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Sola Gratia (Solo la gracia)

Sola gratia-«solo la gracia»- expresa la primacía absoluta de la iniciativa de Dios en la salvación. La Iglesia católica enseña que la gracia inicial, la justificación y la posibilidad misma de cooperar con Dios no proceden de un mérito humano anterior, sino del don gratuito de Dios en Jesucristo. Al mismo tiempo, la doctrina católica rechaza toda interpretación que convierta al ser humano en un sujeto pasivo o que haga innecesarias la fe, la caridad, la conversión, las buenas obras y la perseverancia.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSola Gratia
CategoríaTérmino
DescripciónDoctrina que afirma que la salvación es exclusivamente un don gratuito de Dios y no depende de méritos humanos. Primacía absoluta de la iniciativa divina en la salvación; la gracia inicial, la justificación y la cooperación humana proceden del don gratuito de Dios. Sola gratia expresa que la gracia inicial, la justificación y la posibilidad de cooperar con Dios no provienen de ningún mérito humano previo, sino del don gratuito de Dios en Jesucristo. La Iglesia rechaza interpretaciones que hagan al ser humano un sujeto pasivo o que eliminen la necesidad de fe, caridad, conversión, buenas obras y perseverancia. La gracia se distingue en actual y santificante, creada e increada, y se muestra como la causa sobrenatural que permite la participación del hombre en la vida trinitaria, la filicación adoptiva y la capacidad de realizar obras meritorias bajo la libre voluntad humana
ReferenciasCatecismo de la Iglesia Católica (2021, 423), Concilio de Trento (decreto sobre la justificación), Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación (1997), escritos de Santo Tomás de Aquino y otras fuentes de la Enciclopedia Católica.
Contexto BíblicoFundamentada en la enseñanza de Cristo sobre la gracia y la justificación, y en la revelación bíblica que presenta a Dios como donante gratuito de vida sobrenatural.
Contexto HistóricoSurge en la Reforma protestante del siglo XVI como respuesta a la interpretación reformada de la justificación; se contrapone al pelagianismo y al semipelagianismo y es reafirmada en el Concilio de Trento (1545-1563). La doctrina se actualiza en la Declaración conjunta sobre la justificación (1997) del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.
Enseñanzas Principales1) Dios inicia gratuitamente toda obra de salvación. 2) Ningún mérito natural puede exigir la gracia sobrenatural. 3) La gracia santificante transforma interiormente al hombre y lo hace hijo adoptivo de Dios. 4) La fe es el comienzo, fundamento y raíz de la justificación, pero depende de la gracia. 5) La libertad humana coopera verdaderamente con la gracia sin ser anulada. 6) Las buenas obras nacen de la gracia; pueden recibir mérito sobrenatural pero no compran la gracia inicial. 7) La perseverancia final depende también de la ayuda gratuita de Dios.
Importancia EclesialEsencial para la comprensión católica de la salvación, la gracia, la fe y la caridad, y sirve de base para el diálogo ecuménico con las iglesias protestantes.
Temagracia, justificación, libertad humana, cooperación, salvación
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Significado de la expresión

La expresión latina sola gratia significa literalmente «solo por la gracia». En el contexto de la Reforma protestante, designó la convicción de que el pecador recibe la salvación exclusivamente por la iniciativa gratuita de Dios y no por sus obras naturales. La fórmula suele relacionarse con otras expresiones latinas de la teología reformada, especialmente sola fide-«solo por la fe»-.

La doctrina católica puede afirmar legítimamente que la salvación comienza únicamente por la gracia de Dios. Ninguna criatura posee, por sus propias fuerzas naturales, un derecho estricto a la vida eterna, porque la participación en la vida divina supera por completo las capacidades de la naturaleza humana. La gracia no constituye una recompensa que Dios deba a la persona por sus cualidades naturales, sino una iniciativa libre de su amor.1,2,3

Sin embargo, la Iglesia no acepta una lectura de sola gratia que excluya la respuesta libre de la persona. Dios mueve la voluntad mediante la gracia, pero no destruye su libertad. El ser humano puede acoger la llamada divina o rechazarla; por eso, la justificación implica una cooperación real entre la acción sobrenatural de Dios y la respuesta libre de la criatura.4,5

La gracia en la doctrina católica

Definición teológica

El Catecismo de la Iglesia Católica define la gracia como la ayuda gratuita que Dios concede para responder a la vocación de convertirse en hijos adoptivos de Dios. Esta ayuda introduce a la persona en la intimidad de la vida trinitaria.6

El Compendio del Catecismo llama gracia justificante al don gratuito mediante el cual Dios hace participar al ser humano en su vida trinitaria y lo capacita para actuar por amor. Esta gracia recibe también los nombres de gracia habitual, gracia santificante o gracia deificante, porque santifica y diviniza a la persona. Su carácter sobrenatural significa que depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios y supera las capacidades del entendimiento y de las fuerzas humanas.1

La gracia no consiste, por tanto, en una simple ayuda exterior, en un consejo moral o en una declaración jurídica sin transformación interior. La gracia santificante produce en el alma una condición nueva y estable: una participación creada y sobrenatural en la vida divina. La teología escolástica la describe como un hábito infundido, es decir, como una cualidad permanente que Dios comunica al alma.7

Gracia actual y gracia santificante

La teología católica distingue tradicionalmente entre gracia actual y gracia santificante.

La gracia actual comprende las mociones y ayudas concretas mediante las cuales Dios ilumina el entendimiento, fortalece la voluntad, suscita el arrepentimiento y orienta a la persona hacia el bien. Puede preceder a la conversión, acompañar una decisión moral o sostener al cristiano en una prueba.

La gracia santificante, en cambio, no designa una ayuda pasajera, sino un estado permanente de amistad con Dios. Su recepción transforma interiormente a la persona y la hace partícipe de la filiación divina. La distinción evita confundir una asistencia concreta de Dios con la condición estable de quien vive en gracia.8,7

Gracia creada y gracia increada

La gracia santificante no equivale al Espíritu Santo mismo, aunque comporta su presencia y su acción en el alma. La teología distingue entre:

  • Gracia increada: Dios mismo, especialmente el Espíritu Santo, que habita en la persona justificada.
  • Gracia creada: el don sobrenatural producido por Dios en el alma, mediante el cual la persona participa realmente en la vida divina.

Santo Tomás de Aquino explica que la gracia no puede reducirse a un cambio en la voluntad divina. Si Dios ama a una persona con vistas a un bien sobrenatural -la vida eterna-, ese amor produce en ella una realidad nueva que la capacita para alcanzar dicho fin. La bondad sobrenatural de la persona no causa el amor salvífico de Dios; al contrario, el amor gratuito de Dios causa en ella la capacidad y la dignidad sobrenaturales para la vida eterna.9

La gratuidad absoluta de la salvación

La gracia inicial no procede de méritos naturales

La Iglesia enseña que nadie puede merecer la gracia inicial mediante acciones realizadas únicamente con las fuerzas de la naturaleza. La razón resulta fundamental: el orden sobrenatural supera infinitamente el orden natural. Ningún acto puramente humano puede exigir como recompensa la participación en la vida de Dios.

El Concilio de Trento enseñó que ninguna realidad anterior a la justificación -ni la fe ni las obras- merece la gracia misma de la justificación. La fe constituye el comienzo, fundamento y raíz de toda justificación, pero también ella necesita presentarse como don recibido y como respuesta suscitada por Dios.10

La tradición católica formula esta verdad con una expresión atribuida a san Agustín: «La gracia no encuentra los méritos, sino que los produce». El mérito sobrenatural aparece después de la gracia y nace de ella; nunca puede convertirse en la causa independiente de la primera gracia.11

Rechazo del pelagianismo y del semipelagianismo

El pelagianismo sostiene que la persona puede iniciar y realizar el camino de la salvación mediante sus propias fuerzas, con una ayuda divina reducida al conocimiento de lo que debe hacer. El semipelagianismo, en una forma más moderada, atribuye al ser humano el primer movimiento hacia la fe y reserva a Dios la culminación del proceso.

La doctrina católica rechaza ambas posiciones. Santo Tomás de Aquino enseña que el ser humano necesita la ayuda divina no solo para merecer, sino incluso para prepararse a recibir la gracia. La preparación humana ya depende de una moción interior de Dios, aunque permanezca como una acción verdaderamente libre de la persona.12

Esta enseñanza no elimina la responsabilidad humana. Dios concede la gracia de tal manera que la voluntad puede cooperar, resistirse o rechazarla. La gracia hace posible el acto libre de conversión, pero no lo sustituye.4,5

La justificación como obra de la gracia

Qué significa justificar

En la doctrina católica, justificar no significa únicamente declarar justo a quien continúa interiormente bajo el dominio del pecado. La justificación implica una transformación real: la persona pasa del estado de pecado original a la gracia y a la filiación adoptiva por Jesucristo.4

La justificación comprende inseparablemente:

La gracia santificante borra el pecado y produce la santidad interior. En la perspectiva católica, el perdón no consiste en cubrir exteriormente pecados que permanecen intactos, sino en destruir realmente el pecado mediante la infusión de la gracia.8,7,4

La Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, publicada en 1997 por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos en diálogo con comunidades luteranas, describe la comprensión católica de la justificación como perdón de los pecados y transformación en justos por la gracia justificante, que convierte a los creyentes en hijos de Dios y los incorpora a la comunión con Cristo.13

La justificación y el bautismo

En la Nueva Alianza, el bautismo constituye el sacramento ordinario de la regeneración y de la justificación. Los niños reciben la gracia bautismal sin una preparación personal, porque Dios comunica gratuitamente la vida sobrenatural. El adulto, en cambio, debe disponerse mediante la conversión, la fe, la esperanza, el arrepentimiento y el comienzo del amor a Dios.4,5

La acción sacramental no convierte la justificación en una recompensa humana. El sacramento comunica la gracia por iniciativa de Cristo, pero la persona adulta debe recibirla con una respuesta adecuada. La libertad humana no produce la gracia, aunque puede acogerla mediante la fe y la conversión.4

Sola gratia y la fe

La fe como comienzo de la justificación

La Iglesia católica enseña que la fe ocupa un lugar fundamental en la justificación. Nadie puede justificarse sin fe, porque la fe abre el entendimiento a la revelación de Dios y permite acoger sus promesas. El Concilio de Trento llama a la fe «el comienzo, fundamento y raíz de toda justificación».10

La fe no constituye, sin embargo, una obra humana autosuficiente. La capacidad de creer y la respuesta a la revelación dependen también de la gracia. Dios atrae a la persona hacia sí, ilumina su inteligencia y fortalece su voluntad, sin imponerle una necesidad que destruya su libertad.12,5

Diferencia entre sola gratia y sola fide

Las expresiones sola gratia y sola fide están relacionadas, pero no significan exactamente lo mismo.

  • Sola gratia afirma la primacía y gratuidad de la gracia divina.
  • Sola fide afirma que la fe, entendida de una manera determinada, basta para la justificación sin necesidad de las obras como cooperación o disposición.
  • La doctrina católica acepta la primera afirmación en cuanto proclama que toda salvación nace de la iniciativa gratuita de Dios, pero rechaza la segunda si presenta la fe separada de la caridad y de la obediencia.

La fe que justifica no es una mera adhesión intelectual ni una confianza subjetiva desligada de la transformación de la vida. La fe auténtica recibe la gracia y actúa por la caridad. La tradición católica recuerda, a este respecto, la enseñanza paulina de una fe que «obra por la caridad».8

La gracia y las buenas obras

Las obras no compran la salvación

Las buenas obras no compran la gracia inicial ni obligan a Dios a conceder la vida eterna. Una persona no puede presentarse ante Dios como acreedora de la salvación por haber acumulado méritos naturales. La amistad con Dios supera toda proporción entre criatura y Creador y solo puede recibirse como don.11,2

Por esta razón, la enseñanza católica rechaza tanto el orgullo espiritual como la autosuficiencia religiosa. Incluso después de haber recibido la gracia, la persona no puede atribuirse de forma independiente el origen de sus obras sobrenaturales. La gracia precede, acompaña y corona la respuesta humana.

Las obras nacen de la gracia

La exclusión del mérito natural no significa que las obras carezcan de valor. Una vez justificada, la persona recibe la gracia santificante, la caridad, las virtudes sobrenaturales y los dones del Espíritu Santo. Estas realidades la capacitan para vivir como hija de Dios y para realizar obras agradables a Dios.7,3

La doctrina católica sostiene, por tanto, una secuencia teológica precisa:

  1. Dios concede gratuitamente la primera gracia.
  2. La persona responde libremente mediante la fe y la conversión.
  3. Dios justifica y santifica interiormente.
  4. La persona realiza obras buenas movida por la gracia y la caridad.
  5. Dios recompensa esas obras como dones que él mismo ha hecho posibles.

El mérito cristiano no compite con la gracia. La gracia constituye la fuente de todo mérito sobrenatural. El Concilio de Trento enseña que las obras realizadas bajo la acción de la gracia pueden contribuir al crecimiento en la gracia y a la vida eterna, pero ese mérito nace de la unión con Cristo y no de una capacidad natural autónoma.11

La caridad como forma de la vida justificada

La caridad ocupa un lugar decisivo en la comprensión católica de la gracia. La fe sin caridad no expresa todavía la plena vida de la persona justificada. La fe debe recibir la forma viva del amor a Dios y al prójimo.

La caridad no añade una obra humana a una salvación ya completa por una fe aislada. Constituye la realización interior de la gracia: el Espíritu Santo comunica al creyente una participación en el amor divino y lo capacita para amar a Dios sobre todas las cosas. La vida cristiana no consiste solamente en aceptar una declaración externa de perdón, sino en vivir una relación nueva con Dios mediante la fe, la esperanza y la caridad.7,5,13

Efectos de la gracia santificante

La gracia santificante produce diversos efectos en la persona:

Santificación interior

La gracia transforma el alma y la hace partícipe de la santidad divina. El perdón del pecado no permanece en el plano exterior, sino que renueva interiormente a la persona.7,4

Amistad con Dios

La persona justificada entra en una relación real de amistad con Dios. Esta amistad no nace de una igualdad entre Dios y la criatura, sino del don mediante el cual Dios eleva gratuitamente a la persona hasta la comunión con él.7,2

Filiación adoptiva

La gracia hace al ser humano hijo adoptivo de Dios y heredero de la vida eterna. Esta filiación tiene su origen en Cristo y alcanza su plenitud en la participación en la vida trinitaria.6,1,4

Virtudes y dones sobrenaturales

Junto con la gracia santificante, Dios comunica las virtudes teologales -fe, esperanza y caridad-, las virtudes morales infusas y los siete dones del Espíritu Santo. Estos dones perfeccionan la vida sobrenatural y capacitan a la persona para conocer, amar y servir a Dios por encima de las posibilidades de la naturaleza.7,3

Capacidad para realizar obras meritorias

La gracia permite realizar obras con valor sobrenatural. La persona justificada puede crecer en la santidad y cooperar con Dios en la edificación de su vida cristiana. La recompensa divina no contradice la gratuidad de la gracia, porque Dios corona en sus hijos los dones que previamente les ha concedido.7,11

La gracia y la libertad humana

La doctrina católica evita dos errores opuestos:

  • Pelagianismo: atribuye a la libertad humana una autosuficiencia incompatible con la necesidad de la gracia.
  • Fatalismo o determinismo teológico: convierte la gracia en una fuerza irresistible que anula la libertad.

Dios actúa en lo más profundo de la voluntad, pero la voluntad sigue siendo verdaderamente libre. La persona puede consentir a la llamada divina y cooperar con ella, o puede resistirse. El Concilio de Trento rechazó la idea de que la voluntad, movida por Dios, carezca de capacidad para asentir o disentir libremente.4

Santo Tomás explica que la providencia divina mueve a las criaturas racionales de acuerdo con su naturaleza. Como el ser humano posee entendimiento y libertad, Dios no lo conduce como un objeto inerte, sino como un sujeto capaz de conocer, elegir, amar y responder.3

La cooperación humana tampoco limita la soberanía divina. Dios origina la gracia, sostiene la libertad y hace posible el acto meritorio. La persona actúa realmente, pero actúa gracias a una capacidad que ha recibido.

La gracia y la perseverancia

La vida en gracia puede perderse por el pecado mortal, que rompe la amistad con Dios y priva al alma de la gracia santificante. La doctrina católica no identifica la justificación con una seguridad psicológica absoluta ni con la imposibilidad de caer. La tradición vinculada al Concilio de Trento reconoce la posibilidad de perder la gracia y la necesidad de perseverar hasta el final.7,4,5

La perseverancia final también necesita la ayuda divina. El cristiano no puede convertir la gracia recibida en una posesión independiente de Dios. La confianza cristiana descansa en la fidelidad divina, no en la presunción de las propias fuerzas. La humildad reconoce que todo bien sobrenatural procede de Dios y que la persona debe permanecer vigilante, orante y abierta a la acción de la gracia.5,2,13

Interpretación católica de la controversia de la Reforma

La Reforma protestante situó la justificación en el centro de la controversia teológica del siglo XVI. Algunas corrientes reformadas entendieron la justificación principalmente como la imputación externa de la justicia de Cristo al pecador, mientras que la doctrina católica la entiende como el perdón verdadero del pecado unido a la santificación y renovación interior.7,4

El Concilio de Trento respondió a las doctrinas que reducían la justificación a una confianza subjetiva o a una declaración externa. En su decreto sobre la justificación, el concilio quiso exponer la doctrina recibida de Cristo, transmitida por los apóstoles y custodiada por la Iglesia, prohibiendo enseñar una doctrina contraria a esa definición.14

La controversia no autoriza a presentar la doctrina católica como una defensa de la salvación por esfuerzo humano. La Iglesia afirma con claridad que:

  • La gracia inicial procede enteramente de Dios.
  • La fe resulta indispensable.
  • La justificación constituye un don gratuito.
  • La persona debe responder libremente.
  • La caridad vivifica la fe.
  • Las buenas obras nacen de la gracia y manifiestan la vida nueva.
  • El cristiano no puede gloriarse ante Dios como si hubiera producido por sí mismo su salvación.10,5,13

Convergencias ecuménicas

La Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación reconoció una comprensión compartida de elementos centrales: la salvación depende totalmente de la gracia de Dios, la fe resulta fundamental y la gracia justificante perdona los pecados y hace justo al creyente. La perspectiva católica añade que esa gracia renueva realmente la vida mediante la fe, la esperanza y la caridad, y que toda renovación continúa dependiendo de la acción gratuita y salvadora de Dios.13

Esta convergencia no elimina todas las diferencias doctrinales sobre la relación entre justificación, santificación, sacramentos, libertad y buenas obras, pero permite formular la enseñanza católica sin caricaturas: la Iglesia no opone la gracia a la cooperación humana, porque la cooperación misma constituye un fruto de la gracia.

La gracia como fundamento de la vida cristiana

La doctrina de sola gratia no pertenece únicamente a las controversias históricas. Afecta directamente a la espiritualidad y a la vida moral del cristiano.

Contra la autosuficiencia

La persona no puede salvarse mediante el perfeccionamiento moral autónomo. La razón, la disciplina y las virtudes naturales poseen un valor real, pero no pueden elevar por sí mismas al ser humano hasta la comunión trinitaria. La gracia concede una luz que supera el entendimiento natural y una fuerza amorosa que eleva la voluntad hacia Dios.3

Contra la pasividad espiritual

La gratuidad tampoco justifica la indiferencia. Quien recibe la gracia está llamado a responder con fe viva, conversión, oración, obediencia y caridad. La gracia no reemplaza la vida cristiana; la hace posible.

Como fuente de humildad y gratitud

La persona justificada reconoce que todo bien sobrenatural comienza en Dios. Esta convicción produce humildad, porque elimina la vanagloria, y gratitud, porque permite contemplar la salvación como un don inmerecido. El papa Francisco ha recordado que la amistad con Dios no puede comprarse con obras y que la respuesta adecuada ante la gracia consiste en vivir con agradecimiento y confianza en la iniciativa amorosa divina.2

Síntesis doctrinal

La enseñanza católica sobre sola gratia puede resumirse en varias afirmaciones fundamentales:

  1. Dios inicia gratuitamente toda obra de salvación.
  2. Ningún mérito natural puede exigir la gracia sobrenatural.
  3. La gracia supera las capacidades de la naturaleza humana.
  4. La gracia santificante transforma realmente el interior de la persona.
  5. La justificación incluye el perdón de los pecados y la santificación.
  6. La fe constituye el comienzo, fundamento y raíz de la justificación.
  7. La fe justificante vive por la caridad y no permanece aislada de ella.
  8. La libertad humana coopera realmente con la gracia y puede resistirse a ella.
  9. Las buenas obras no compran la gracia inicial, pero nacen de la gracia y pueden recibir mérito sobrenatural.
  10. La perseverancia final depende también de la ayuda gratuita de Dios.

Conclusión

Sola gratia expresa una verdad central de la fe católica: la salvación es, desde su primer comienzo hasta su consumación, un don gratuito de Dios en Jesucristo. El ser humano no puede iniciar por sí mismo la vida sobrenatural ni reclamarla como un derecho natural. Dios llama, ilumina, mueve, justifica y santifica.

La gratuidad divina, sin embargo, no anula la libertad. La persona recibe la gracia mediante la fe, se convierte, coopera con el amor de Dios y manifiesta la vida nueva mediante las buenas obras. La Iglesia rechaza tanto la autosuficiencia moral como la pasividad religiosa. En la doctrina católica, la gracia no compite con la acción humana: la precede, la sostiene, la sana y la lleva a su plenitud.

Citas y referencias

  1. Parte tres - Vida en Cristo. Capítulo tres - La salvación de Dios: Ley y gracia. Vida en Cristo, promulgado por el Papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 423 (2005). 2 3
  2. Capítulo dos - Pelagianismo contemporáneo - Una enseñanza de la Iglesia a menudo ignorada, Papa Francisco. Gaudete et exsultate, 54 (2018). 2 3 4 5
  3. Providencia - Que Dios provee especialmente al hombre por gracia, Tomás de Aquino. Compendio de Teología (Compendium Theologiae), Parte I - Capítulo 143. 2 3 4 5
  4. Justificación. Enciclopedia Católica, Justificación (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  5. Salvación. Enciclopedia Católica, Salvación (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  6. Capítulo tres, la salvación de Dios: Ley y gracia. Catecismo de la Iglesia Católica, 2021 (1992). 2
  7. Teología dogmática. Enciclopedia Católica, Teología dogmática (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  8. Gracia santificante. Enciclopedia Católica, Gracia santificante (1913). 2 3
  9. Sobre la gracia - Si la gracia es algo creado positivamente en el alma, Tomás de Aquino. Preguntas disputadas sobre la verdad, Q. 27, A. 1, C. (1256).
  10. Cap. VIII. Cómo se debe entender la justificación gratuita de un pecador por la fe, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 1532 (1854). 2 3
  11. Gracia actual. Enciclopedia Católica, Gracia actual (1913). 2 3 4
  12. Quodlibet I: La cuestión que se ha planteado es sobre Dios, tanto respecto a la naturaleza divina como a la naturaleza humana asumida. - Pregunta 4: Entonces se preguntó acerca del hombre: Primero respecto al bien en el orden de la naturaleza, segundo respecto al bien en el orden de la gracia, tercero respecto al bien en el orden de la gloria. - Artículo 2: ¿Puede un hombre sin gracia prepararse para la gracia? , Tomás de Aquino. Preguntas misceláneas (Quaestiones quodlibetales), 48. 2
  13. Declaración conjunta de 1997 sobre la doctrina de la justificación - 4. Explicación del entendimiento común de la justificación - 4.3 justificación por fe y mediante gracia, Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad Cristiana. Declaración conjunta de 1997 sobre la doctrina de la justificación, 27 (1997). 2 3 4 5
  14. Sesión VI (13 de enero de 1547): Decreto sobre la justificación - Introducción, Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. Las fuentes del dogma católico (Enchiridion Symbolorum), 1520 (1854).
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