La palabra sotana procede del italiano sottana, «prenda inferior», porque originalmente designaba una vestidura llevada bajo otras prendas. En el ámbito eclesiástico también recibe los nombres de vestidura talar, hábito talar o vestis talaris, expresiones relacionadas con su longitud hasta los pies.
La sotana pertenece al vestido eclesiástico, no al conjunto de ornamentos empleados para la celebración de la misa. Esta distinción posee importancia litúrgica y jurídica:
- El hábito clerical identifica públicamente el estado o ministerio de quien lo lleva.
- Los ornamentos litúrgicos expresan la acción sagrada y la función concreta desempeñada en ella.
- La sotana puede utilizarse en la iglesia y durante actos religiosos, pero no transforma por sí misma una acción en litúrgica.
- Cuando un sacerdote celebra la misa, la sotana suele quedar cubierta por el alba y los ornamentos propios de la celebración.
La Iglesia ha distinguido históricamente entre el vestido cotidiano del clero y las vestiduras destinadas al culto. La antigua vestidura talar clerical surgió gradualmente a partir de prendas civiles largas, mientras que los ornamentos litúrgicos adquirieron formas y usos propios dentro de la celebración cristiana.1,2


