La sotana tiene sus orígenes en la vestimenta común de la época romana, una túnica larga que cubría el cuerpo. Con el tiempo, a medida que la moda secular cambió, la Iglesia conservó esta forma de vestir para sus clérigos, lo que gradualmente la diferenció del atuendo laico. En Occidente, la sotana se consolidó como la vestimenta clerical estándar, mientras que en las Iglesias Orientales, las vestiduras litúrgicas también evolucionaron a partir de prendas cotidianas, manteniendo una conexión con la dignidad y el simbolismo sagrado1.
La evolución de las vestimentas litúrgicas, incluida la sotana, refleja la creencia de que al ponerse una vestidura particular para un acto sagrado, el clérigo deja las dimensiones habituales de la vida diaria para entrar en la presencia de Dios en la celebración de los misterios divinos2,3. Este simbolismo se vincula con la enseñanza de San Pablo: «Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo» (Gálatas 3:27)2.

