Orígenes tempranos
Los primeros indicios de la celebración aparecen en el siglo VII, cuando el Concilio Trullo (692) estableció la observancia del Evangelismos como una fiesta fija1. En la tradición latina, el Anunciación se menciona ya en el Sacramentario de San Gelasio (finales del siglo VI) y en el de San Gregorio, lo que sugiere una práctica litúrgica en el siglo VII2.
Difusión en Occidente
En el occidente tardío, la celebración enfrentó la resistencia del ayuno de Cuaresma, que impedía fiestas en días de semana. Sin embargo, a partir del siglo VIII se comenzaron a erigir iglesias dedicadas a la Anunciación, como la de Nazaret, lo que indica una aceptación gradual3. La consolidación definitiva llegó con la reforma litúrgica de Pablo VI, quien restauró el título antiguo «Anunciación del Señor» y la describió como una fiesta conjunta de Cristo y de la Virgen, resaltando el «fiat» salvador de la Palabra encarnada4.
Tradición oriental
En la Iglesia oriental la fiesta se conoce como Evangelismos y siempre se ha mantenido el 25 de marzo, sin trasladarse aunque coincida con otras solemnidades. Se celebra con liturgias combinadas cuando la fecha cae en Semana Santa o en la Pascua1.
