La Edad Media
La devoción al corazón de Cristo cobró especial fuerza durante la Edad Media. San Bernardo de Claraval, san Buenaventura, santa Lutgarda, santa Matilde de Magdeburgo, santa Gertrudis de Helfta y santa Catalina de Siena figuran entre las personas que profundizaron en este misterio. En sus escritos y en su vida espiritual, el corazón de Jesús aparecía como lugar de encuentro con Cristo, refugio, sede de misericordia y fuente de su amor.,
Esta tradición medieval preparó un desarrollo posterior: la contemplación afectiva de las heridas de Cristo y de su amor se expresó cada vez más mediante prácticas devocionales y celebraciones litúrgicas propias.
San Juan Eudes y santa Margarita María de Alacoque
En la época moderna, san Juan Eudes promovió el culto litúrgico al corazón de Jesús y contribuyó a dar forma pública a la devoción. Una primera celebración vinculada a su iniciativa ocurrió en Rennes en 1670; otras referencias históricas sitúan en 1672 una celebración solemne aprobada por diversos obispos franceses. Estas fechas reflejan etapas distintas del desarrollo de la celebración.,
Santa Margarita María de Alacoque, religiosa de la Visitación en Paray-le-Monial, tuvo un papel destacado en la difusión de esta devoción. Según la tradición de sus revelaciones, Cristo la llamó a dar a conocer el amor de su corazón y a promover una respuesta de oración y reparación. San Claudio de la Colombière y otros promotores contribuyeron a divulgar la devoción.,
La Iglesia distingue entre el contenido de la fe católica y las revelaciones privadas. Las revelaciones atribuidas a santa Margarita María no añadieron una doctrina nueva; su relevancia espiritual consistió en llamar la atención, particularmente, sobre el misterio del amor misericordioso de Dios en Cristo.
Expansión de la devoción
La devoción se extendió ampliamente en la Iglesia. En la época moderna ofreció a los fieles una expresión de confianza en la misericordia de Cristo, especialmente frente a una visión de la vida cristiana centrada de manera desproporcionada en el rigor de la justicia divina. Entre quienes la promovieron figuran san Francisco de Sales, san Claudio de la Colombière y san Juan Bosco.