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Solemnidad de la Epifanía

La Solemnidad de la Epifanía del Señor, celebrada tradicionalmente el 6 de enero, conmemora la manifestación de Jesucristo como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo. En la Iglesia latina, el centro litúrgico de la solemnidad es la adoración de Jesús por los Magos de Oriente, primeros representantes de los pueblos no judíos que reconocen al Mesías. Las Iglesias orientales conceden mayor relieve al Bautismo del Señor, aunque la tradición cristiana también relaciona la Epifanía con las bodas de Caná y con las diversas manifestaciones públicas de la gloria de Cristo.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSolemnidad de la Epifanía
CategoríaEvento
DescripciónConmemora la manifestación de Jesucristo como Mesías, Hijo de Dios y Salvador del mundo mediante la adoración de los Magos de Oriente. Revelación de Jesucristo como el Mesías prometido y Salvador de todos los pueblos
Referencias
  • Mateo 2
  • profecía de Isaías
  • cartas de San Pablo referidas en la liturgia.
Aplicación MoralBuscar la verdad, acoger a todos los pueblos, adorar a Cristo, ofrecer la propia vida y regresar por otro camino.
Contexto HistóricoCelebrada desde el siglo II en Oriente (Egipto, Alejandría) y consolidada a finales del siglo IV en iglesias orientales y occidentales.
DesarrolloInicialmente vinculada al Bautismo del Señor; en la tradición latina se enfatiza la visita de los Magos, mientras que en la oriental se da mayor relieve al Bautismo y a las bodas de Caná.
Fecha de Celebración6 de enero
ImportanciaMarca la manifestación pública de la divinidad de Cristo y la universalidad de la salvación.
Interpretación TradicionalLos Magos representan a los pueblos paganos que reconocen al Mesías.
Organizador
OrigenOriente, con testimonios de celebraciones del 6 de enero en el siglo II.
SimbolismoEstrella que guía a los Magos y luz que simboliza la revelación de Cristo.
TemaManifestación de Cristo a las naciones.
TipoFiesta litúrgica, Solemnidad (litúrgica)
Uso LitúrgicoCentro litúrgico es la adoración de los Magos; lecturas principales Isaías, San Pablo y San Mateo; pertenece al Tiempo de Navidad y precede al Bautismo del Señor.

Tabla de contenido

Etimología y significado teológico

La palabra epifanía procede del griego epipháneia, término que significa manifestación, aparición o revelación pública. En el lenguaje cristiano, no designa simplemente la aparición visible de una persona, sino la acción por la que Dios da a conocer su presencia y su identidad salvadora.

La solemnidad no celebra una nueva encarnación ni una transformación de Jesús en Dios. La fe católica confiesa que el Verbo eterno ya era verdaderamente Dios y que asumió la naturaleza humana en la encarnación. La Epifanía celebra la manifestación histórica de esa identidad divina en la humanidad de Jesucristo: el Hijo eterno del Padre aparece ante Israel y ante las naciones como el Salvador prometido. El Catecismo de la Iglesia Católica presenta la Epifanía como la manifestación de Jesús «como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo».2

La manifestación de Cristo posee, por tanto, un sentido cristológico-referido a la identidad de Jesucristo- y soteriológico-referido a la salvación-. El Niño de Belén no es únicamente el heredero de las promesas hechas a Israel: en Él, Dios ofrece la salvación a todos los pueblos.

La Epifanía en el Evangelio de san Mateo

El relato principal de la solemnidad aparece en el segundo capítulo del Evangelio según san Mateo. Unos Magos llegan de Oriente a Jerusalén y preguntan por el «rey de los judíos» que acaba de nacer. Han visto su estrella y desean rendirle homenaje. Herodes, alarmado por la noticia, consulta a los sumos sacerdotes y escribas, quienes identifican Belén de Judea como el lugar anunciado por el profeta Miqueas.

Los Magos continúan su viaje guiados por la estrella. Al encontrar al Niño con María, su madre, se postran ante Él y le ofrecen oro, incienso y mirra. Después reciben en sueños la advertencia de no regresar junto a Herodes y vuelven a su tierra por otro camino.1,2

El relato contrapone diversas actitudes ante Cristo:

  • Los Magos buscan la verdad, emprenden un viaje difícil y adoran al Niño.
  • Herodes percibe al Mesías como una amenaza para su poder y responde con hostilidad.
  • Los dirigentes religiosos conocen las profecías, pero no acompañan a los Magos hasta Belén.
  • María aparece como la Madre junto a la cual los pueblos encuentran al Salvador.

Mateo no ofrece los nombres de los Magos, ni afirma que fueran tres, ni los presenta expresamente como reyes. La tradición cristiana dedujo el número a partir de los tres dones y, con el tiempo, les atribuyó los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. La liturgia y la piedad popular recibieron esta tradición, aunque el dato pertenece al desarrollo posterior de la tradición cristiana y no al contenido explícito del Evangelio.

Los Magos como representantes de las naciones

La Iglesia interpreta a los Magos como primeros frutos de las naciones. Ellos representan a los pueblos paganos que reciben la buena noticia de la salvación mediante la encarnación del Hijo de Dios. Su llegada manifiesta que la alianza y las promesas de Dios alcanzan su plenitud en Cristo y se abren a toda la humanidad.2

El viaje de los Magos también expresa una verdad fundamental de la economía de la salvación: los pueblos descubren al Mesías en relación con la revelación concedida a Israel. Los Magos llegan a Jerusalén, preguntan por el rey de los judíos y reciben la respuesta de las Escrituras. El universalismo cristiano no elimina la historia de Israel, sino que reconoce en ella la preparación providencial para la venida del Salvador.

La Epifanía presenta así a la Iglesia como una comunidad universal. En Cristo, los pueblos de todas las culturas pueden incorporarse al pueblo de Dios y participar de la herencia prometida. La tradición patrística describió a los Magos como la representación anticipada de la humanidad entera que camina hacia Cristo.3,4

La estrella y la luz de Cristo

La estrella constituye uno de los símbolos principales de la Epifanía. En el relato de san Mateo, orienta a los Magos hacia el Niño. La tradición cristiana la ha comprendido sobre todo en sentido teológico y simbólico: la creación sirve como signo que conduce al Creador, pero la verdadera luz no procede de un astro, sino de Cristo.

La liturgia vincula la estrella de los Magos con la luz anunciada por el profeta Isaías: «Levántate, resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz». La luz de Cristo, manifestada primero en Belén, alcanza progresivamente a la Sagrada Familia, a los pastores de Israel y finalmente a los pueblos representados por los Magos.4,5

La simbología cristiana mantiene una distinción esencial respecto de las religiones astrales antiguas. La fe cristiana no diviniza los astros ni las fuerzas cósmicas. Dios es el Creador del universo y gobierna la creación; la estrella puede actuar como signo providencial, pero no posee carácter divino. Benedicto XVI explicó que la entrada del Hijo de Dios en el mundo transforma simbólicamente el significado del cosmos: los astros ya no reciben culto, sino que orientan hacia el único Dios, Creador y Señor de todo.1

Los dones de los Magos

Los tres regalos ofrecidos al Niño -oro, incienso y mirra- recibieron desde antiguo una interpretación simbólica:

  • El oro representa la realeza de Cristo.
  • El incienso expresa su divinidad y el culto que merece.
  • La mirra, empleada en contextos funerarios y asociada a la unción, anticipa el sufrimiento y la muerte redentora del Señor.

La tradición no reduce el relato a una alegoría de los objetos. Los dones manifiestan la actitud de adoración de quienes reconocen en un Niño humilde al Rey y Salvador. Los Magos no se quedan en la contemplación de un fenómeno celeste: llegan hasta una persona concreta, Jesús, y ofrecen ante Él sus bienes.

Su gesto contiene también una enseñanza espiritual. La fe auténtica conduce al encuentro con Cristo, a la adoración y a la entrega de la propia vida. La Epifanía no invita únicamente a recibir una noticia sobre Jesús, sino a reconocer su señorío y a orientar hacia Él la inteligencia, la libertad y los bienes personales.

Las tres grandes manifestaciones relacionadas con la Epifanía

La tradición cristiana antigua agrupó bajo la palabra Epifanía varios acontecimientos en los que Cristo manifestó su gloria:

La adoración de los Magos

La tradición latina concede la primacía a la visita de los Magos. En ella, Cristo aparece como el Mesías de Israel ante los pueblos paganos. Esta dimensión ocupa el centro de la liturgia eucarística latina de la solemnidad.1,6

El Bautismo del Señor

En el Bautismo de Jesús en el Jordán, el Padre manifiesta públicamente al Hijo y el Espíritu Santo desciende sobre Él. Las Iglesias orientales conceden a este acontecimiento el lugar principal dentro de la celebración de la Epifanía. La voz del Padre y la presencia del Espíritu revelan la identidad trinitaria del acontecimiento.

La Iglesia latina conserva esta dimensión, pero la celebra litúrgicamente de modo específico en la fiesta del Bautismo del Señor, que normalmente tiene lugar después de la Epifanía y clausura el Tiempo de Navidad. La separación de ambas celebraciones permite contemplar con mayor claridad sus respectivos aspectos: la manifestación de Cristo a las naciones mediante los Magos y la manifestación del Hijo en el Jordán.6

Las bodas de Caná

El Evangelio según san Juan presenta el milagro de Caná como el comienzo de los signos de Jesús: al convertir el agua en vino, «manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él». La tradición cristiana vinculó este episodio con la Epifanía porque Cristo revela allí su gloria mediante una acción milagrosa y suscita la fe de sus discípulos.1,7

La liturgia de las Horas conserva con especial claridad esta estructura triple -Magos, Bautismo y Caná- en las antífonas y textos de los días próximos a la solemnidad. En cambio, la liturgia eucarística latina concentra la proclamación del día en el Evangelio de los Magos; la fiesta del Bautismo del Señor desarrolla la dimensión del Jordán y, en el ciclo C, el domingo posterior presenta las bodas de Caná.6,8

Origen histórico de la fiesta

La Epifanía nació en Oriente y figura entre las fiestas cristianas más antiguas. Existen testimonios de celebraciones relacionadas con ella desde el siglo II, especialmente en Egipto y Alejandría. En sus primeros desarrollos, la fiesta estuvo vinculada principalmente al Bautismo de Jesús y a la manifestación de su filiación divina.7,9

Durante los primeros siglos, distintas comunidades cristianas asociaron el 6 de enero con acontecimientos diversos:

  • El nacimiento de Cristo.
  • El Bautismo en el Jordán.
  • La adoración de los Magos.
  • El milagro de Caná.
  • La manifestación de la divinidad del Salvador.

Esta variedad no implicaba necesariamente contradicción. Las Iglesias contemplaban bajo una misma celebración los principales momentos en los que Cristo aparece públicamente como Salvador y revela la gloria de Dios.

A finales del siglo IV, la Epifanía ya contaba con una presencia consolidada en diversas Iglesias orientales y occidentales. Jerusalén mantuvo durante un tiempo la celebración conjunta del nacimiento y del Bautismo de Jesús el 6 de enero. La peregrina Egeria, que visitó Jerusalén hacia el final del siglo IV, describió una solemne celebración que incluía la peregrinación nocturna a Belén, la veneración de la cueva de la Natividad y la celebración eucarística.10,11

El 6 de enero, el solsticio de invierno y la Navidad

El significado del solsticio

El solsticio de invierno marca, en el hemisferio norte, el momento del año con la noche más larga y el comienzo del progresivo aumento de la luz diurna. En el calendario juliano utilizado en la Antigüedad, el solsticio se situaba aproximadamente el 25 de diciembre, aunque las reformas y diferencias entre calendarios modificaron la correspondencia exacta.

Las antiguas culturas del Mediterráneo relacionaban este periodo con fiestas de la luz y con celebraciones solares. En Roma, el culto al Sol invicto otorgó especial importancia al 25 de diciembre durante el reinado de Aureliano, a partir del año 274. La documentación histórica presenta este contexto como un elemento relevante para comprender la consolidación de la fecha romana de Navidad.12

En Egipto existían celebraciones vinculadas a la luz y al nacimiento de una divinidad solar alrededor de la noche del 5 al 6 de enero. Algunos estudios litúrgicos han relacionado ese ambiente festivo con el origen oriental de la Epifanía, especialmente con su antigua conexión con el agua y el Bautismo de Cristo. Esta relación pertenece a la historia cultural y litúrgica de la fiesta; no significa que la Iglesia identificase a Cristo con una divinidad solar pagana. La fe cristiana transformó el lenguaje de la luz y lo refirió al Dios creador y al Verbo encarnado.9

La separación entre Navidad y Epifanía

En algunas Iglesias orientales, el nacimiento y el Bautismo de Jesús permanecieron unidos durante un periodo significativo bajo la celebración del 6 de enero. La Iglesia latina, en cambio, consolidó progresivamente una celebración propia de la Natividad el 25 de diciembre. Antioquía celebraba la Navidad el 25 de diciembre hacia el año 376, y Constantinopla adoptó la fiesta pocos años después.11

La expansión de la Navidad del 25 de diciembre y la recepción occidental de la Epifanía del 6 de enero produjeron una distribución diferenciada de los misterios:

  • 25 De diciembre: nacimiento de Jesucristo, la Natividad.
  • 6 De enero: manifestación de Jesucristo a las naciones, la Epifanía.
  • Después de la Epifanía: Bautismo del Señor.

La historia exacta de estas fechas no admite una explicación única y absolutamente demostrada. La fecha del nacimiento de Jesús no aparece en los Evangelios, y las antiguas explicaciones relacionaron el calendario cristiano con cálculos teológicos, tradiciones litúrgicas y el simbolismo de la luz. El contexto de las fiestas solares romanas ayuda a comprender la elección del 25 de diciembre, pero no agota la explicación histórica de la Navidad ni de la Epifanía.12

La Epifanía en Oriente y Occidente

La tradición latina

La Iglesia latina centra la solemnidad en la llegada de los Magos a Belén. San Agustín y san León Magno contribuyeron decisivamente a consolidar esta interpretación. Para la tradición occidental, los Magos representan a los gentiles que reconocen a Cristo como Rey y Salvador.11

La liturgia romana conserva, sin embargo, el conjunto de las manifestaciones de Cristo. La Liturgia de las Horas alude a los Magos, al Bautismo y a Caná, mientras que la misa del día presenta principalmente el Evangelio de Mateo. La fiesta del Bautismo del Señor, celebrada posteriormente, desarrolla de forma específica la teofanía del Jordán.6,8

Las Iglesias orientales

Las Iglesias orientales conceden normalmente mayor importancia al Bautismo de Jesús. La bendición solemne de las aguas constituye uno de los elementos más característicos de la celebración oriental. En el Bautismo, los cielos se abren, el Padre da testimonio del Hijo y el Espíritu Santo desciende sobre Él.

La diferencia de acento no divide el contenido fundamental de la fe. Oriente y Occidente celebran la manifestación de Jesucristo y contemplan sus distintos momentos conforme a sus respectivas tradiciones litúrgicas. Occidente privilegia la revelación del Mesías a las naciones; Oriente privilegia la revelación trinitaria en el Jordán.

Ubicación en el año litúrgico

La Epifanía pertenece al Tiempo de Navidad, no al Tiempo Ordinario. El año litúrgico organiza la celebración de los misterios de Cristo en distintos tiempos, y la Epifanía forma parte del ciclo navideño junto con la Natividad, la Sagrada Familia, Santa María Madre de Dios y el Bautismo del Señor.

Las Normas universales sobre el año litúrgico establecen que la Epifanía del Señor se celebra el 6 de enero. Cuando no constituye día de precepto en un determinado territorio, la conferencia episcopal puede trasladarla al domingo comprendido entre el 2 y el 8 de enero.13

El Tiempo Ordinario comienza después del Bautismo del Señor, no inmediatamente después del 6 de enero. Esta distinción evita confundir la fecha civil de la solemnidad con la estructura litúrgica del ciclo navideño. En el rito romano, la Epifanía prolonga y lleva a plenitud la manifestación iniciada en Navidad: el Niño nacido en Belén aparece ahora como Salvador de todos los pueblos. La celebración del Bautismo del Señor completa el Tiempo de Navidad y prepara la entrada en el primer periodo del Tiempo Ordinario.

Liturgia de la solemnidad

Las lecturas bíblicas

La liturgia de la Palabra de la misa presenta tres perspectivas complementarias:

  • El profeta Isaías anuncia la luz de Jerusalén y la llegada de las naciones.
  • San Pablo proclama que los gentiles participan de la misma promesa en Cristo.
  • San Mateo narra la visita y adoración de los Magos.

La primera lectura posee un tono poético y jubiloso; la segunda formula con precisión teológica la universalidad de la salvación; el Evangelio adopta la forma de una narración dramática cargada de significado simbólico. Juntas, las lecturas muestran que la Epifanía revela al mundo entero el sentido definitivo del nacimiento de Cristo.14

El prefacio

El prefacio de la Epifanía proclama que Dios ha revelado en Cristo el misterio de la salvación a todos los pueblos. La manifestación del Hijo encarnado no se limita a una revelación intelectual: Cristo comunica una vida nueva y restaura a la humanidad mediante la gloria de su inmortalidad.

La liturgia une así luz, salvación y universalidad. Cristo aparece en la humildad de nuestra condición mortal y, al mismo tiempo, comunica la vida divina a quienes creen en Él.8

La Liturgia de las Horas

La Liturgia de las Horas presenta la Epifanía como una celebración de múltiples manifestaciones. Sus antífonas recuerdan los tres signos principales: la estrella que guía a los Magos, el Bautismo en el Jordán y el agua transformada en vino en Caná. Esta triple contemplación amplía la comprensión de la solemnidad sin desplazar el lugar central de los Magos en la misa latina.6,8

Teología de la universalidad de la salvación

La Epifanía expresa la vocación universal de la Iglesia. Los Magos llegan desde fuera de Israel y, sin embargo, encuentran al Mesías prometido en las Escrituras de Israel. Este movimiento contiene dos verdades inseparables:

  1. La salvación nace de la historia de Israel, porque Cristo es el Mesías anunciado a los padres.
  2. La salvación alcanza a todas las naciones, porque Cristo es el Salvador del mundo.

La Iglesia no presenta la universalidad cristiana como una uniformidad cultural. Los Magos conservan su origen, su camino y su identidad, pero convergen en la adoración del único Señor. La unidad de la humanidad encuentra su fundamento en Cristo, no en la eliminación de las diferencias legítimas entre los pueblos.

San Pablo expresa esta novedad al afirmar que los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Cristo mediante el Evangelio. La Epifanía anticipa sacramentalmente la misión de la Iglesia: anunciar a Jesucristo a todos los pueblos e incorporar a la humanidad a la familia de Dios.15,2

La respuesta humana ante la manifestación de Cristo

La Epifanía presenta el encuentro con Cristo como un camino interior y exterior. Los Magos emprenden un viaje físico, pero también realizan un itinerario de búsqueda, discernimiento y conversión.

Su actitud contiene varios elementos:

  • Atención a los signos: interpretan la estrella sin convertirla en objeto de culto.
  • Búsqueda de la verdad: abandonan la comodidad y emprenden un viaje incierto.
  • Humildad: aceptan que necesitan las Escrituras de Israel para comprender el signo.
  • Adoración: reconocen al Rey en la pobreza de un niño.
  • Conversión: regresan a su país por otro camino después de escuchar la advertencia divina.

La solemnidad invita a superar una religiosidad superficial. La luz de Cristo no se identifica con el éxito, el poder o el prestigio. Herodes ocupa el palacio, pero los Magos encuentran al verdadero Rey en Belén. El Evangelio contrapone la soberbia del poder amenazado con la humildad de quienes buscan y adoran.

La Epifanía y la misión de la Iglesia

La manifestación de Cristo a las naciones fundamenta la dimensión misionera de la Iglesia. Quien ha encontrado la luz de Cristo no puede reservarla para un grupo cerrado. La Iglesia existe para anunciar el Evangelio, celebrar los sacramentos y conducir a todos los pueblos hacia el encuentro con el Salvador.

La misión cristiana no consiste en imponer una cultura particular, sino en ofrecer a cada pueblo la persona de Jesucristo y la plenitud de la salvación. La diversidad de los Magos anticipa la universalidad de la Iglesia, formada por hombres y mujeres de todas las épocas, pueblos y culturas que peregrinan hacia Cristo.3,5

La Epifanía también ilumina la misión de los pastores de la Iglesia. Benedicto XVI presentó a los Magos como hombres atentos a los signos de Dios, capaces de emprender un camino exigente y de reconocer la verdad más allá de la opinión dominante. Su ejemplo permite comprender la misión cristiana como una guía humilde hacia Cristo, no como una búsqueda de poder personal.5

Representación artística

La adoración de los Magos constituye uno de los temas más frecuentes del arte cristiano. Las primeras representaciones aparecen en monumentos y objetos de la Antigüedad tardía. La escena suele mostrar a los Magos avanzando hacia María y el Niño, con los dones en las manos y la estrella sobre ellos.

La iconografía desarrolló progresivamente varios elementos:

  • La diversidad de edades y procedencias de los Magos.
  • La representación de los tres continentes conocidos en la Antigüedad.
  • La condición regia de los visitantes.
  • La estrella como signo de la revelación.
  • María como sede de la Sabiduría y Madre del Mesías.
  • La actitud de postración como expresión de adoración.

La tradición artística convirtió a los Magos en imagen de la humanidad entera. Hombres poderosos y sabios abandonan sus honores ante el Niño pobre, porque la verdadera realeza de Cristo no depende de la apariencia externa. La escena también anticipa la misión universal de la Iglesia y la peregrinación de todos los pueblos hacia el Señor.7,3

Relación con la Eucaristía

La Epifanía encuentra una prolongación sacramental en la Eucaristía. En ella, Cristo manifiesta y vela al mismo tiempo su gloria bajo las especies de pan y vino. La Iglesia adora al mismo Señor que los Magos adoraron en Belén, aunque la presencia eucarística pertenece al orden sacramental y no reproduce materialmente la escena evangélica.1

La humildad de Belén y la humildad de la Eucaristía expresan una misma lógica divina: Dios revela su gloria mediante signos pobres y accesibles. El creyente necesita una mirada iluminada por la fe para reconocer al Señor bajo la apariencia humilde con la que se entrega.

Importancia espiritual y pastoral

La Solemnidad de la Epifanía propone varias actitudes cristianas:

Buscar la verdad

Los Magos no aceptan una vida encerrada en lo inmediato. Observan, preguntan y emprenden el camino. La fe católica valora la razón y la búsqueda sincera de la verdad, porque toda verdad auténtica puede conducir hacia Dios cuando la persona no se cierra a la revelación.

Acoger a todos los pueblos

La Iglesia debe vivir como una comunidad abierta a todos los hombres y mujeres. La Epifanía rechaza el particularismo que pretende convertir la salvación en privilegio de un grupo reducido.

Adorar a Cristo

Los Magos no acuden a Belén para recibir honores ni ventajas. Llegan para adorar. La solemnidad recuerda que el culto cristiano tiene su centro en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Ofrecer la propia vida

El oro, el incienso y la mirra simbolizan una entrega total: los bienes, la oración y la existencia concreta. La adoración cristiana incluye obras de misericordia, fidelidad a la vocación y servicio al prójimo.

Regresar por otro camino

El encuentro con Cristo transforma la vida. Los Magos vuelven a su tierra por una ruta distinta; el discípulo también debe abandonar los caminos de la soberbia, la injusticia y la indiferencia para vivir conforme al Evangelio.

Síntesis doctrinal

La solemnidad puede resumirse en varias afirmaciones fundamentales:

  • Cristo es el Mesías de Israel, en quien culminan las promesas del Antiguo Testamento.
  • Cristo es el Hijo eterno de Dios hecho hombre.
  • Cristo es el Salvador de todos los pueblos.
  • Los Magos representan a las naciones que reciben la salvación.
  • La estrella simboliza la luz de Dios que guía hacia Cristo.
  • El Bautismo del Señor y las bodas de Caná pertenecen al conjunto de las manifestaciones de Cristo, aunque la liturgia latina reserva para ellos celebraciones propias.
  • La Epifanía forma parte del Tiempo de Navidad y precede al Bautismo del Señor, que da paso al Tiempo Ordinario.
  • La fecha del 6 de enero procede de una antigua tradición oriental, desarrollada en el contexto simbólico de las fiestas de la luz y posteriormente diferenciada de la Navidad del 25 de diciembre.

La Epifanía proclama que la luz aparecida en Belén no permanece escondida. El Niño nacido de María es el Señor que reúne a las naciones, revela el rostro de Dios y ofrece la salvación a toda la humanidad.

Citas y referencias

  1. Solemnidad de la Epifanía del Señor, Papa Benedicto XVI. 6 de enero de 2009: Solemnidad de la Epifanía del Señor, 1 (2009). 2 3 4 5 6
  2. Capítulo II, Yo creo en Jesucristo, el único Hijo de Dios, Catecismo de la Iglesia Católica, 528 (1992). 2 3 4 5
  3. Solemnidad de la Epifanía del Señor, Papa Benedicto XVI. 6 de enero de 2013: Solemnidad de la Epifanía del Señor, 1 (2013). 2 3
  4. Solemnidad de la Epifanía del Señor, Papa Benedicto XVI. 6 de enero de 2006, Solemnidad de la Epifanía del Señor, 1 (2006). 2
  5. Solemnidad de la Epifanía del Señor, Papa Benedicto XVI. 6 de enero de 2012: Solemnidad de la Epifanía del Señor, 1 (2012). 2 3
  6. Parte II ars praedicandi - IV. La época navideña - D. La solemnidad de la epifanía, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio Homilético (29 de junio de 2014), 124 (2014). 2 3 4 5
  7. Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 4 de enero de 1989, 2 (1989). 2 3
  8. Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 217 (1999). 2 3 4
  9. B3. El origen de la epifanía, Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 216 (1999). 2
  10. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen IV, 615 (1990).
  11. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen I, 56 (1990). 2 3
  12. Navidad, Enciclopedia Católica, Navidad (1913). 2
  13. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario - Capítulo I: El año litúrgico - Título II - el ciclo del año - IV. Tiempo de Navidad, Papa Pablo VI. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario romano general, 37 (1969).
  14. Parte II ars praedicandi - IV. La época navideña - D. La solemnidad de la epifanía, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio Homilético (29 de junio de 2014), 125 (2014).
  15. Papa Juan Pablo II. 6 de enero de 1986: Solemnidad de la Epifanía del Señor - Homilía, 1 (1986).
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