Infancia y formación
Juana Inés de Asbaje nació en la Nueva España en 1651. Desde muy joven destacó por su inteligencia, su inclinación al estudio y su extraordinaria capacidad literaria. Antes de entrar en religión, alcanzó notoriedad por su belleza y por su erudición en la corte virreinal.1
Su formación ocurrió en el ambiente cultural de México, entonces centro político, religioso y educativo de la América española. La tradición intelectual novohispana incluía la enseñanza de la teología, la filosofía, las humanidades clásicas y las ciencias, dentro de instituciones vinculadas a la Iglesia y a la universidad. La cultura católica constituía uno de los fundamentos de la vida intelectual mexicana, ámbito al que también pertenecieron figuras como fray Juan de Zumárraga, fray Alonso de la Vera Cruz y Juan Ruiz de Alarcón.2
La joven Juana mostró una intensa pasión por el conocimiento. Su trayectoria resulta especialmente significativa porque, en la sociedad de su tiempo, las mujeres encontraban muchas más dificultades que los varones para acceder a una educación superior y participar públicamente en la vida intelectual. Su obra literaria defendió en diversas ocasiones la dignidad moral e intelectual de la mujer. Entre sus composiciones más conocidas figuran las redondillas contra quienes censuraban a las mujeres.1
Entrada en la vida religiosa
Juana Inés ingresó en la vida religiosa y adoptó el nombre de sor Juana Inés de la Cruz. El claustro le proporcionó un espacio de estudio, escritura y cultivo de las letras, además de una vida ordenada por la oración y la disciplina religiosa.
Su vocación no significó el abandono de la actividad intelectual. Al contrario, la vida conventual le permitió continuar componiendo poemas, obras teatrales y escritos de carácter religioso. En su producción conviven la reflexión espiritual, la cultura clásica, la teología, la retórica barroca y la observación crítica de la sociedad.
El nombre de sor Juana quedó unido tanto a su condición de religiosa como a su extraordinaria producción literaria. Carlos de Sigüenza y Góngora la presentó como una de las autoras más distinguidas de la lengua española, tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo.1



