Profeta del Altísimo
Zacarías describe a su hijo como «profeta del Altísimo» y anuncia que caminará delante del Señor para preparar sus caminos. Juan recibe así una misión profética: conducir al pueblo hacia el conocimiento de la salvación y disponer los corazones para la llegada del Salvador.
Su predicación reclamaba la conversión. Juan proclamó un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados en la región del Jordán. Su austeridad, su vida en el desierto y su llamada a la rectitud recordaban la exigencia de una renovación interior antes del encuentro con Dios.,
La tradición cristiana lo relaciona con Elías por su fortaleza, su pobreza y su celo profético. Juan no buscó establecerse como centro del movimiento religioso que había suscitado; toda su actividad apuntaba hacia otro. Su grandeza consistió precisamente en conducir a sus oyentes hasta Cristo.
Testigo del Cordero de Dios
El cuarto Evangelio presenta a Juan como testigo de la luz. Él no es la luz, sino quien da testimonio de ella. Ante sus discípulos identificó a Jesús como el «Cordero de Dios» y como el Hijo de Dios.,
Juan también definió su relación con Jesús mediante la imagen del esposo y del amigo del esposo. Esta comparación expresa que Cristo ocupa el lugar central y que Juan cumple una función subordinada, aunque imprescindible, dentro del designio salvador.
La actitud espiritual del Bautista queda resumida en sus palabras: «Él tiene que crecer y yo tengo que menguar». La frase no expresa desprecio hacia la persona humana, sino la renuncia del profeta a apropiarse de una misión que pertenece a Cristo. Juan acepta disminuir en protagonismo para que Jesús sea reconocido como Salvador.
El bautismo de Jesús
Juan bautizó a Jesús en las aguas del Jordán. Aunque el bautismo de Juan era un rito de penitencia, la entrada de Cristo en el Jordán adquiere un significado decisivo: el Salvador se manifiesta públicamente y Juan da testimonio de aquel cuya venida había anunciado. La tradición litúrgica presenta al Bautista como quien bautizó al autor mismo del Bautismo.,
Su ministerio prepara también la comprensión cristiana del Bautismo. Juan no ocupa el lugar de Cristo ni instituye el sacramento cristiano en su plenitud, pero dispone al pueblo mediante la conversión y anuncia al que bautizará con el Espíritu Santo.