Primeras manifestaciones
La devoción al corazón de Jesús tiene sus raíces en la tradición patrística y en la espiritualidad medieval, donde santos como Bonaventura, Alberto el Grande y Catherine de Siena ya reflexionaban sobre el amor divino manifestado en el corazón del Cristo (Haurietis Aquas, 94)1. Sin embargo, la devoción tomó forma pública en el siglo XVII gracias a la labor del sacerdote francés San Juan Eudes, quien instituyó la primera oficina litúrgica en honor al Sagrado Corazón y propuso una fiesta que se celebró por primera vez en 1672 (Haurietis Aquas, 125)2.
Expansión y aprobación papal
El Papa Clemente XIII autorizó la celebración litúrgica del Sagrado Corazón en 1765, sin esperar a la aprobación de las revelaciones privadas de Santa Margarita María Alacoque, lo que muestra la voluntad de la Santa Sede de promover la devoción basada en la Sagrada Escritura y la tradición (Haurietis Aquas, 98)3. En el siglo XIX, el Papa León XIII subrayó la necesidad de consagrarse al Sagrado Corazón como acto de entrega total a Cristo (Annum Sacrum, 8)4. Posteriormente, el Concilio de la Iglesia y los documentos del Dicasterio para el Culto Divino reiteraron la importancia de esta devoción como antídoto contra el rigorismo jansenista y como estímulo a la confianza en la misericordia divina (Directory on Popular Piety and the Liturgy, 170)5.

