La tradición canónica denomina sollicitatio ad turpia-en latín, «solicitación a actos deshonestos»- al intento de un sacerdote de inducir a un penitente a un pecado contra el sexto mandamiento, en relación con la confesión. El sacerdote no tiene que ser el confesor habitual ni contar con facultad para confesar: la descripción del delito se refiere al sacerdote y al vínculo de su conducta con el sacramento.1
La solicitación puede dirigirse a que el penitente peque con el sacerdote, con otra persona o, según el análisis canónico, de otra manera contra ese mandamiento. El delito no requiere que la persona acepte la propuesta ni que llegue a cometer el pecado: basta la incitación comprendida en la definición canónica.1,3


