Primeros siglos y consolidación de la fecha
Los primeros cristianos ya celebraban el nacimiento de Cristo, como indica el Didaché, y con el tiempo la Iglesia fijó el 25 de diciembre, vinculándolo simbólicamente al solsticio de invierno y a la victoria del cristianismo sobre el paganismo. Esta elección se consolidó mediante la Missa in Noctem, que originalmente se celebraba a medianoche y evolucionó en la liturgia diurna actual1.
Desarrollo histórico del rito
A lo largo de los siglos la celebración pasó de una simple conmemoración a una solemnidad que, según el Concilio Vaticano II, abre «todo el misterio de Cristo, de la Encarnación y la Natividad hasta la Ascensión y Pentecostés»2. Así, la Natividad se convirtió en el punto álgido del año litúrgico, invitando a los fieles a contemplar la unión de la divinidad y la humanidad en Jesús.
