Raíces antiguas en la liturgia romana
La celebración de la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios tiene sus orígenes en la antigua liturgia de la Ciudad de Roma, donde el 1 de enero se conmemoraba ya en los primeros siglos la maternidad divina de María. Esta fecha, octava del Natal del Señor, prolongaba la alegría navideña y exaltaba el papel de la Virgen en el misterio de la salvación. En el siglo VII, se documenta una fiesta dedicada a la Circumcisio Domini y la Maternitas Beatae Mariae Virginis, que fusionaba la imposición del nombre de Jesús con la honra a su Madre.4,5
El título Madre de Dios fue definido dogmáticamente en el Concilio de Éfeso (431), que rechazó el nestorianismo y afirmó la unidad de las dos naturalezas de Cristo en su persona divina. Este dogma selló la devoción popular, que ya desde el siglo III invocaba a María como Theotokos, y provocó una explosión de iglesias marianas, como la Basílica de Santa María la Mayor en Roma.2,3
Reforma litúrgica del siglo XX
Tras la supresión temporal en el siglo XVI, Pablo VI restauró la solemnidad en 1969, en el contexto de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. En la exhortación Marialis Cultus (1974), el Papa destacó su lugar en el tiempo de Navidad, como ocasión para adorar al Príncipe de la Paz y suplicar la paz mundial a través de la Reina de la Paz. Así, el 1 de enero se instituyó también el Día Mundial de la Paz.4
El Misal Romano de Pablo VI la elevó a solemnidad, integrándola en la octava de Navidad y enfatizando su dimensión salvífica: por María, hemos recibido al Autor de la vida.6,7

