Orígenes bíblicos
El mandato de solidaridad se encuentra en el Evangelio, donde Jesús afirma: «En cuanto a mí, toda vez que lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, lo hicisteis a mí» (Mt 25, 40)1. Esta llamada a servir al «menor de los hermanos» constituye la raíz bíblica de la solidaridad, que no es mera compasión, sino una acción concreta al servicio del prójimo.
Desarrollo doctrinal
El Concilio Vaticano II y los documentos posteriores describen la solidaridad como «una firme y perseverante determinación de comprometerse al bien común, es decir, al bien de todos y de cada individuo, porque somos todos realmente responsables de todos»2. La Iglesia la entiende como fruto de la comunión cristiana y como expresión del amor que une a la humanidad bajo la imagen de Dios.
