El contexto de los años veinte
El papa Pío XI instituyó la fiesta en 1925, mediante la encíclica Quas primas, en un contexto marcado por las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, la expansión de los nacionalismos, el avance del laicismo militante y la difusión de ideologías que pretendían organizar la sociedad al margen de Dios.
La nueva solemnidad quiso recordar que ninguna autoridad humana posee un poder absoluto. Los Estados, las instituciones económicas y las corrientes ideológicas encuentran un límite en la soberanía de Dios y en la dignidad de la persona humana. La proclamación de Cristo como Rey ofrecía también un criterio para juzgar las pretensiones totalizadoras de cualquier poder político.
Durante aquel periodo, Pío XI contemplaba con preocupación la descristianización de amplios sectores sociales y la creciente influencia del comunismo. En Divini Redemptoris, el pontífice relacionó la expansión comunista con la pobreza religiosa y moral producida por determinadas formas de liberalismo económico y por un laicismo que apartaba activamente la fe de la vida pública.
La institución de la fiesta no pretendía establecer un régimen político confesional ni convertir la Iglesia en un poder temporal. Su finalidad consistía en afirmar la primacía de Cristo sobre todas las realidades humanas y en recordar que la libertad, la justicia y la paz sólo alcanzan su fundamento último cuando reconocen la verdad de Dios y la ley moral.
La encíclica Quas primas
La encíclica Quas primas defendió la realeza de Cristo a partir de la Sagrada Escritura y de la tradición cristiana. Pío XI recordó que Jesús aceptó el título de Rey ante Poncio Pilato, recibió después de la resurrección «todo poder en el cielo y en la tierra» y aparece en el Apocalipsis como «Rey de reyes y Señor de señores».
La encíclica entendía la realeza de Cristo en un sentido universal. Cristo no reina únicamente sobre las conciencias individuales, sino también sobre los pueblos y sobre el orden moral de la vida social. Esta afirmación no autoriza a la Iglesia a identificar el Reino de Cristo con una estructura política concreta. Más bien exige que toda sociedad respete la verdad, la justicia, la libertad religiosa, el bien común y la dignidad inviolable de cada persona.
La fecha original: octubre
En su primera configuración litúrgica, la fiesta quedó fijada en el último domingo de octubre, próximo a la solemnidad de Todos los Santos. Esa fecha subrayaba especialmente la dimensión doctrinal y apologética de la realeza de Cristo: la Iglesia confesaba públicamente que Jesucristo es el Señor frente a las ideologías y poderes que pretendían ocupar el lugar de Dios.
La celebración nació, por tanto, con una clara orientación hacia la vida cristiana y social. No bastaba con reconocer a Cristo como Rey en la devoción privada; el cristiano debía ordenar según el Evangelio sus decisiones, sus relaciones familiares, su actividad profesional y su responsabilidad dentro de la sociedad.
La fecha actual: noviembre
La reforma del calendario romano posterior al Concilio Vaticano II trasladó la celebración al último domingo del año litúrgico, normalmente en noviembre. La fecha actual no elimina el significado originario de la fiesta, pero sitúa su contenido dentro de una perspectiva más claramente escatológica.
El último domingo del año litúrgico contempla a Cristo como Alfa y Omega, principio y fin de todas las cosas. La Iglesia termina el ciclo anual mirando hacia la venida gloriosa del Señor, el juicio definitivo, la resurrección de los muertos y la instauración plena del Reino de Dios. El Compendio del Catecismo enseña que Cristo ya reina como Señor del cosmos y de la historia, aunque su Reino todavía aparece en la Iglesia como una realidad presente «en semilla»; al final volverá gloriosamente, aunque nadie conoce el momento.
El traslado a noviembre conecta así la solemnidad con el final de los tiempos y con el Adviento que comienza la semana siguiente. La Iglesia proclama que el Señor ya ha vencido mediante su Pascua, pero espera todavía la manifestación plena de esa victoria.