Texto bíblico
Los relatos evangélicos y actánicos describen la Ascensión en varios pasajes: Marcos 16,19 afirma que «Jesús fue recibido en el cielo y se sentó a la diestra de Dios», Lucas 24,51 narra que «Jesús los bendijo y, alzándose, fue llevado al cielo», y Hechos de los Apóstoles 1,9‑11 relata que «una nube lo recibió y desapareció de su vista». Estas Escrituras constituyen la base histórica y doctrinal de la celebración1.
Significado teológico
La Ascensión revela que Cristo, después de haber redimido al hombre, vuelve al Padre con poder propio, «sentado a la derecha del Padre», posición que simboliza autoridad y gloria divinas2. Según la teología católica, este acto no es una desaparición, sino la presencia invisible del Señor, que continúa intercediendo por la Iglesia y enviando al Espíritu Santo como «el Consolador» (Jn 16,7)3. La ascensión también confirma la promesa de que «si el Hijo no ascendiera, el Espíritu no vendría» (cf. Juan 14,2‑3), estableciendo la continuidad entre la Resurrección, la Ascensión y Pentecostés4.

