Cuarenta años después de Rerum Novarum, el Papa Pío XI profundizó en la crítica al socialismo en su encíclica Quadragesimo Anno (1931). Este documento es crucial para entender la postura católica, ya que declara explícitamente que el socialismo, en su esencia, no puede conciliarse con los dogmas de la Iglesia Católica.
Incompatibilidad con la Verdad Cristiana
Pío XI afirmó categóricamente que «socialismo religioso» y «socialismo cristiano» son términos contradictorios; nadie puede ser al mismo tiempo un buen católico y un verdadero socialista,. La razón fundamental radica en que el socialismo se basa en una doctrina de la sociedad humana que está en completa variación con la verdad cristiana,. Aunque el socialismo pueda contener algunas verdades, como todo error, su fundamento doctrinal es incompatible con el cristianismo,.
El Error Antropológico del Socialismo
Juan Pablo II, en Centesimus Annus (1991), explicó que el error fundamental del socialismo es de naturaleza antropológica. El socialismo considera a la persona individual simplemente como un elemento o una molécula dentro del organismo social, subordinando completamente el bien del individuo al funcionamiento del mecanismo socioeconómico.
Esta visión errónea implica que el bien del individuo puede realizarse sin referencia a su libre elección y a su responsabilidad única e intransferible ante el bien o el mal. Al reducir al hombre a una serie de relaciones sociales, el concepto de la persona como sujeto autónomo de decisión moral desaparece, lo cual distorsiona la ley y se opone a la propiedad privada. Una persona privada de algo que pueda llamar «suyo» y de la posibilidad de ganarse la vida por iniciativa propia, se vuelve dependiente de la máquina social y de quienes la controlan, lo que dificulta el reconocimiento de su dignidad personal y el progreso hacia una auténtica comunidad humana.
La Propiedad Privada y el Bien Común
La doctrina social católica defiende el derecho a la propiedad privada, no como un fin en sí mismo, sino como un medio para el bien común y el desarrollo integral de la persona,. Sin embargo, este derecho no es absoluto y su uso está circunscrito por las necesidades de la vida social. La Iglesia ha rechazado tanto la supresión de la propiedad privada propuesta por el socialismo como el individualismo y la primacía absoluta de la ley del mercado en el capitalismo.
Pío XI destacó que la distribución de la riqueza debe salvaguardar el bien común de todos, impidiendo que una clase excluya a la otra de los beneficios. Así, tanto la clase rica que busca acapararlo todo como la clase trabajadora que, en su indignación, demanda todo para sí y busca abolir la propiedad privada, violan la ley de la justicia social.
El Principio de Subsidiariedad
Otro punto de divergencia es el papel del Estado. El socialismo tiende a una excesiva intervención estatal, que puede amenazar la libertad personal y la iniciativa. La doctrina social católica, en cambio, promueve el principio de subsidiariedad, según el cual una comunidad de orden superior no debe inmiscuirse en la vida interna de una comunidad de orden inferior, privándola de sus funciones, sino que debe apoyarla en caso de necesidad y ayudar a coordinar su actividad con la de la sociedad en general, siempre con miras al bien común. Este principio subraya la importancia de los cuerpos intermedios (como la familia, grupos económicos, sociales, políticos y culturales) que surgen de la naturaleza humana y tienen su propia autonomía.