El término sodalicio procede del latín sodalitas, voz relacionada con la amistad, la camaradería y la pertenencia a un grupo. En el ámbito católico, designa una comunidad voluntaria de fieles reunidos para cultivar una determinada forma de vida cristiana o para realizar obras de culto, caridad, evangelización y apostolado.
Los sodalicios pueden reunir a laicos, clérigos o fieles de ambos estados. Sus objetivos pueden incluir la búsqueda de una vida cristiana más intensa, la promoción del culto público, la difusión de la doctrina cristiana, las obras de piedad y caridad, la evangelización y la animación cristiana del orden temporal.1
La denominación no identifica necesariamente una única estructura institucional. Un sodalicio puede constituir una asociación privada de fieles, una asociación pública erigida por la autoridad eclesiástica o una realidad pastoral vinculada a una parroquia, diócesis, instituto religioso o movimiento eclesial. La palabra describe sobre todo una forma de agrupación y una tradición espiritual; la calificación jurídica depende de su erección, reconocimiento, estatutos y relación con la autoridad eclesiástica competente.





