La realeza de Jesús, tal como se celebra en esta solemnidad, es fundamentalmente diferente de los conceptos mundanos de poder y dominio. Jesús mismo aclaró ante Pilato que su reino «no es de este mundo»,. Su trono es la Cruz, su corona está hecha de espinas, y su cetro es una caña, despojado de lujos terrenales. Esta realeza paradójica se manifiesta en su obediencia al plan del Padre y en su sacrificio en la Cruz, que es el acto supremo de misericordia y el medio por el cual se logra la salvación y el juicio del mundo,.
Un Reino de Amor y Servicio
El reino de Cristo no se basa en conquistas militares, dominación política, imperios económicos o hegemonía cultural. En cambio, es un reino de verdad y vida, de santidad y gracia, de justicia, amor y paz,,. La grandeza de su reino reside en el amor de Dios, un amor capaz de sanar y abrazar todas las cosas. Cristo se humilló, vivió la miseria humana, sufrió la injusticia, la traición y el abandono, y experimentó la muerte para abrazar y salvar a todo ser viviente. No condenó ni conquistó, sino que abrió el camino con un amor humilde que todo lo perdona, todo lo espera y todo lo soporta.
Realeza Espiritual y Universal
La realeza de Cristo es divina y espiritual, trascendiendo las fronteras geográficas o políticas. Se extiende a todos aquellos que son de la verdad y escuchan su voz. Esta dimensión espiritual y universal se fundamenta en la unión hipostática, es decir, en el hecho de que Cristo es Dios y hombre verdadero. Como hombre, recibió del Padre «poder, gloria y reino», pero este poder no está separado de su divinidad, ya que como Verbo de Dios, consustancial con el Padre, tiene el dominio supremo y absoluto sobre todo lo creado.
Pío XI, en Quas Primas, describe la realeza de Cristo en su perfección, tanto intelectual como volitiva. Cristo reina en los corazones de los hombres por la agudeza de su intelecto y la extensión de su conocimiento, siendo la verdad misma a la que toda mente debe obediencia. Además, es Rey de los corazones por la perfección de su amor, que excede todo conocimiento.
Poder Judicial y Redentor
Cristo posee un poder judicial, recibido de su Padre. Este poder incluye la capacidad de recompensar y castigar, una prerrogativa que se manifestará plenamente al final de los tiempos. Sin embargo, su realeza también implica la redención y el perdón de los pecados, liberando a la humanidad del dominio de la oscuridad y trasladándonos a su reino.