y sirven a los fines propios de la institución.3

Soberanía funcional y ausencia de soberanía territorial

La soberanía de la Orden tiene carácter funcional. Esta expresión significa que sus facultades soberanas no pretenden fundar un poder territorial general, sino permitirle cumplir su misión religiosa, humanitaria y asistencial en el ámbito internacional.

La Santa Sede describió esta soberanía como un instrumento dirigido a garantizar el cumplimiento de los fines de la Orden y su desarrollo en el mundo. Por tanto, la Orden puede ejercer determinadas competencias internacionales sin constituir un Estado territorial en sentido pleno.2,4

La Orden mantiene relaciones diplomáticas con numerosos Estados y participa en actividades internacionales vinculadas con la asistencia humanitaria y sanitaria. Tales relaciones no transforman sus sedes romanas ni sus representaciones diplomáticas en un territorio estatal general. La soberanía maltesa conserva, por ello, un carácter institucional y finalista.

Origen hospitalario

El hospital de Jerusalén

El origen de la Orden está en la atención a los peregrinos y enfermos en Jerusalén. La tradición de la institución vincula su fundación con una comunidad hospitalaria establecida antes de la primera cruzada, bajo la dirección del beato Gerardo.

La asistencia a los enfermos no constituyó una actividad secundaria, sino el núcleo originario de la institución. Los miembros ofrecían alojamiento, cuidados y protección a los peregrinos que acudían a Tierra Santa. Con el tiempo, aquella comunidad hospitalaria adquirió una estructura religiosa más definida y una dimensión militar destinada a proteger a los peregrinos y defender los territorios cristianos de Oriente.

El papa Pascual II aprobó la Orden mediante la bula Pie postulatio voluntatis, garantizando su protección y reconociendo derechos y privilegios. La Santa Sede ha considerado esta intervención pontificia como un momento fundamental en la consolidación jurídica de la institución.2,5

La incorporación de la dimensión militar

La Orden nació como institución hospitalaria, pero las circunstancias políticas y militares de los Estados cruzados modificaron sus responsabilidades. La defensa armada de los peregrinos, de los hospitales y de las posiciones cristianas llevó a la formación de una comunidad religiosa de carácter caballeresco.

Durante la Edad Media, la Orden combinó tres elementos:

  1. Vida religiosa, mediante votos y disciplina comunitaria.
  2. Servicio hospitalario, dirigido a enfermos, pobres y peregrinos.
  3. Defensa militar, vinculada a la protección de los territorios y comunidades cristianas de Oriente.

Esta combinación distinguió a las órdenes militares de otras formas de vida religiosa. San Juan Pablo II describió la vocación original de la Orden como un servicio simultáneo a la fe, a los oprimidos, a los enfermos y a los pobres.6

Principales etapas históricas

Jerusalén

En Jerusalén, la Orden desarrolló su primera actividad hospitalaria organizada. Su identidad quedó vinculada al cuidado de los peregrinos y a la defensa de los lugares cristianos. La hospitalidad hacia los enfermos proporcionó el fundamento espiritual de la institución.

San Juan de Acre y la pérdida de Tierra Santa

La progresiva pérdida de las posiciones cristianas en Tierra Santa obligó a la Orden a trasladar sus centros de actividad. El desplazamiento no significó la desaparición de su misión, sino su reorganización en nuevos territorios.

La experiencia adquirida en los hospitales y en la defensa de los peregrinos acompañó a la Orden durante sus sucesivos asentamientos. La institución conservó su carácter religioso y hospitalario aun cuando las circunstancias militares condicionaron su gobierno y sus actividades.

Rodas

La Orden estableció su sede principal en Rodas, donde desarrolló una potente organización naval y militar. Desde la isla protegió las rutas marítimas y atendió a personas afectadas por conflictos y enfermedades.

La etapa rodia consolidó la imagen internacional de la Orden como potencia marítima y organización caballeresca. Sin embargo, la actividad militar no eliminó su finalidad hospitalaria. La defensa armada estaba subordinada a la protección de la fe, de los peregrinos y de los necesitados.

Malta

En 1530, el emperador Carlos V concedió Malta, Gozo y Trípoli a la Orden. La institución estableció su centro de gobierno en Malta y permaneció allí durante varios siglos.

La etapa maltesa dio nombre a la Orden y contribuyó decisivamente a su proyección política, naval y cultural. La construcción de hospitales, fortificaciones e iglesias reflejó la unión entre defensa militar, vida religiosa y asistencia sanitaria.

La Orden participó en la defensa del Mediterráneo frente a ataques corsarios y en la protección de las comunicaciones marítimas. La memoria pontificia de la institución presenta esta actividad militar como una defensa de los débiles y de la libertad de las relaciones civiles y comerciales, no como una empresa orientada a la conquista territorial por sí misma.7

Pérdida de Malta y dispersión

En 1798, Napoleón Bonaparte ocupó Malta y la Orden perdió el control efectivo de la isla. Este acontecimiento quebró su base territorial histórica y obligó a reorganizar su vida institucional.

La pérdida de Malta provocó tensiones sobre el futuro de la Orden. Algunos miembros defendían la continuidad de su identidad militar y soberana; otros consideraban prioritario recuperar y desarrollar el servicio hospitalario. La institución tuvo que afrontar también la transformación del sistema político europeo y la desaparición de muchas estructuras del Antiguo Régimen.

La transición hacia una misión principalmente asistencial no fue una evolución automática ni enteramente pacífica. Implicó debates internos sobre la naturaleza de la Orden, el alcance de sus prerrogativas soberanas, la función de la aristocracia caballeresca y la relación entre tradición militar y servicio evangélico.

Naturaleza religiosa

Una orden aprobada por la Santa Sede

La Orden es una orden religiosa aprobada por la Santa Sede. Su finalidad no se reduce a la beneficencia, porque incluye la santificación de sus miembros y la vivencia de un carisma cristiano específico.

Los miembros profesos asumen los tres consejos evangélicos -pobreza, castidad y obediencia- según la forma propia de la Orden. La vida religiosa exige oración, fraternidad y servicio a los pobres. Benedicto XVI recordó que la vocación de los miembros profesos conserva las características esenciales de la vida religiosa: profesión de los tres votos, búsqueda de la perfección cristiana y participación en el carisma de la institución.1

La dimensión religiosa también explica la diferencia entre la actividad de la Orden y una acción humanitaria meramente filantrópica. La asistencia a los enfermos y necesitados nace de la caridad cristiana y del reconocimiento de Cristo en la persona vulnerable.1

Clases de miembros

La organización tradicional distingue entre:

  • Miembros profesos, vinculados por los votos religiosos.
  • Miembros en obediencia, que asumen compromisos particulares de vida y servicio.
  • Miembros de honor y devoción, junto con otras categorías de caballeros, damas y capellanes.

La configuración concreta de las categorías y de sus derechos depende de la Carta Constitucional y del Código Melitense vigentes. La reforma promulgada por el papa Francisco en 2022 impulsó una renovación espiritual, moral e institucional que afecta especialmente a la comprensión de la vida religiosa y de la responsabilidad de sus miembros.2

Relación jurídica con la Santa Sede

Independencia funcional en el ámbito internacional

En el ámbito internacional, la Orden actúa como sujeto dotado de determinadas prerrogativas soberanas. Puede mantener relaciones diplomáticas, celebrar acuerdos y desarrollar actividades internacionales relacionadas con su misión.

Esta capacidad no significa que la Orden posea una soberanía estatal plena. La sentencia cardenalicia de 1953 distinguió expresamente entre las prerrogativas propias de la soberanía y el conjunto de poderes que corresponde a los Estados soberanos en sentido completo.3

La autonomía internacional permite a la Orden organizar su acción humanitaria en distintos países y mantener una representación institucional adecuada ante gobiernos y organismos internacionales. Su soberanía sirve a la misión; no constituye un fin político independiente.

Dependencia religiosa de la Santa Sede

En cuanto orden religiosa, la Orden depende de la Santa Sede. Esta dependencia afecta a su vida religiosa, a su disciplina interna y a las materias propias de la autoridad eclesiástica.

La sentencia de 1953 afirmó que las dos cualidades -orden soberana y orden religiosa- están íntimamente conectadas, pero no son idénticas. La soberanía funcional permite la acción internacional; la naturaleza religiosa sitúa a la Orden bajo la autoridad de la Santa Sede en las cuestiones propias de la vida consagrada.4

La Santa Sede también interviene en las cuestiones mixtas, es decir, aquellas que afectan al mismo tiempo a la naturaleza religiosa de la Orden y a su dimensión internacional. Esta relación jurídica explica por qué la Orden no puede comprenderse exclusivamente mediante categorías estatales ni exclusivamente mediante las de una asociación eclesial ordinaria.

La intervención pontificia de 2022

El 3 de septiembre de 2022, el papa Francisco promulgó una nueva Carta Constitucional y el Código Melitense, con entrada inmediata en vigor. La reforma revocó las altas dignidades existentes, disolvió el Consejo Soberano y estableció un Consejo Soberano provisional.2,8

La intervención pontificia respondió a un proceso de renovación institucional iniciado años antes. El objetivo declarado consistía en proteger la unidad y el bien común de la Orden, completar la reforma y mantener la fidelidad al carisma originario.2

Por esta razón, cualquier descripción actual de la estructura constitucional de la Orden debe partir de la reforma de 2022 y no reproducir automáticamente la organización anterior.

Misión y carisma

Tuitio fidei

La expresión latina Tuitio fidei significa «defensa de la fe». En la época medieval incluyó la defensa armada de comunidades cristianas y de los peregrinos. Actualmente designa una defensa más amplia de la fe mediante la vida cristiana, la formación espiritual, el testimonio público y el servicio a la dignidad humana.

La defensa de la fe no equivale a una actividad militar contemporánea. La Orden conserva su nombre histórico y su tradición caballeresca, pero su misión actual no consiste en ejercer funciones bélicas ordinarias.

Obsequium pauperum

Obsequium pauperum significa «servicio de los pobres». Este servicio constituye el centro visible de la actividad moderna de la Orden.

La asistencia comprende hospitales, centros sanitarios, ambulancias, ayuda a personas sin hogar, atención a refugiados, socorro en catástrofes, apoyo a personas con discapacidad y acompañamiento de ancianos y enfermos. Juan Pablo II enumeró entre estas obras los hospitales, dispensarios, centros especializados, grupos de socorro, residencias para mayores y programas de distribución de medicamentos.9

La misión se dirige tanto a las pobrezas tradicionales -hambre, enfermedad y falta de vivienda- como a nuevas formas de exclusión, entre ellas la soledad, el desplazamiento forzoso, la discapacidad y la falta de protección social.9

Del servicio militar al servicio humanitario

La transformación contemporánea de la Orden no debe presentarse como una sustitución sencilla de lo militar por lo humanitario. La asistencia a los pobres existió desde los orígenes, mientras que la dimensión militar apareció vinculada a las condiciones históricas de Tierra Santa y del Mediterráneo.

Durante siglos, ambas funciones coexistieron. Los miembros de la Orden podían combatir y, al mismo tiempo, reconocerse como religiosos dedicados al cuidado de los enfermos. Pío XII recordó que incluso cuando los caballeros empuñaban las armas debían considerarse ante todo discípulos del Dios del amor y de la caridad.7

Tras la pérdida de Malta, la desaparición de su poder territorial y los cambios políticos europeos hicieron inviable el antiguo modelo militar. La Orden afrontó entonces una reorganización marcada por debates internos, tensiones institucionales y distintas interpretaciones de su continuidad histórica.

La misión hospitalaria ofreció el principal punto de unidad. La Orden pudo conservar su identidad sin mantener un ejército territorial porque la atención a los enfermos y pobres pertenecía a su carisma original. San Juan Pablo II exhortó a conservar el espíritu de los fundadores y, al mismo tiempo, adaptar la institución a las condiciones históricas nuevas.6

Actividad humanitaria contemporánea

La Orden realiza su misión mediante organizaciones nacionales, asociaciones, cuerpos de voluntarios, hospitales, centros de atención y programas de emergencia. La labor puede incluir:

  • Asistencia médica y sanitaria.
  • Ayuda a refugiados y desplazados.
  • Respuesta ante terremotos, inundaciones y otros desastres.
  • Atención a personas sin hogar.
  • Apoyo a enfermos crónicos.
  • Acompañamiento de ancianos.
  • Asistencia a personas con discapacidad.
  • Distribución de alimentos, medicamentos y material sanitario.
  • Peregrinaciones y programas para enfermos.

La dimensión internacional de la Orden facilita la coordinación de estas iniciativas en distintos continentes. Su acción pretende atender a la persona de forma integral, uniendo ayuda material, cuidado sanitario, acompañamiento y respeto a la dignidad humana. Benedicto XVI describió esta actividad como una expresión efectiva del amor evangélico y no como mera filantropía.1

Gobierno y organización

La Orden dispone de órganos centrales de gobierno y de estructuras nacionales y regionales. La Carta Constitucional y el Código Melitense determinan las competencias de sus autoridades, la participación de los miembros y la relación entre la dirección central y las asociaciones.

Entre las principales funciones de gobierno figuran:

  • Dirección espiritual e institucional.
  • Representación internacional.
  • Administración de los bienes comunes.
  • Coordinación de las obras humanitarias.
  • Protección del patrimonio histórico.
  • Formación de los miembros.
  • Relación con la Santa Sede y con los Estados.

La reforma de 2022 modificó el marco constitucional y reorganizó temporalmente las altas autoridades. El papa Francisco estableció un Consejo Soberano provisional integrado por el gran comandante, el gran canciller, el gran hospitalario, el receptor del Tesoro Común y otros consejeros.2,8

La estructura actual debe interpretarse desde la primacía de la naturaleza religiosa de la institución y desde la finalidad funcional de sus prerrogativas soberanas.

Símbolos y espiritualidad

La espiritualidad de la Orden gira en torno a la cruz de ocho puntas, tradicionalmente asociada a las bienaventuranzas evangélicas, y a la figura de san Juan Bautista, patrono histórico de la institución.

El lema Tuitio fidei et obsequium pauperum expresa la unidad de sus dos finalidades principales: la defensa de la fe y el servicio de los pobres. La Orden no entiende estas dimensiones como actividades separadas. La fe impulsa la caridad, y la caridad hace visible el contenido evangélico de la fe.

La espiritualidad hospitalaria contempla al enfermo y al pobre como personas dotadas de una dignidad inviolable. Benedicto XVI relacionó este servicio con las palabras de Cristo sobre la atención a «los más pequeños» y con la unión inseparable entre amor a Dios y amor al prójimo.1

Significado eclesial

La Soberana Orden de Malta ocupa un lugar singular dentro de la Iglesia católica. Su historia reúne vida religiosa, caballería, hospitalidad, diplomacia y asistencia humanitaria.

Su singularidad jurídica no constituye un privilegio desligado de la misión eclesial. La Santa Sede reconoce sus prerrogativas internacionales precisamente en relación con la finalidad propia de la Orden. La soberanía funcional no autoriza una independencia absoluta frente a la autoridad eclesiástica, porque la Orden continúa siendo una institución religiosa aprobada por la Santa Sede.2,4

La continuidad histórica de la Orden depende, por tanto, de un equilibrio entre tres exigencias:

  • Fidelidad a su origen hospitalario.
  • Renovación institucional conforme a las necesidades actuales.
  • Comunión efectiva con la Iglesia y con la Santa Sede.

La Orden conserva el nombre de militar por su historia y por su tradición caballeresca, pero su testimonio actual encuentra su expresión principal en la atención a los enfermos, la defensa de los pobres y la promoción de la dignidad humana.

Citas y referencias

  1. Papa Benedicto XVI. A los miembros de la Orden Militar Soberana de Malta, 1 (2013). 2 3 4 5
  2. Papa Francisco. Decreto para la Orden Militar Hospitalaria Soberana de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta (S.M.O.M.), 1 (2022). 2 3 4 5 6 7 8
  3. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: N.o XV, noviembre de 1953, 62 (1953). 2
  4. Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: N.o XV, noviembre de 1953, 63 (1953). 2 3
  5. Decretum, Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: N.o X, octubre de 2022, 80 (2022).
  6. Papa Juan Pablo II. Al Gran Maestre y a los miembros de la Orden Militar Soberana de Malta (26 de junio de 1984) - discurso, 2 (1984). 2
  7. Al Orden Militar Soberana de Malta (15 de enero de 1940), Papa Pío XII. Al Orden Militar Soberana de Malta (15 de enero de 1940), 1 (1940). 2
  8. Promulgo, Sancta Sedes. Acta Apostolicae Sedis: N.o X, octubre de 2022, 81 (2022). 2
  9. Papa Juan Pablo II. Al Gran Maestre y a los miembros de la Orden Militar Soberana de Malta (26 de junio de 1984) - discurso, 3 (1984). 2
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