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Solemnidad de Pentecostés

La Solemnidad de Pentecostés conmemora la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, reunidos con la Virgen María en Jerusalén, cincuenta días después de la resurrección de Jesucristo. La fiesta manifiesta públicamente el nacimiento misionero de la Iglesia, la inauguración del tiempo de su misión universal y la revelación plena de la acción de la Santísima Trinidad.1,2,3

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Infografía de Solemnidad de Pentecostés
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Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreSolemnidad de Pentecostés
CategoríaEvento
DescripciónConmemora la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y la Virgen María, marcando el nacimiento misionero de la Iglesia. Inaugura la misión universal de la Iglesia y revela plenamente la acción de la Santísima Trinidad
ReferenciasVeni Creator Spiritus (himno) y Veni Sancte Spiritus (secuencia).
ContextoParte del Tiempo Pascual y cierra los cincuenta días de la Pascua.
Fecha de CelebraciónDomingo que cae 50 días después de la Pascua
HistoriaConsolidada en testimonios de Tertuliano y Egeria; antes incluía una octava litúrgica, suprimida tras la reforma del Vaticano II (1969).
SimbolismoFuego, lenguas de fuego y viento simbolizan al Espíritu Santo y su acción vivificante.
TipoFiesta litúrgica, Solemnidad, Rojo

Tabla de contenido

Nombre y significado

La palabra Pentecostés procede del griego pentēkostē, que significa «quincuagésimo», porque la celebración tiene lugar el quincuagésimo día después de la Pascua. El nombre cristiano conserva la relación con la fiesta judía de las Semanas, celebrada cincuenta días después de la Pascua de Israel.4

En la liturgia católica, Pentecostés forma parte del tiempo pascual y concluye solemnemente los cincuenta días de la Pascua. La fiesta no constituye un acontecimiento aislado de la resurrección y de la ascensión del Señor: el Padre envía el Espíritu Santo mediante Cristo glorificado, como culminación del Misterio pascual.1,5

Relato bíblico

La promesa de Jesucristo

Después de su resurrección, Jesucristo preparó a los Apóstoles para la misión. Antes de ascender al cielo, les ordenó permanecer en Jerusalén y esperar «la promesa del Padre», es decir, el don del Espíritu Santo. Los discípulos perseveraron unidos en la oración junto con María, la Madre de Jesús.2

La espera expresa una verdad esencial de la vida de la Iglesia: la misión no nace únicamente de la organización humana, de la capacidad de los predicadores o de la planificación pastoral. La iniciativa corresponde a Dios, y el Espíritu Santo actúa como protagonista de la misión eclesial.2

El acontecimiento de Jerusalén

Según los Hechos de los Apóstoles, cuando llegó el día de Pentecostés, los discípulos estaban reunidos. Un ruido semejante a un viento impetuoso llenó la casa, y aparecieron unas lenguas como de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en diversas lenguas.1,5

La multitud reunida en Jerusalén procedía de numerosos pueblos y regiones. Cada persona escuchaba a los Apóstoles proclamar las maravillas de Dios en su propia lengua. El milagro no elimina la diversidad de los pueblos, sino que la incorpora a una comunión fundada en la misma fe.2,5

Pedro habló entonces ante la multitud y anunció que Jesús, crucificado y resucitado, había sido exaltado a la derecha del Padre y había recibido de él la promesa del Espíritu Santo para derramarla sobre sus discípulos.1

Pentecostés y la Santísima Trinidad

Pentecostés revela de modo pleno la acción conjunta del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El Padre concede el don; el Hijo glorificado lo comunica; y el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos como Persona divina. El Catecismo presenta Pentecostés como el día en que el Espíritu Santo es manifestado, dado y comunicado, y en el que la Trinidad se revela plenamente.1

El Espíritu Santo no constituye una fuerza impersonal ni un mero símbolo religioso. Él es el Espíritu de Dios, fuente de vida y principio de santificación. Su venida inaugura una presencia permanente en la Iglesia y permite a los creyentes acceder al Padre mediante Cristo.3

Pentecostés y el nacimiento de la Iglesia

Nacimiento visible y misionero

La tradición católica llama a Pentecostés el nacimiento de la Iglesia porque aquel día la comunidad reunida en el cenáculo recibió públicamente la fuerza del Espíritu Santo y comenzó su misión ante todos los pueblos. Hasta entonces, los discípulos habían permanecido reunidos en oración; después de Pentecostés, abrieron las puertas del cenáculo y anunciaron a Cristo en las calles de Jerusalén.3,6

Pentecostés manifiesta así una transformación decisiva: los Apóstoles, antes temerosos y encerrados, reciben la valentía necesaria para dar testimonio del Señor crucificado y resucitado. El Espíritu no sustituye el testimonio apostólico, sino que lo vivifica y le concede eficacia.6

La Iglesia nace católica y misionera. La presencia de personas procedentes de muchos pueblos anticipa la universalidad de la salvación. Desde su origen, la Iglesia supera las fronteras de raza, cultura, lengua, espacio y tiempo.2

Pentecostés y el costado abierto de Cristo

La afirmación de que la Iglesia nace en Pentecostés necesita una comprensión teológica equilibrada. El nacimiento de la Iglesia no comienza únicamente con la efusión del Espíritu sobre los Apóstoles. La Iglesia tiene su origen primordial en la entrega total de Cristo por la salvación del mundo, anticipada en la institución de la Eucaristía y consumada en la Cruz.7

El agua y la sangre que brotan del costado abierto de Jesús crucificado simbolizan el origen y el crecimiento de la Iglesia. La tradición cristiana contempla en el costado traspasado de Cristo el nacimiento de la «Iglesia entera», como Eva nació del costado de Adán.7,8

Esta perspectiva relaciona el Misterio pascual con los sacramentos. El agua y la sangre expresan eminentemente el Bautismo y la Eucaristía, y también remiten al conjunto de la vida sacramental de la Iglesia. Cristo funda la Iglesia mediante su entrega; el Espíritu Santo la vivifica, la manifiesta y la impulsa a la misión.7,8

Por tanto, Pentecostés no reemplaza la Cruz, sino que revela públicamente su fecundidad. El Espíritu que desciende sobre los Apóstoles es el don del Cristo resucitado, que lleva en su cuerpo glorificado las señales de la pasión.3,6

Pentecostés como nuevo Sinaí

Las imágenes del viento, del fuego y del estruendo recuerdan la manifestación de Dios en el monte Sinaí. Allí Israel recibió la alianza; en Pentecostés, el Espíritu inaugura la Nueva Alianza y extiende la llamada de Dios a todos los pueblos.1,2

La comparación con Babel ayuda a comprender este misterio. Babel representa una unidad construida por la autosuficiencia humana que termina en confusión. Pentecostés, en cambio, produce una comunión que procede de Dios: el Espíritu permite que pueblos diversos escuchen el único Evangelio sin perder su identidad.2

Pentecostés no impone una uniformidad cultural. La unidad cristiana nace de una misma fe, una misma esperanza y una misma caridad, dentro de la diversidad legítima de lenguas, pueblos y tradiciones.

El Espíritu Santo y la misión de la Iglesia

El Espíritu Santo concede a los Apóstoles la fuerza para ser testigos de Cristo «en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra». Pentecostés transforma una comunidad reunida en una Iglesia enviada.6

La misión incluye el anuncio del Evangelio, la administración del Bautismo, la celebración de la Eucaristía, el perdón de los pecados y la formación de un pueblo congregado en la fe. La acción del Espíritu no queda limitada al momento inicial de los Apóstoles: continúa santificando a la Iglesia y guiando a los creyentes hacia la verdad plena.5,3

La eficacia de la misión cristiana depende de la fidelidad al Espíritu Santo. La oración, la unidad eclesial y la docilidad a Dios preceden a toda actividad apostólica. Los discípulos recibieron el don mientras permanecían unidos y perseveraban con María en la oración.2

Símbolos de Pentecostés

El fuego

Las lenguas de fuego expresan la santidad, la fuerza y el ardor del Espíritu Santo. El fuego ilumina, purifica y transforma. Al posarse sobre cada discípulo, muestra que el don de Dios alcanza personalmente a cada miembro de la comunidad sin dividir la unidad de la Iglesia.1,2

El color litúrgico de la solemnidad es el rojo, asociado al fuego del Espíritu Santo y al amor divino.4

El viento

El viento impetuoso representa la fuerza invisible y soberana del Espíritu. Nadie puede poseerlo ni reducirlo a un mecanismo humano. El Espíritu mueve a la Iglesia, renueva su vida y la impulsa hacia la misión.1,2

Las lenguas

Las lenguas aluden tanto al don de hablar idiomas diversos como a la capacidad de anunciar las maravillas de Dios. Pentecostés convierte la diversidad lingüística en instrumento de evangelización y comunión.2,5

El agua

El agua recuerda la acción vivificadora del Espíritu y su relación con el Bautismo. El Espíritu es fuente de agua que brota hacia la vida eterna y comunica la vida nueva de Cristo.3

La celebración litúrgica

La Misa de Pentecostés

La Solemnidad de Pentecostés tiene rango de solemnidad y ocupa un lugar culminante dentro del año litúrgico. En la Misa, la Iglesia proclama la venida del Espíritu Santo, confiesa la fe mediante el Credo y pide que el don recibido por los Apóstoles renueve el corazón de los creyentes.5

La oración colecta pide que los dones del Espíritu Santo alcancen toda la tierra y que los corazones de los fieles vuelvan a recibir la gracia que actuó cuando el Evangelio fue proclamado por primera vez.5

El prefacio proclama que el Espíritu fue concedido al completar Cristo su Misterio pascual. También afirma que, cuando la Iglesia nació, el Espíritu abrió a todos los pueblos el conocimiento de Dios y reunió las múltiples lenguas en la profesión de una sola fe.5

Antífonas, himnos y secuencia

La liturgia distingue cuidadosamente entre antífonas, himnos y secuencia.

Las antífonas acompañan determinados momentos de la celebración, especialmente la entrada y la comunión. En Pentecostés, una antífona proclama que el Espíritu del Señor llena el universo; otra recuerda que el amor de Dios ha sido derramado en los corazones por el Espíritu que habita en los creyentes.5

Los himnos pertenecen principalmente a la Liturgia de las Horas. En la tradición litúrgica de Pentecostés, el Veni Creator Spiritus ocupa un lugar característico como himno de invocación al Espíritu Santo.4

La secuencia es una pieza propia de la Misa que precede al aleluya antes de la proclamación del Evangelio. En Pentecostés corresponde al Veni Sancte Spiritus, conocido tradicionalmente como la Secuencia de Pentecostés o la Secuencia de oro. No debe confundirse con una antífona ni con el himno Veni Creator Spiritus.9

La secuencia invoca al Espíritu como luz, consuelo, descanso, alivio, fuente de vida y fuego de amor. Su tradición manuscrita aparece vinculada a la Edad Media y su autoría histórica ha recibido diversas atribuciones.9

La Vigilia de Pentecostés

La Vigilia de Pentecostés prepara la celebración de la solemnidad durante la noche. Su sentido recuerda la espera orante de los Apóstoles y de María en el cenáculo. En épocas anteriores, la vigilia también estuvo vinculada a la celebración del Bautismo de catecúmenos que no habían recibido el sacramento durante la Vigilia pascual.4,2

Historia de la celebración

Pentecostés pertenece a la tradición apostólica de la Iglesia. La fiesta aparece consolidada en testimonios antiguos, entre ellos los de Tertuliano y la peregrina Egeria, que describe la solemnidad celebrada en Jerusalén. En sus comienzos, Pentecostés estuvo estrechamente unido a la Pascua y tuvo inicialmente una duración más reducida.4

En diversas épocas, la celebración comprendió una octava, es decir, un período litúrgico de ocho días que prolongaba la solemnidad. La tradición occidental desarrolló esta octava de forma gradual, y durante siglos la semana de Pentecostés contó con celebraciones propias, prácticas devocionales y determinados días festivos.4

La reforma del calendario y de los libros litúrgicos posterior al Concilio Vaticano II, promulgada en 1969, suprimió la octava litúrgica de Pentecostés en el rito romano reformado. La solemnidad conservó su rango propio, pero la prolongación formal de ocho días dejó de formar parte del calendario general. Esta modificación devolvió a Pentecostés su carácter de culminación del tiempo pascual, sin eliminar la posibilidad de celebrar vigilias, novenas y otras expresiones de piedad vinculadas al Espíritu Santo.

Antes de la reforma, la liturgia de Pentecostés conservaba numerosos elementos propios durante toda la octava. La secuencia Veni Sancte Spiritus llegó a cantarse en los días comprendidos entre Pentecostés y el sábado siguiente, según el uso litúrgico tradicional.9

Pentecostés en las tradiciones cristianas

La celebración de Pentecostés pertenece a la tradición común de las Iglesias cristianas. En Oriente, la solemnidad incluye usos litúrgicos propios, como la oración de genuflexión celebrada en las vísperas, acompañada de salmos y largas plegarias poéticas. También existe la costumbre de llevar flores y ramas verdes como signos de vida y renovación.4

En Occidente, la iconografía representa habitualmente a María y a los Apóstoles reunidos en torno a las llamas del Espíritu. Algunas tradiciones populares han empleado pétalos de rosas rojas, sonidos de trompetas u otros signos destinados a evocar el fuego y el viento del relato de los Hechos de los Apóstoles.4

Espiritualidad de Pentecostés

Pentecostés invita a la Iglesia a renovar la confianza en la acción del Espíritu Santo. El cristiano no recibe el Espíritu para encerrarse en una experiencia privada, sino para vivir unido a la Iglesia y dar testimonio de Jesucristo.

La solemnidad recuerda varias actitudes fundamentales:

  • La oración, porque los discípulos recibieron el Espíritu mientras perseveraban unidos.
  • La unidad, porque el Espíritu transforma la diversidad en comunión.
  • La misión, porque el don recibido impulsa al anuncio del Evangelio.
  • La valentía, porque el Espíritu libera del miedo y fortalece el testimonio.
  • La docilidad, porque la Iglesia depende de la iniciativa y de la acción de Dios.
  • La vida sacramental, porque el Espíritu comunica los frutos de la Pascua mediante la Iglesia y sus sacramentos.

Pentecostés también llama a superar toda división causada por el orgullo, la violencia, el egoísmo o la incomunicación. El Espíritu no borra las diferencias legítimas, pero orienta a todos hacia la verdad y la caridad que proceden de Cristo.

Significado teológico

La solemnidad proclama que la Iglesia vive entre la Cruz y la misión. Del costado abierto de Cristo nace sacramentalmente la Iglesia; del Resucitado procede el don del Espíritu; y mediante Pentecostés la Iglesia aparece ante las naciones como comunidad enviada a anunciar la salvación.7,5,3

Pentecostés inaugura la era de la Iglesia, en la que el Espíritu Santo santifica continuamente al pueblo de Dios y conduce a los creyentes hacia la vida eterna. La Iglesia no conserva el acontecimiento como un recuerdo del pasado: recibe constantemente la llamada a dejarse renovar por el mismo Espíritu que llenó a los Apóstoles.3

La solemnidad une así tres misterios inseparables:

  1. La Pascua de Cristo, fundamento de la salvación.
  2. La efusión del Espíritu Santo, principio de la vida nueva.
  3. La misión universal de la Iglesia, enviada a todos los pueblos.

Pentecostés es, finalmente, la manifestación de que Cristo resucitado permanece vivo y actuante en su Iglesia mediante el Espíritu Santo. La comunidad cristiana recibe de él su unidad, su santidad, su catolicidad y su impulso misionero.

Citas y referencias

  1. El Pentecostés cristiano, Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 31 de mayo de 2000, 1 (2000). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Solemnidad de Pentecostés, Papa Benedicto XVI. 4 de junio de 2006: Solemnidad de Pentecostés, 1 (2006). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  3. Parte I - El espíritu del Padre y del Hijo, dado a la Iglesia - 7. El Espíritu Santo y la era de la Iglesia, Papa Juan Pablo II. Dominum et vivificantem, 25 (1986). 2 3 4 5 6 7 8
  4. Pentecostés (Domingo de Pentecostés). Enciclopedia Católica, Pentecostés (Domingo de Pentecostés) (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  5. Domingo de Pentecostés (solemnidad), Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. El Misal Romano (Traducción al inglés según la Tercera Edición Típica), Domingo de Pentecostés (Solemnidad) (2011). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  6. Papa Juan Pablo II. 17 de mayo de 1986: Vigilia de Pentecostés - Homilía, 2 (1986). 2 3 4
  7. Capítulo III: Yo creo en el Espíritu Santo. Catecismo de la Iglesia Católica, 766 (1992). 2 3 4
  8. Eclesiología, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Eclesiología (2015). 2
  9. Veni, Sancte Spiritus, et emitte coelitus. Enciclopedia Católica, Veni Sancte Spiritus Et Emitte Coelitus (1913). 2 3
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