Es importante diferenciar las Sociedades de Vida Apostólica de otras formas de vida en la Iglesia Católica:
Institutos de Vida Consagrada
La vida consagrada a través de la profesión de los consejos evangélicos es una forma estable de vida en la que los fieles se dedican totalmente a Dios, buscando la perfección de la caridad al servicio del Reino de Dios. Los miembros de los institutos de vida consagrada profesan públicamente los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia mediante votos u otros vínculos sagrados, según las leyes propias de sus institutos. Los institutos religiosos, por ejemplo, son sociedades en las que los miembros pronuncian votos públicos, ya sean perpetuos o temporales, y llevan una vida de hermanos o hermanas en común. Las Sociedades de Vida Apostólica, si bien pueden vivir los consejos evangélicos, no lo hacen a través de votos religiosos públicos,.
Institutos Seculares
Los institutos seculares son sociedades, clericales o laicales, cuyos miembros profesan los consejos evangélicos, viviendo en una condición secular para el propósito de la perfección cristiana y el apostolado pleno. Se distinguen de otras asociaciones por el nombre de Institutos o Institutos Seculares y se rigen por su propia constitución apostólica. A diferencia de las Sociedades de Vida Apostólica, los miembros de los institutos seculares viven su consagración en el mundo, sin una vida comunitaria obligatoria en el mismo sentido que los institutos religiosos o las Sociedades de Vida Apostólica, aunque tienen una organización interna y un compromiso con los consejos evangélicos.
Asociaciones de Fieles
En la Iglesia, existen asociaciones distintas de los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica. En estas asociaciones, los fieles, ya sean clérigos, laicos o ambos, se esfuerzan en un empeño común por fomentar una vida más perfecta, promover el culto público o la doctrina cristiana, o ejercer otras obras de apostolado. Ejemplos de esto incluyen iniciativas de evangelización, obras de piedad o caridad, y aquellas que animan el orden temporal con un espíritu cristiano. Los miembros de los institutos de vida consagrada que presiden o asisten a asociaciones unidas a su instituto deben asegurarse de que estas asociaciones ayuden a las obras de apostolado existentes en una diócesis, cooperando con las asociaciones diocesanas bajo la dirección del ordinario local.
Las Sociedades de Vida Apostólica, a diferencia de estas asociaciones, tienen una estructura y un reconocimiento canónico que las sitúa más cerca de los institutos de vida consagrada, aunque manteniendo su particularidad en la ausencia de votos religiosos públicos,.