La celebración litúrgica recibe el nombre de Solemnidad de San José, esposo de la Virgen porque contempla principalmente la relación de José con María y su misión dentro del misterio de la Encarnación. La Iglesia no lo venera como padre natural de Jesús, sino como su padre legal y verdadero custodio familiar, aquel a quien Dios confió la protección, educación y crianza del Hijo nacido de la Virgen por obra del Espíritu Santo.1,2
San José pertenece de modo singular al misterio cristiano. Como descendiente de David y esposo de María, ocupa un lugar de transición entre las promesas del Antiguo Testamento y su cumplimiento en Jesucristo. Su misión permitió insertar legalmente a Jesús en la descendencia davídica, de acuerdo con las promesas mesiánicas.2,3
La solemnidad no presenta a José como una figura secundaria o meramente decorativa en los relatos de la infancia. Dios le confió una responsabilidad decisiva: custodiar a María y al Niño, dar nombre a Jesús, ejercer sobre él la autoridad paterna y sostener la vida oculta de Nazaret.2
