Orígenes patrísticos y tradición popular
Los primeros testimonios de la creencia en la Asunción aparecen en los escritos apócrifos del Transitus Mariae (siglos II‑III) y en la liturgia oriental de la Dormición2. Padres de la Iglesia como San Juan de Damascio y San Germán de Constantinopla defendieron la asunción corporal de María, y sus palabras fueron citadas por el Papa Pío XII en la definición dogmática3. A lo largo de los siglos, la veneración de la Asunción se consolidó tanto en Oriente como en Occidente, convirtiéndose en una fe universal del pueblo cristiano2.
Definición dogmática (1950)
El 1 de noviembre de 1950, el Papa Pío XII promulgó la Apostólica Constitución Munificentissimus Deus, declarando:
«La Madre Inmaculada de Dios, la siempre Virgen María, habiendo completado el curso de su vida terrenal, fue asumida cuerpo y alma a la gloria celestial”4.
El documento subrayó la concordancia del Magisterio ordinario y del sensus fidei de los fieles como prueba de la certeza infalible del dogma5. La definición evitó pronunciarse sobre la cuestión de la muerte de María, centrando la enseñanza en la asunción de su cuerpo y alma2.
Confirmación conciliar
El Concilio Vaticano II, en Lumen Gentium n.º 59, reafirmó la doctrina, resaltando que María fue llevada al cielo «cuerpo y alma» y que este hecho constituye «un signo de esperanza segura para los fieles»6. El Catecismo de la Iglesia Católica recoge la doctrina en el número 974: «La más bendita Virgen María, al concluir su vida terrenal, fue llevada cuerpo y alma a la gloria del cielo»7.
