Orígenes y promulgación
La fiesta fue establecida por el Papa Pío XI en 1925, cuando en la encíclica Quas Primas declaró que era necesario «observar… el día de la solemnidad del Rey de Cristo» para dar testimonio de la obediencia y sumisión a su señorío1. En el mismo documento, el pontífice explicó que la celebración debía situarse «el último domingo de octubre, inmediatamente precediendo la Fiesta de Todos los Santos» para coronar las misterios de la vida de Cristo y anunciar su dominio universal2.
Posteriormente, en la *Carta Apostólica Miserentissimus Redemptor (1928), Pío XI reiteró la importancia de la fiesta, subrayando que «Cristo posee soberanía suprema sobre todo el universo» y que la consagración anual debía reforzar la unidad de los pueblos bajo su señorío3.
En 1931, el Papa volvió a recordar la necesidad de preparar la solemnidad mediante «triduo solemne en las parroquias» para implorar la paz y la guía divina4.
Evolución litúrgica
Con el Concilio Vaticano II, la normativa del calendario se actualizó. El Universal Norms on the Liturgical Year and the General Roman Calendar (1969) estableció que «el último domingo del Tiempo Ordinario es la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo»5.
El Misal Romano (tercera edición típica, 2011) incluye una prefacio dedicada a «Cristo, Rey del Universo» y el texto completo de la Oración Eucarística y el Credo para la solemnidad6.
Desde entonces, la celebración ha permanecido inalterada en el calendario universal, aunque algunas conferencias episcopales han añadido observancias locales.

