La enciclopedia católica en español

Solemnidad de la Ascensión

La Solemnidad de la Ascensión del Señor conmemora la entrada gloriosa de Jesucristo en el cielo, cuarenta días después de su Resurrección, en presencia de los apóstoles. La Iglesia celebra en este misterio la exaltación de la humanidad de Cristo, su entronización a la derecha del Padre, el comienzo de una nueva forma de presencia entre sus discípulos y la promesa de su retorno glorioso.

Infografía de Solemnidad de la Ascensión
Ver información de la imagenInfografía de Solemnidad de la Ascensión. Autor: Enciclopedia Wikitólica. Licencia CC BY-SA 4.0
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSolemnidad de la Ascensión
CategoríaEvento
DescripciónCelebración que marca la ascensión de Cristo al cielo y prepara la Pentecostés. La Solemnidad de la Ascensión del Señor conmemora la entrada gloriosa de Jesucristo en el cielo, cuarenta días después de su Resurrección, en presencia de los apóstoles. La liturgia incluye el Gloria y el Credo y resalta la exaltación de la humanidad de Cristo, su señorío a la derecha del Padre y su presencia continua en la Iglesia mediante los sacramentos. Conmemoración de la entrada gloriosa de Jesucristo en el cielo, cuarenta días después de su Resurrección, y su entronización a la derecha del Padre
Referencias
  • Mc 16,19
  • Lc 24,50-51
  • Hch 1,9-11
Contexto HistóricoDesarrollada dentro del tiempo pascual, la reforma litúrgica de 1969 simplificó su calendario y estableció la posibilidad de trasladarla al domingo.
Fecha de Aprobación1969
Fecha de Celebración40 días después de Pascua (jueves de la sexta semana de Pascua); en territorios donde no es día de precepto, el séptimo domingo de Pascua
HistoriaLa celebración tiene origen apostólico; los testimonios más antiguos aparecen antes del siglo V. San Agustín la menciona como observancia extendida. En la Edad Media surgieron procesiones, bendición de frutos y representaciones dramáticas.
ImágenesMandorla, nube, ángeles, apóstoles, María
OrganizadorPapa Pablo VI
TipoFiesta litúrgica, Solemnidad del Señor, Monte
UbicaciónMonte de los Olivos, cerca de Jerusalén
Uso LitúrgicoMisa con Gloria y Credo; incluye oraciones, prefacios, antífonas y lecturas específicas.

Tabla de contenido

Significado del término

La palabra Ascensión procede del latín ascensio, «subida» o «elevación». El término latino expresa que Cristo asciende por su propio poder, a diferencia de otros personajes bíblicos que son trasladados por la acción de Dios o de los ángeles.

La Iglesia oriental emplea tradicionalmente el término griego Análepsis, que significa «elevación» o «toma». También utilizó la expresión episozomene, «salvación», porque la entrada de Cristo en su gloria manifiesta la culminación de la obra redentora.1

La Ascensión no constituye una separación absoluta entre Cristo y el mundo. El Señor deja de mostrarse mediante su presencia corporal visible, pero permanece con la Iglesia de una manera nueva: por la gracia, la acción del Espíritu Santo, la proclamación de la Palabra y los sacramentos, especialmente la Eucaristía.

Relato bíblico

Los testimonios evangélicos

Los Evangelios de san Marcos y san Lucas relacionan la Ascensión con la conclusión de la misión terrena de Jesús. San Marcos afirma que, después de hablar con los discípulos, «el Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios» (Mc 16,19).

San Lucas narra que Jesús condujo a los discípulos hacia Betania, levantó las manos y los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo (Lc 24,50-51). El gesto de la bendición une la partida visible de Cristo con su presencia permanente y vivificante entre los discípulos.2

El testimonio de los Hechos de los Apóstoles

Los Hechos de los Apóstoles ofrecen el relato más desarrollado. Jesús, después de su Pasión, se presenta vivo a los apóstoles durante cuarenta días y les habla del Reino de Dios. Les ordena permanecer en Jerusalén y esperar la fuerza del Espíritu Santo.

A continuación, los discípulos lo ven elevarse y una nube lo oculta a sus ojos. Dos hombres vestidos de blanco les anuncian que Jesús volverá de la misma manera que lo han visto marcharse (Hch 1,1-11). El relato vincula tres realidades:

  • La realidad histórica de la partida de Cristo.
  • La entronización gloriosa junto al Padre.
  • La espera activa de la misión de la Iglesia y del retorno definitivo del Señor.

La nube posee un significado bíblico propio. No representa simplemente un fenómeno atmosférico, sino la manifestación de la gloria divina. San Juan Crisóstomo relaciona la nube de la Ascensión con las nubes que expresan la presencia y el poder de Dios en el Antiguo Testamento.3

Los cuarenta días

El número cuarenta recuerda diversos periodos de preparación y purificación de la historia de la salvación: los cuarenta años de Israel en el desierto, los cuarenta días de Moisés en el Sinaí y los cuarenta días de ayuno de Jesús.

Los cuarenta días posteriores a la Resurrección no describen una prolongación indefinida de la vida terrena de Cristo. Constituyen un tiempo singular en el que el Señor manifiesta la realidad de su Resurrección, instruye a los apóstoles y prepara la misión de la Iglesia. La Ascensión cierra este periodo de apariciones y abre el tiempo de la espera del Espíritu Santo.

La Ascensión como acontecimiento histórico

La fe católica confiesa la Ascensión como un acontecimiento real de la historia de la salvación. Jesús resucitado, con su humanidad verdadera y glorificada, deja de estar presente en el mundo mediante una presencia corporal visible y entra en la gloria del Padre.

La Ascensión no puede reducirse a una imagen simbólica de la supervivencia de las enseñanzas de Jesús ni a una simple manera antigua de hablar sobre su exaltación. El acontecimiento posee una dimensión histórica concreta: tuvo lugar después de la Resurrección, ante los apóstoles, y quedó unido al testimonio apostólico.

Al mismo tiempo, el lenguaje bíblico no obliga a imaginar el cielo como un lugar físico situado en una dirección espacial respecto de la tierra. Expresiones como «subir al cielo» o «estar sentado a la derecha de Dios» comunican la entrada de Cristo en la gloria, el señorío y la comunión plena con el Padre. La tradición cristiana interpreta la nube y la elevación dentro de este lenguaje bíblico de manifestación divina.4

Diferencia respecto de otras ascensiones bíblicas

La Ascensión de Cristo se distingue de los relatos sobre Henoc, Elías u otros justos que son trasladados por la acción divina. Cristo asciende como Hijo eterno hecho hombre, resucitado y victorioso sobre la muerte.

San Cirilo de Jerusalén contrapone la suerte de Elías, llevado al cielo en un carro de fuego, con la Ascensión de Cristo: «los otros fueron llevados, pero él lleva todas las cosas». La afirmación expresa la autoridad propia de Cristo y su condición de Señor de la creación.5

Significado teológico

Exaltación de la humanidad de Cristo

La Ascensión manifiesta la glorificación de la humanidad de Jesús. El Hijo no abandona su humanidad, sino que la introduce en la gloria del Padre. Cristo permanece para siempre verdadero Dios y verdadero hombre.

La Resurrección y la Ascensión forman una unidad inseparable, aunque no constituyen exactamente el mismo misterio. La Resurrección revela la victoria sobre la muerte; la Ascensión muestra la entrada del Resucitado en la gloria y el comienzo de su señorío universal. La reflexión teológica debe mantener ambas dimensiones sin confundirlas ni separarlas.

La Ascensión tampoco añade una transformación esencial a un cuerpo que ya ha sido glorificado en la Resurrección. Manifiesta, más bien, el destino glorioso de esa humanidad resucitada y su entrada en la presencia del Padre.6

Cristo sentado a la derecha del Padre

El Credo proclama que Jesucristo «subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre». Esta expresión no describe una postura corporal, sino la participación plena de Cristo en la autoridad, la gloria y el poder del Padre.

Cristo reina como Mesías y Señor. Su realeza no consiste en un dominio político, sino en el gobierno salvador de la historia. Desde la gloria, intercede por la humanidad, comunica el Espíritu Santo y conduce a la Iglesia hacia la consumación del Reino.

La liturgia presenta a Cristo como Sumo Sacerdote eterno, vivo ante el Padre para interceder por los hombres. El Misal Romano vincula su Ascensión con la confianza cristiana para acercarse al trono de la gracia y recibir misericordia.7

Cristo permanece con la Iglesia

La Ascensión no equivale a la ausencia de Cristo. El Señor deja la forma visible de su presencia terrena para inaugurar una presencia sacramental y espiritual.

San León Magno explica que aquello que antes podía contemplarse corporalmente en el Redentor pasó a una presencia sacramental. La desaparición de la visión inmediata no debilita la fe; orienta a los discípulos hacia la escucha de la doctrina y la vida de la gracia.8

La presencia de Cristo alcanza su plenitud en la Iglesia mediante:

  • La Eucaristía, memorial sacramental de su Pascua.
  • La Palabra de Dios, proclamada y recibida con fe.
  • Los sacramentos, acciones de Cristo en su Iglesia.
  • La comunión eclesial.
  • La caridad ejercida hacia los pobres y necesitados.
  • La acción del Espíritu Santo, enviado después de la Ascensión.

La esperanza de la humanidad

La oración litúrgica interpreta la Ascensión como la exaltación de los creyentes: donde ha llegado gloriosamente la Cabeza, espera llegar también el Cuerpo, que es la Iglesia.7

Esta esperanza incluye la resurrección futura del cuerpo. Cristo no salva únicamente el alma, sino a la persona humana entera. Su humanidad glorificada constituye la primicia y la garantía del destino final de quienes permanecen unidos a él.

La Ascensión orienta, por tanto, la vida cristiana hacia el cielo sin despreciar la tierra. El discípulo espera la gloria futura mientras trabaja en la historia, anuncia el Evangelio y sirve a sus hermanos.

La misión de la Iglesia

Los apóstoles no reciben la orden de permanecer mirando al cielo. Cristo los envía como testigos «en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8).

La Ascensión inaugura el periodo misionero de la Iglesia. La comunidad cristiana vive entre dos acontecimientos: la partida gloriosa del Señor y su retorno al final de los tiempos. Durante este intervalo, la Iglesia anuncia la salvación y aguarda el don del Espíritu Santo.

Los Hechos de los Apóstoles rechazan toda especulación sobre fechas concretas del fin del mundo. Jesús enseña que los tiempos y momentos pertenecen a la autoridad del Padre, mientras la tarea inmediata de los discípulos consiste en recibir la fuerza del Espíritu y dar testimonio.9

Celebración litúrgica

Fecha

La Ascensión del Señor tiene lugar litúrgicamente cuarenta días después de Pascua, contando el día de Pascua como el primero del periodo. Tradicionalmente corresponde al jueves de la sexta semana de Pascua.

Las normas universales del año litúrgico mantienen el jueves como fecha propia. Sin embargo, cuando la Ascensión no constituye día de precepto en un territorio, la celebración pasa al séptimo domingo de Pascua.10

La decisión concreta depende de las normas aprobadas para cada conferencia episcopal y de la disciplina litúrgica vigente en cada territorio. En España, la celebración dominical puede responder a la aplicación de esta norma en el calendario litúrgico correspondiente.

Rango litúrgico

La Ascensión es una solemnidad del Señor dentro del tiempo pascual. La Misa incluye el Gloria y el Credo. El formulario litúrgico propio contiene oraciones, prefacios, antífonas y lecturas que presentan la Ascensión como culminación de la Pascua y fundamento de la esperanza cristiana.7

La antífona de entrada proclama el señorío de Cristo sobre las alturas, mientras las oraciones piden que los fieles vivan ya orientados hacia la realidad celestial. La liturgia une la celebración de los misterios divinos en la tierra con la esperanza de alcanzar la gloria junto a Cristo.7

La reforma litúrgica de 1969

La reforma del calendario romano promulgada por san Pablo VI simplificó la estructura del año litúrgico y eliminó la antigua octava propia de la Ascensión. El calendario actual conserva la solemnidad, pero no mantiene aquella prolongación litúrgica de ocho días como periodo autónomo.

La reforma también estableció una norma clara para los territorios donde la Ascensión no conserva el rango de día de precepto: la solemnidad pasa al séptimo domingo de Pascua.11

Los días posteriores a la Ascensión y anteriores a Pentecostés no forman una octava de la Ascensión. El calendario actual los presenta como días de preparación para la venida del Espíritu Santo, el Paráclito.12

Por este motivo, prácticas antiguas vinculadas a una octava propia -como formularios específicos prolongados durante ocho días- no deben confundirse con las normas del Misal Romano vigente.

Relación con Pentecostés

La Ascensión prepara inmediatamente la solemnidad de Pentecostés. Jesús promete el Espíritu Santo y manda a los apóstoles esperar en Jerusalén.

La Iglesia vive estos días en oración, como la primera comunidad cristiana reunida con María y los apóstoles. El periodo entre ambas solemnidades expresa la tensión fecunda entre la glorificación de Cristo y la misión visible de la Iglesia.

Historia de la celebración

La celebración de la Ascensión posee una antigüedad muy notable. Aunque los testimonios documentales más antiguos conservados no preceden claramente al siglo V, san Agustín habla de la fiesta como una observancia de origen apostólico y ampliamente extendida en la Iglesia. La peregrina Egeria describe una vigilia y una celebración de la Ascensión en los lugares santos de Palestina.1

En ciertos periodos antiguos, la memoria de la Ascensión pudo aparecer unida a la celebración pascual o a Pentecostés. Con el desarrollo del año litúrgico, la Iglesia consolidó su celebración propia en el cuadragésimo día después de Pascua.

Durante la Edad Media surgieron costumbres ceremoniales relacionadas con la solemnidad: procesiones, bendición de frutos, apagado del cirio pascual y representaciones dramáticas de la elevación de Cristo. Varias de estas prácticas pertenecen a la historia de la piedad y no forman parte necesariamente de la disciplina litúrgica actual.1

Iconografía de la Ascensión

La Análepsis en el arte oriental

La iconografía bizantina representa la Ascensión como una manifestación solemne de la realeza de Cristo. La composición suele dividirse en dos planos:

  • En la parte superior, Cristo aparece dentro de una mandorla sostenida por ángeles.
  • En la parte inferior, María ocupa el centro, rodeada por los apóstoles.

Cristo suele representarse sentado o de pie dentro de la mandorla, con la mano derecha en actitud de bendición y la izquierda sosteniendo el rollo o el libro. Los ángeles expresan su gloria y movimiento hacia el cielo.

La presencia de María posee un valor teológico y eclesial. Ella representa a la Iglesia que permanece en oración y recibe la misión del Resucitado. Su posición frontal y estable contrasta con el movimiento de los ángeles y de los apóstoles, creando una imagen de equilibrio entre la gloria celestial y la historia de la Iglesia.

La tradición oriental denomina esta escena Análepsis. El término no reduce el acontecimiento a un desplazamiento espacial, sino que expresa la entrada de Cristo en la gloria y la elevación de su humanidad. La escena pertenece al ciclo de las grandes fiestas del Señor y mantiene una estrecha relación visual con la Resurrección, Pentecostés y la Parusía.

La representación occidental

El arte occidental medieval desarrolló una fórmula más narrativa. Cristo aparece elevándose sobre los apóstoles, a veces dentro de una mandorla o rodeado de nubes. En algunas representaciones sólo quedan visibles sus pies, mientras el resto de la figura desaparece en la parte superior de la composición.

Esta solución visual procede de la lectura literal y teológica del relato de los Hechos: los discípulos contemplan a Jesús elevarse hasta que una nube lo oculta a sus ojos. La nube funciona como signo de gloria y como límite entre la visión humana y el misterio divino.

Los apóstoles suelen levantar la mirada, mientras dos ángeles interpretan el acontecimiento y anuncian el retorno futuro de Cristo. La imagen enseña que la Iglesia no debe quedar paralizada por la nostalgia de la presencia visible de Jesús. El Señor volverá, pero entretanto los discípulos deben cumplir la misión recibida.

El cirio pascual y otros símbolos

En algunas tradiciones occidentales, el cirio pascual permanecía encendido durante el tiempo pascual y se apagaba después de la proclamación del Evangelio de la Ascensión. El gesto expresaba el final de las apariciones visibles de Cristo resucitado.

La costumbre pertenece al ámbito de las tradiciones litúrgicas antiguas y no debe confundirse automáticamente con una norma universal del Misal Romano actual. La disciplina vigente determina el uso litúrgico del cirio pascual dentro del conjunto de las normas del tiempo pascual.

Otros símbolos frecuentes son:

  • La mandorla, signo de gloria.
  • La nube, imagen de la presencia divina.
  • Los ángeles, mensajeros de la interpretación celeste.
  • Los apóstoles, testigos y enviados.
  • María, figura de la Iglesia orante.
  • El monte de los Olivos, lugar tradicional de la Ascensión.

Lugar tradicional

La tradición cristiana sitúa la Ascensión en el monte de los Olivos, cerca de Jerusalén. Los Hechos indican que los apóstoles regresaron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, a una distancia que permitía recorrerlo en sábado.

La memoria del lugar recibió culto desde la antigüedad. Santa Elena promovió la construcción de un santuario, destruido y reconstruido en varias ocasiones. El edificio actual conserva una estructura octogonal y una piedra venerada tradicionalmente como huella de los pies de Cristo.4

La localización geográfica no agota el significado de la solemnidad. El monte constituye el escenario histórico de la despedida visible de Jesús, pero la realidad celebrada supera cualquier lugar: Cristo entra en la gloria del Padre y permanece presente en su Iglesia.

Espiritualidad de la solemnidad

La Ascensión invita a mirar hacia el cielo sin abandonar las responsabilidades terrenas. La esperanza cristiana no consiste en evadirse del mundo, sino en vivir la historia desde la certeza de que Cristo la conduce hacia su plenitud.

La solemnidad propone varias actitudes:

  • Adoración, porque Cristo reina junto al Padre.
  • Esperanza, porque la humanidad está llamada a participar en su gloria.
  • Misión, porque los apóstoles reciben el encargo de evangelizar.
  • Oración, porque la Iglesia espera la fuerza del Espíritu Santo.
  • Responsabilidad histórica, porque el discípulo debe dar testimonio en el mundo.

La oración después de la Comunión pide que los dones recibidos despierten el deseo de la patria celestial y hagan avanzar a los fieles siguiendo las huellas del Salvador, que entró en ella por causa de la humanidad.7

Enseñanza doctrinal

La solemnidad resume varias verdades centrales de la fe católica:

  1. Jesucristo resucitó corporalmente y conserva para siempre su humanidad glorificada.
  2. Cristo ascendió realmente al Padre, no como una desaparición mítica, sino como acontecimiento de la historia de la salvación.
  3. El Hijo reina a la derecha del Padre y ejerce su señorío sobre la Iglesia y la historia.
  4. Cristo intercede por la humanidad como Sumo Sacerdote eterno.
  5. El Espíritu Santo continúa la obra de Cristo en la Iglesia.
  6. La Iglesia recibe una misión universal hasta el retorno glorioso del Señor.
  7. La humanidad redimida está llamada a la gloria, porque Cristo, su Cabeza, ha entrado ya en ella.

La Ascensión constituye así la culminación de la Pascua y el umbral de Pentecostés. Cristo no se aleja para abandonar a los suyos: entra en la gloria para permanecer con ellos de una manera nueva y conducir a toda la humanidad hacia la plenitud del Reino.

Citas y referencias

  1. Fiesta de la ascensión. Enciclopedia Católica, Fiesta de la Ascensión (1913). 2 3
  2. José Granados. Los Primeros Frutos de la Carne y los Primeros Frutos del Espíritu: El Misterio de la Ascensión, 5.
  3. Hechos I, 6, Juan Crisóstomo. Homilía 2 sobre los Hechos de los Apóstoles, 1.
  4. Ascensión. Enciclopedia Católica, Ascensión (1913). 2
  5. Conferencia catequética: Sobre las palabras, y resucitó de entre los muertos al tercer día, y ascendió al cielo, y se sentó a la diestra del padre, Cirilo de Jerusalén. Conferencias catequéticas - Conferencia 14, 25 (350).
  6. Thomas Davenport, O.P. Localizando el Cielo: Ciencia moderna y el lugar del cuerpo glorificado de Cristo, 4 (2023).
  7. La ascensión del señor (solemnidad), Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. El Misal Romano (Traducción al español según la Tercera Edición Típica), La ascensión del Señor (solemnidad) (2011). 2 3 4 5
  8. Sobre la ascensión del señor - La ascensión hace que nuestra fe sea más excelente y más fuerte, Papa León I (León el Grande). Sermón 74 de San León el Grande, II.
  9. B2. Resurrección y ascensión, José Granados. Los Primeros Frutos de la Carne y los Primeros Frutos del Espíritu: El Misterio de la Ascensión, 6.
  10. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario - Capítulo I: El año litúrgico - Título II - el ciclo del año - II. Tiempo de Pascua, Papa Pablo VI. Normas universales sobre el año litúrgico y el Calendario Romano General, 25 (1969).
  11. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario - Capítulo I: El año litúrgico - Título I - los días litúrgicos - II. Domingo, Papa Pablo VI. Normas universales sobre el año litúrgico y el Calendario Romano General, 7 (1969).
  12. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario - Capítulo I: El año litúrgico - Título II - el ciclo del año - II. Tiempo de Pascua, Papa Pablo VI. Normas universales sobre el año litúrgico y el Calendario Romano General, 26 (1969).
Modificado el 27 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.64 • 74 visitas • Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/xrx7f5zng

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →