La devoción a San Pablo se remonta a los primeros siglos del cristianismo, vinculada inseparablemente a la de San Pedro debido a su llegada y martirio en Roma. Tradición unánime sitúa el sepulcro de Pablo en la Basílica de San Pablo Extramuros, donde análisis científicos recientes confirmaron restos óseos del siglo I o II, corroborando la tradición apostólica.3
En los primeros siglos, la Iglesia de Roma celebraba la memoria de ambos apóstoles el 29 de junio, fecha asociada a sus ejecuciones bajo Nerón alrededor del año 67. Documentos antiguos como el Cronógrafo del 354 registran esta conmemoración. Pablo, judío fariseo educado a los pies de Gamaliel, persiguió inicialmente a los cristianos, pero su conversión en Damasco lo convirtió en el principal propagador del Evangelio entre los paganos, fundando comunidades en Asia Menor, Grecia y Roma.1,4
El Año Paulino (2008-2009), indulto por Benedicto XVI, revivió esta solemnidad con peregrinaciones a Tarso, Éfeso, Tierra Santa y Malta, lugares clave de su vida. Inaugurado el 28 de junio de 2008 en San Pablo Extramuros y clausurado el 29 de junio de 2009, subrayó su rol como «doctor gentium» (maestro de los gentiles).5,3,2

