Antigüedad y reforma del calendario
Desde los primeros siglos la Iglesia recordaba el bautismo de Jesús como parte de la Epifanía, pero la fecha exacta varió según las costumbres locales. Con el Concilio de Trento y la reforma del Misal de 1570, la fiesta quedó establecida como el domingo posterior a la Epifanía, cerrando así la temporada de Cristo‑niño1.
Restauración reciente (post‑Vaticano II)
Tras el Concilio Vaticano II, la celebración fue rehabilitada y reintegrada al calendario universal como una solemnidad propia, distinta de la simple conmemoración de la Epifanía1. Esta recuperación ha permitido que la Iglesia subraye, en cada año, la importancia del bautismo como renacimiento espiritual de los fieles1.

